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TRIBUNA

La ronda de la desesperanza

miércoles 27 de abril de 2016, 19:41h

Al no haber mediado acuerdo entre los partidos políticos, finalmente, los españoles iremos a nuevas elecciones el próximo 26 de junio. Felipe VI acaba de terminar la última ronda de consultas con los partidos con mayor representación en el Congreso y, como era previsible, no ha conseguido proponer un candidato a la investidura. De ahí que ayer difundiera un comunicado oficial en el que informaba de esta decisión además de dar traslado de este hecho al presidente del Congreso, Patxi López, conforme exige el art. 99 de la Constitución.

Los españoles deberían reflexionar seriamente sobre su decisión en los nuevos comicios, a la vista de los movimientos de los partidos durante estos cuatro meses que si bien no han ayudado a formar gobierno sí que al menos han conseguido clarificar las posiciones que desde luego no estaban tan definidas ni eran tan nítidas como ahora.

Es importante además que los ciudadanos recapaciten sobre quién ha defendido durante las negociaciones entre los distintos partidos políticos verdaderamente los intereses de la mayoría de los españoles y no simplemente los de su partido político particular. No es indiferente que haya habido partidos que han apostado con firmeza por la unidad de España, sin dejarse vencer por el deseo de poder a cualquier precio.

Es más, aunque no es lo ideal enfrentarse a unos nuevos comicios, con la crisis no sólo económica sino institucional que atraviesa nuestro país, creo que hubiera sido todavía peor haber caído en las redes de una coalición que dividiera a España y a los españoles.

Desde las elecciones celebradas el 20 de diciembre lo que resulta un aliciente es que el tiempo no ha pasado en balde y si somos ciudadanos comprometidos y responsables con el destino de nuestro país sabremos reconocer que hay candidatos y partidos políticos que nos han fallado al desnaturalizarse y contaminarse por el afán de conseguir el apoyo del Congreso de los Diputados y tratar de pasar a las historia como los redentores de la undécima legislatura. Las alianzas cruzadas, las disidencias internas, los riesgos de deslegitimación por corrupción y blanqueo de capitales en determinados partidos políticos han provocado necesariamente que el electorado haga autocrítica, juzgando si el voto se lo concedió en diciembre a un partido político que verdaderamente no se lo merecía.

Es incuestionable que el PP, PSOE y Podemos no han conseguido impedir que se volviera a convocar elecciones pero lo que sí han logrado, sin darse del todo cuenta, es presentar ante los españoles un programa traducido en hechos, declaraciones, gestos, etc. que se desgranan a lo largo de estos últimos cuatro meses. Hay partidos que han jugado a arrinconar al adversario para minarlo, hay otros que han optado por presentarse como el partido bisagra capaz de alinearse con cualquiera con tal de sacar tajada del acuerdo conseguido. No hace falta dar nombres. La repetición de las elecciones debería obligar al electorado a salir del inmovilismo para concienciarse de que asume un papel absolutamente decisivo en el engranaje del futuro político de España gracias a su voto responsable.

No deja de resultar curioso que los partidos políticos principales se vanaglorien de ir a nuevas elecciones, pasando por alto el alto coste económico que ello generará por mucho que se moderen los gastos de campaña electoral. Naturalmente se puede considerar el regreso a las urnas como el mal menor si se piensa en los peligros que nos han acechado durante estos meses de incertidumbre y desconcierto político ante un intercambio permanente de reproches y, lo que es peor, hasta de insultos. Pero, desde luego, mejor hubiera sido un acuerdo entre partidos políticos razonables que ponen como primera meta no la de derrocar al adversario político sino los intereses generales de España, superando grandes males y lacras sociales como el del paro que, por desgracia, sufren tantos ciudadanos españoles coartando sus esperanzas a corto plazo.

Me resulta complicado imaginar coaliciones entre partidos que se presentan como incompatibles entre sí, que postulan posiciones encontradas irreconciliables, que prefieren traicionar sus ideales antes que dejar que otros ocupen la hegemonía política. Si lo pensamos dos veces, el panorama de cara a las nuevas elecciones no se presenta del todo tan incierto. Resulta fácil vislumbrar las alianzas más que declaradas de Podemos con Izquierda Unida y del PSOE con Ciudadanos cristalizado ya en el denominado Acuerdo para un Gobierno reformista y de Progreso. Esto no es irrelevante porque el ciudadano no puede pasar por alto que cuando otorga su voto a uno de estos partidos políticos está votando simultáneamente a su aliado político. Ya lo dijo Maquiavelo cuando escribió El Príncipe en 1513. Hay tres clases de intelecto: el primero discierne por sí; el segundo entiende lo que los otros disciernen; y el tercero no discierne ni entiende lo que los otros disciernen. El primero es excelente, el segundo bueno y el tercero inútil. Confiemos en que el ciudadano de cara a las nuevas elecciones apueste por la excelencia y no se conforme con las simples bondades.

Cristina Hermida

Catedrática de Filosofía del Derecho

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