¿Qué pasaría en otro sitio y en otra sociedad?
miércoles 11 de junio de 2008, 22:50h
La muerte en condiciones detestables de un muchacho que actuaba de piquete en Granada mientras intentaba impedir que sus compañeros apoyaran la manifestación promovido por el precio del gasoil en toda Europa deberían constituir un escándalo indescriptible en un paísdel ámbito europeo donde funcionen serios principios jurídicos, sindicales y morales. Pero estos principios no tienen en España al parecer pase y giro.
España es un caso insólito de una legislación mal adecuada, pésimamente descrita y prácticamente imposible e aplicar cuando el conflicto social se ensombrece.
Hay una normativa más o menos ambigua que le sirve a los gobiernos para salir adelante o hacer con su capa un sayo mientras la gente sale a la calle, protesta y se enfurece. Tal ambigüedad afectó lo mismo a Felipe González que al propio José María Aznar cuando los sindicatos monopolíticos paralizaron o intentaron paralizar al país aunque no siempre con gran éxito.
Pero olvidémonos de España y de nuestra realidad. ¿Qué hubiera sucedido si el muerto del martes pasado hubiera sido un metalúrgico alemán o un minero británico? ¿Cómo reaccionarían los gobiernos socialdemócratas nórdicos? ¿O qué diría el Departamento de Trabajo norteamericano?
Sinceramente es muy fuerte a estas alturas de la cuestión para cualquier democracia europea despertarse con que un trabajador es atropellado por uno de sus compañeros cuando intenta parar el golpe de un autobús.
Es obvio que en todos estos países citados la huelga ya convocada se acabaría en unas horas. España se limitará a prometer represalias y castigos para finalmente y en el último momento alcanzar un acuerdo que no resolverá el problema en sí mismo ni convencerá a quienes de un modo u otro dependen de los transportes para trampear y salir adelante.
Todo indica que una vez terminado el acto de contrición y buscados los directores responsables, las cosas seguirán como estaban: los combustibles siguieran siendo la gran tajada tributaria de los gobiernos y la gran mina de unos otros que en estos últimos meses se han forrado gracias precisamente a la especulación generalizada de la energía.
El drama que deriva de la muerte de un piquete en Granada tiene una calidad moral tan detestable y presenta una imagen tan odiosa que lo que haga el Gobierno socialista español, todo el mundo sabe que no servirá para nada. Ni Zapatero ni Ángela Merkel ni Sarkozy ni la Reina de Inglaterra pueden resolver el problema de la especulación energética por la que se lucran espléndidamente países, corporaciones, bancos e incluso sindicatos chupan del bote.
Hacía tiempo que ningún trabajador español moría en una brutal acción como la de Granada y que por parte de la opinión pública la reacción era tan pasional.
Hay muchos que temen sin embargo que olvidado el eco de esta tragedia todo seguirá igual y los usos y costumbres salvajes que siguen funcionando en las huelgas generales, parciales o salvajes de nuestro mundo laboral, sobrevivan a todas las reglamentaciones y legislaciones en caso de que éstas existan y quieran aplicarse.
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Periodista
ALBERTO MÍGUEZ es periodista
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