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TRIBUNA

Bruselas, punto y seguido

Juan José Vijuesca
miércoles 30 de marzo de 2016, 20:00h
Actualizado el: 30 de marzo de 2016, 20:10h

Días después apenas huele a amoniaco y las velas han menguado su llama; sin embargo, las heridas no se curan, y una vez más las muertes quedan en el adiós de la estúpida contemplación por quienes aún creen que la bondad es algo que se pueda exportar más allá de las fronteras del odio y del terror.

El magma que nos acompaña a nosotros mismos es y será la causa de nuestro hundimiento, si no se pone remedio de una vez por todas. Nada apocalíptica resulta esta predicción si sabemos valorar las consecuencias de la barbarie. El terrorismo más cruel y desgarrador sacude a domicilio cuando y donde le viene en gana. Es el patrón de la decadencia y también de la voluntad de quienes se alimentan de la débil sociedad de un Occidente que lo provoca con su histriónica manera de no poner una solución eficaz. Repulsa, dolor, poesía, hermanamientos, silencios, crespones negros, lutos y cientos de cadáveres, y en el mejor de los casos, heridas que no cierran jamás, son los argumentos de una Europa tan envejecida como demagoga. Esta vez ha sido Bruselas, mañana volverá a ser tarde. Ojalá que no.

No nos puede dominar el miedo, eso nunca, ahora bien, quizás debamos comenzar a temer a quienes buscan soluciones y son incapaces de encontrarlas, porque llevamos mucho tiempo con esta sinrazón y porque la vida de los pacíficos se ha vuelto inexplicable; así pues, ¿De qué sirven las alianzas? ¿Para qué tantas reuniones, tantos acuerdos, tantos pactos y tantos besamanos? Este volcán hace tiempo que entró en erupción y escupe lava a diestro y siniestro, está fuera de control porque es la guerra santa y nosotros somos los infieles, por esa razón, y a menos que Occidente y Estados Unidos se muevan en una idéntica dirección, todo esto se va al carajo.

Atrás quedaron las guerras a campo abierto. El cuerpo a cuerpo. La espada de Excalibur o la bayoneta calada, hoy en día y tratándose del odio efervescente del islamismo radical, uno muere al resguardo de nuestros compungidos representantes que se flagelan entre sí cuando se hace el recuento de los caídos en cualquier tranquilo rincón de nuestra libertad. Los terroristas están ahí, porque nacen entre nosotros, cohabitan entre nosotros, y crecen entre nosotros. Nadie tiene la culpa por ello, salvo la logia del terror y el odio que desarrollan hacia nosotros. Es el terrorismo que no entiende de razones, es el otro lado de lo invisible que nada tiene que ver con nuestros congéneres los musulmanes de bien, tan respetables como cualquiera que se precie.

Y aquí estamos de nuevo, dolidos, abatidos y agrietados en la moral por culpa de los mismos, mientras hay quienes juegan al doblez de los discursos rebuscando entre los escombros indicios que puedan justificar lo injustificable. Pues no señores, aquí lo que hay es una guerra con fuego real que no atiende a locución alguna; por eso, a los que se atrincheran en la demagogia más hueca, haciendo valer que hoy estamos recibiendo lo que antes habíamos sembrado, solo cabe recordarles que lo único que podemos hacer es imputar de inmediato a Don Pelayo por “sembrar”, allá por los años 700, el principio de la Reconquista y librarnos del dominio agareno; por no hablar de los Reyes Católicos con su conquista de Granada. Creo que para mayor abundamiento sería bueno recordar a unos cuantos lo que escribió el barón Holbach en el siglo XVIII: “Cuando los hombres creen no temer más que a su dios, no se detienen en general ante nada”

El Papa Francisco ha arremetido contra los fabricantes y traficantes de armas. Razones no le faltan, pues esta aseveración trae causa de mucho del problema existente, porque hoy en día, lo que subyace, es la presunción de elementos que al mismo tiempo que mercadean con el negocio de la guerra también son capaces de vestirse de funeral. “Detrás de Judas estaban quienes le habían dado el dinero para que Jesús fuera entregado” Añadió el Pontífice.

En fin, prudencia, mucha prudencia porque la tan ansiada democracia no puede ser objeto de subasta ni moneda de cambio. En las flaquezas es cuando la ortodoxia política debe dar la talla impidiendo con ello que otros saquen rédito de venganza sin más. Siempre un “No a la guerra” rotundo, sea la que sea, ahora bien, los que defendemos y creemos en la libre circulación del respeto y la concordia estamos en la cuerda floja o bajo las bombas de amoniaco y pólvora. Que alguien me lo explique.

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