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TRIBUNA

¡Ortega en el Parlamento!

miércoles 27 de abril de 2016, 19:43h

Imagínense que resucitase Ortega y quisiera presentar una de sus obras en la sala más modesta del Congreso de los Diputados. Por imaginar, queridos amigos, que no quede. Imagínense a Rajoy discutiendo con Ortega las tesis de su España invertebrada a la hora del partido del Real Madrid con el Manchester City. Ya sé, ya sé, que eso es casi imposible, pero échenle valor y traten de formular una frase atrevida del presidente del Gobierno de España en funciones para rebatir al filósofo. Quizá le diría:” España, don José, sigue siendo España, tranquilo. Vámonos a ver el partido de la Champions League, mientras nos tomamos unas cervecitas.” Estoy convencido de que Ortega le contestaría con educación; y, después de regalarle una edición escolar de la Rebelión de las masas, dedicada a los hijos de Rajoy, le habría respondido: Gracias, señor Rajoy, prefiero la fiesta de los toros para olvidarme de usted y de los dos años de mi vida que pasé entre analfabetos. Y perdone, señor Rajoy, lo de analfabeto no es por usted, sino por sus antepasados políticos en la casa de la Carrera de San Jerónimo; pues que “la política española se apoderó de mí a principio de los años treinta del siglo pasado, y tuve que dedicarme más de dos años de mi vida al analfabetismo. (La política es analfabetismo)”.

Imagínense ahora a Pablo Iglesias, el tercer líder del ya casi extinto Parlamento español, discutiendo con Ortega y Gasset sobre la idea del “hombre español” en su obra Una interpretación de la historia universal. ¿Cómo recoger en una frase todo lo que piensa el señor Iglesias sobre el homo hispanicus? Es un asunto complicado. Difícil. Aquí la imaginación ya no vale, porque el señor Iglesias, sabe bien, seguramente, qué es un numantino o uno de Zamora; y, por supuesto, podría hacer un tratado sobre qué es un catalán, un vasco, un gallego e, incluso, sobre un valenciano, pero sobre un español dudo de que pudiera decirle algo a Ortega. Quizá consiguiera balbucear: “el español no ha existido nunca, es un invento del frente patriótico contra el frente cívico de Podemos”. Creo que Ortega le respondería con un poco de historia de España y, finalmente, concluiría: “El español nunca ha sido cobarde ante el vivir mismo. De aquí la famosa falta de necesidades del español que ya señalaba Aníbal y después los romanos y que se ha repetido tanto, pero que no se había explicado. San Francisco de Asís decía: ´yo necesito poco, y ese poco lo necesito muy poco.` Esto puede generalizarse y decirse del modo de ser hombre el español. El español no tiene última y efectivamente necesidades porque para vivir, para aceptar la vida y tener ante ella una actitud positiva no necesita de nada. De tal modo el español no necesita de nada para vivir, que ni siquiera necesita vivir, no tiene últimamente gran empeño en vivir y esto precisamente le coloca en plena libertad ante la vida, esto le permite señorear sobre la vida.”

Es bella y quizá exacta la cita de Ortega para ironizar sobre nuestros políticos. Pero despierten, queridos lectores, o sigan imaginando, si lo prefieren, diálogos entre Ortega y nuestros políticos en el Parlamento español, porque esas discusiones jamás sucederán en la realidad. Quienes dominan la Mesa del Congreso de los Diputados, los del PSOE y Ciudadanos, tampoco hablarán con Ortega. Se niegan. Sí, sí, diálogos entre Ortega, o cualquier escritor vivo, y los parlamentarios no tendrán jamás lugar en el Parlamento español, pero no porque ustedes no crean en la resurrección de Ortega, sino porque la Mesa del Congreso de los Diputados, esa que dominan los del PSOE y Ciudadanos, lo prohibiría. Mejor dicho, están prohibidas todas las presentaciones de libros en la Casa de todos los españoles, salvo si el libro está escrito por un diputado o exdiputado de las Cortes. Créanlo. Si Ortega y Gasset resucitase, no le dejarían presentar en una sala modesta del Congreso de los Diputados su Meditaciones del Quijote. Al hombre que nos enseñó a defender la idea del Estado dentro una Nación, España, que daba entidad a Europa, no se le dejaría, como lo leen, hablar en una modesta sala que pagamos todos los españoles. Jamás veríamos, por mucha imaginación que tengamos, discutir a Ortega o a cualquier otro escritor con nuestros políticos. Aquí y ahora, en el siglo XXI, está prohibido por la Mesa del Congreso de los Diputados presentar en la Casa de todos los españoles cualquier libro de un autor, aunque fuera Ortega y Gasset, excepto si es parlamentario o exparlamentario. El colmo es la excepción. Es de traca valenciana. Ridículo.

En el Congreso de los Diputados, en la institución de todos los españoles, solo se presentan libros de diputados o exdiputados. ¡Con un par! Y no se les cae la cara de vergüenza, cuando eso lo disfrazan con “justificaciones comerciales”. ¿Qué decir ante este atentado a la racionalidad pública?, ¿qué decir ante esta falta de prudencia política de estos osados diputados?, ¿qué decirle a quien embiste cuando habla? A la mierda, botarates, los mandaría Quevedo, pero yo sonrió filosóficamente y les digo por lo bajito: ¡Cobardes! No conseguiréis arruinar lo que caracteriza al hombre libre: vivir sin miedo. Analfabetos. Es poco llamarles. Son secuestradores de la voluntad democrática. Majaderos.

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