La democracia es el régimen político más imperfecto. Es caro, como evidencia el costo de estas nuevas elecciones; es impredecible, como ocurre al día de hoy; y no siempre sirve para elegir al gobierno más competente y justo. Pero es el único régimen que posee legitimidad, en otras palabras, es un régimen cuyo gobierno no inspira temor a los gobernados.
¿Por qué es el único que no atemoriza? Porque el gobierno está sometido a las leyes, y las leyes se basan en el Derecho de los ciudadanos. Ese es el milagro de la legitimidad democrática. Lo que sé de las conversaciones del ministro del Interior con un magistrado, comisionado por el Parlamento catalán, es tan serio que me inhibe de hacer comentarios. No es que sea más grave grabar clandestinamente al ministro en su despacho, que conocer el contenido increíble de su conversación. Ambas cosas son terribles en una democracia, cuyos ministros no deben dar miedo, y sus ministros no pueden ser chantajeados.
Para calibrar la importancia del Estado de Derecho, voy a resumir unas noticias de Guinea Ecuatorial, como ejemplo de lo que no es una democracia. En Guinea Ecuatorial hay Constitución (reformada hace poco), hay elecciones (Obiang ha sido reelegido con el 93,7% de los sufragios), hay partidos políticos legales (en el parlamento hay una docena de partidos, aunque sólo el CPDS hace oposición con su único diputado y su único senador), amén de otras instituciones constitucionales. Pero no hay seguridad jurídica, las leyes son utilizadas de cualquier manera, sea por el gobierno, los jueces o los poderosos y ricos.
Hace unos días ocurrió un hecho, un abuso indignante, que recuerda bastante al que ocurrió en Túnez el 17 de diciembre de 2011, cuando Mohamed Buazzi, un joven vendedor de naranjas, se prendió fuego encima de su tenderete, para así protestar desesperadamente contra la falta de derechos. Ese gesto de Mohamed Buazzi, que le costaría la vida, desencadenó la llamada, entonces, primavera árabe (en Túnez ahora existe un tembloroso Estado de Derecho, gracias al martirio de Buazzi).
Diosdado Alo Mba, de 57 años, tenía en Kogo, parte continental de Guinea Ecuatorial, un puesto de venta en su mercado, que oficialmente se llama “¡Gracias Obiang Nguema Mbasogo! Diosdado Alo Mba era afiliado al partido de Obiang Nguema Mbasogo. Hace poco, se dio de baja, y se afilió a otro partido de la oposición. Fue la manera de expresar su descontento con una situación económica y social muy mala, dada la nefasta política económica de Obiang, que ha hipotecado por muchos años el petróleo y el gas, debido el gigantesco nivel de robo y corrupción de su gobierno.
El alcalde de Kogo, y también presidente de las estructuras partidarias de Obiang, le remitió un oficio a Diosdado Alo Mba, exigiéndole que presentase los títulos de propiedad del puesto de venta que tenía en el mercado. El registro de la propiedad en Guinea Ecuatorial no ofrece garantía alguna. En Bata, hace unos años (que eran aún de relativa prosperidad y normalidad), una señora me dijo que no registraba la propiedad de su casa, por miedo a que por eso se la quitasen (el hermano de la señora era un opositor al régimen).
Así que Diosdado Alo Mba se puede quedar sin puesto de venta, sufrir muchas arbitrariedades, e incluso acabar en la cárcel. Los dirigentes y militantes del CPDS, que saben de esos abusos y vejaciones, han pedido que se sepa en todas partes el caso de Diosdado Alo Mba, un ejemplo de alguien que no está dispuesto a vivir sin derechos, y por tanto, sin dignidad.
El envés de ese acto de valentía cívica, es la acusación contra el hijo de Obiang, Teodorín Nguema Obiang Mangué (1969), por nauseabundos delitos de corrupción, que se ha presentado en Francia, por parte de un fiscal, Jean Yves Lourguilloux. A Teodorín se le imputa haber desviado fondos públicos, blanqueo de capitales y prevaricación, por un importe de 110 millones de euros. Como declaró uno de los testigos de la instrucción, Teodorín se había gastado ese dinero “en putas, alcohol y drogas”. La lista de bienes así adquiridos -mansiones, cientos de automóviles de lujo, hoteles suntuosos, joyas, vinos, etc, (como los corruptos nacionales, ni un solo libro)-, son parecidos a los que la justicia norteamericana se incautó por los mismos delitos, en Malibú, hace unos años.
Cuando comenzó la imputación por parte de las justicias norteamericana y francesa, su padre, el presidente Obiang, para protegerle, lo nombró Vicepresidente 2º de la República. Ese cargo no existía en la recientemente reformada Constitución de Guinea Ecuatorial, y el nombramiento ilegal fue interpretado como que el hijo estaba llamado a suceder al padre. Esa opinión, que enteramente no es la mía, no cayó en la cuenta que así Obiang protegía a Teodorín con la inmunidad de un semi-jefe del Estado. Ahora, al conocerse la imputación en Francia, Teodorín ha sido nombrado Vicepresidente 1º, cargo plenamente constitucional, con lo que su protección tiene el respaldo de la legalidad de un Estado reconocido. (Obiang y su hijo Teodorín pueden acabar enfrentados, pero ese tema requiere otro artículo).
Pero todos estos acontecimientos, que se producen en medio de la decadencia física y moral de Obiang, con su Estado casi en quiebra, anuncian el fin de su régimen. España tendría que estar atenta a la suerte de Guinea Ecuatorial. Como le dije a Milan Tang, el cesado Vicepresidente 1º de Guinea Ecuatorial, cuando fue embajador en Madrid, el sucesor de Teodoro Obiang no puede ser otro que el pueblo de Guinea Ecuatorial. España debería procurar que se instaurase un verdadero y necesario Estado de Derecho.