“Aquí la realidad es demasiado fuerte para sentirse protagonista… Yo desaparezco… Mi única misión es espiar la realidad para narrarla, tal vez por eso vivo oficialmente descartada”. Lo dice Cleo, la protagonista de esta última obra de Wendy Guerra, pero bien podrían ser las palabras de la propia autora que, a pesar de ser reconocida internacionalmente y traducida a quince idiomas, sigue siendo ignorada y prohibida en su país natal.
Es allí, en su querida y enigmática Cuba, donde Guerra desarrolla la acción de Domingo de Revolución. Donde demuestra en apenas algo más de 200 páginas que la edad no es imprescindible para ser testigo y narrador de toda una época, que la isla aislada está cambiando y que, como dijo en su día Francisco Umbral, escribir en ocasiones es más peligroso que hacer pornografía. A través de las palabras y pensamientos de Cleo podemos sentir el miedo a vivir continuamente bajo sospecha, bajo la custodia de disidentes y exiliados, bajo la mirada de una Cuba que aún desconfía hasta de ella misma.
Es en la desconfianza y el amor por su tierra donde reside el argumento de la novela, que comenzó siendo un cuento y terminó en una crónica contemporánea y autoficcionada de la realidad del país caribeño. Dedicada a su querido Gabo (Gabriel García Márquez), del que fuera alumna en el taller de guiones “Cómo contar un cuento”, la novela de la joven cubana guarda entre sus tapas poesía en verso y altas dosis de sofisticación y elegancia. La música, el mar, los sabores, los olores y los sentimientos de Cuba aderezan la controvertida política cotidiana y los problemas sociales a los que trata de acostumbrarse la protagonista. La forma de narrar esta historia de una escritora rodeada por el odio, la envidia y el miedo de los que la creen espía de la CIA o simplemente consideran una traidora es inmaculada.
Lo cierto es que el trabajo de esta joven de 1970 ha logrado ya el reconocimiento de varios premios internacionales y en diferentes países, como el Premio Bruguerade 2006 por Todos se van (Bruguera. Reedición en Ediciones B y Anagrama), su primera novela, el Premio Carbet des Lycées de 2009 o su primer premio con 17 años en el concurso nacional de poesía 13 de Marzo de la Universidad de La Habana. Actriz desde pequeña, guionista de carrera, poeta en el alma y escritora de su propia realidad. Guerra nos invita con esta obra editada por Anagrama a descubrir los nuevos cambios políticos de su país a través de las filtraciones en la trama, de los desengaños con amigos y familiares de Cleo, de la falta de amor de una joven que comienza a fijarse en sus propios vigilantes y de los cubanos que viven espiando y siendo espiados.
“Debe ser molesto convivir con un sujeto literario que lo narra todo, y al que, además, le pagan o le premian por eso. No hay persona o país, no hay cuerpo o sociedad que conserve su intimidad conviviendo conmigo. Leerse, leerme, desvestirse en una versión crítica del argumento debe resultar insoportable”.