Curioso resultado el de este 26J. Ninguno de los cuatro principales partidos ha obtenido el resultado que esperaba. Tres para peor y uno, el que sustenta un Gobierno en funciones, para sorpresa, mejor. Todos tienen algo en común: se fiaron de las encuestas.
Esta circunstancia lleva a las formaciones a encontrarse en los debates internos al respecto de qué es lo que falló. En el PP no le van a dar demasiada importancia. Siempre es más fácil gestionar el error de cálculo cuando ha sido por exceso. Seguro que no va a poner ninguna pega a negociar sobre 137 escaños, mejor que con 121 o los 117 que vaticinaba algún estudio.
Más complicado lo tienen en frente. Cinco escaños menos no ayudan a un Pedro Sánchez más preocupado por sobrevivir dentro de su partido. El PSOE es un avispero desde hace meses en el que no es fácil trabajar. En el momento que su secretario general dice algo no faltan voces discordantes que proponen lo contrario. Difícil tesitura para negociar. Ahora la duda que se presentan es si, en clave de negociación con el PP, están dispuestos a seguir dando el “no” por respuesta o, como dicen desde otro sector, hay que facilitar el Gobierno de Rajoy, pasar a la oposición y aprovechar para refundar el partido. ¡Ojo, qué alguna “lideresa” estaría dispuesta a dirigir esta refundación!
Tampoco parece que tengan las ideas muy claras en Ciudadanos. Y si las tienen no lo demuestran. Albert Rivera se ha pasado seis meses diciendo a un partido cómo tiene que organizarse a nivel interno y tratando de mandar a su casa al ganador de las tres últimas elecciones. Este jueves ya se oía alguna voz en la formación naranja que apuntaba que primero hay que hablar de contenidos y después ya se verá si se veta o no a Rajoy. Más tarde, otro miembro relevante salía para explicar que eso no significaba aceptar al presidente en funciones. Muchos matices y puntualizaciones en un partido que ha perdido mucho peso en una negociación que quiere dirigir.
Pero a los que peor ha sentado el resultado de las elecciones son a los emergentes de Podemos. La coalición con IU no parece haber dado los resultados esperados y ahora se buscan culpables. Por hablar se ha hablado hasta de “pucherazo”. Puede ser fallo del director de campaña o fallo del líder máximo por insistir en una confluencia con Izquierda Unida que no gustó a los sometidos y cuya falta de predisposición por parte de éstos se baraja como uno de los motivos del estancamiento de Podemos.
También ha podido no gustar nada el espectáculo dado en el Congreso estos últimos seis meses. Mucho insulto y mucho protagonismo para nada. No tenía sentido recuperar los GAL para pedir al día siguiente la vicepresidencia del Gobierno al que tiene “las manos manchadas”. Tampoco puede que hayan gustado las purgas internas cuando alguno o algunos no eran demasiado afines a las tesis de, por decir uno, Pablo Iglesias. Que otro Pablo, Echenique, hable de “extirpar malas hierbas” en caso de confrontación es algo que no gusta, que chirría, al oído del que, en su candidez, piensa en la base primigenia y pura del 15M, en el que las ideas estaban por encima de las ambiciones políticas.
Pudo ser el vínculo con Venezuela o el aviso que dieron los mercados con el Brexit. Pero no se puede descartar que fuera fallo de las encuestas, que encumbraron de manera ficticia a un partido muy amigo de fiarse de lo demoscópico. Tiene toda la lógica, ¿qué mejor manera de averiguar por qué fallaron las encuestas que haciendo una encuesta?
Lo ideal sería disponer de un Gobierno sustentado por una gran coalición PP-PSOE, pero no parecen muy dispuestos los socialistas, que tienen muchas espinitas clavadas. Más fácil parece un Gobierno del PP y pactos puntuales con Ciudadanos, PNV y Coalición Canaria. Veremos al final si los líderes políticos anteponen su estatus o dan prioridad al bien de España. Desde luego, qué no me hagan una encuesta para saberlo.