Amar el teatro es rupturista, porque es como pertenecer de alguna manera a la gente de la farándula. Nuestro vínculo con el teatro se remonta a nuestro querido Germán Vega, profesor de profesores de las tablas del Siglo de Oro, que nos apuntaba con su generosidad habitual a todos los congresos y jornadas teatreras que caían en sus manos cuando llevábamos pantalón corto en Valladolid. Y allí que nos fuimos a Almagro y a Almería… Y a donde fuese, porque era una adhesión a su magisterio y a la filología misma, que es una lucha contra el fondo gris de la política y la idiocia colectiva, representada en el politainment televisual y en la condena mayoritaria de los libros –véase el último barómetro de lectura libresca del CIS, que es para echarse a temblar–.
Ayer falleció la barcelonesa Emma Cohen a los 69 años, la actriz y escritora, la mujer rebelde del aún más subversivo Fernando Fernán-Gómez, que lo fueron (inseparables) a lo largo de 37 años; y a Emma la devora un cáncer cuando estaba a punto de reestrenar en el cine Bruja, más que bruja(1976), dirigida e interpretada por su marido; en medio de la escritura de su próxima novela. Y nosotros en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, acordándonos de esta grandísima intérprete que también estuvo por aquí, en el Corral de Comedias.
En medio del luto por una dama de la escena como la Cohen, los profesores Felipe Pedraza y Rafael González Cañal han preparado para las XXXIX Jornadas un menú exquisito dedicado a “El teatro en tiempos de Isabel y Juana”, aún reciente el estreno en el Teatro de la Abadía y aquí, en Almagro, con una insuperable Concha Velasco –Premio Corral de Comedias de este año– dando vida en Reina Juana de Ernesto Caballero a la monarca de Castilla, apodada “la Loca”, encerrada en la torre de Tordesillas mientras llora la muerte de Felipe el Hermoso y se deshace en reproches con su padre, Fernando el Católico, y su hijo, Carlos V.
Hay un aire carmesí en Almagro que le da la piedra y que resucita a todos los que disfrutamos con sus tardes y noches estivales, porque las mañanas, después de tanta fiesta, cuestan. Arrancaron las jornadas con una batería de magníficas conferencias sobre las más destacadas representaciones de La Celestina –María Bastianes–, los “modos” musicales de Juan del Encina –Juan José Pastor– y la relación entre la corte y los libros de caballerías –Alberto del Río–. “La elección de un ‘modo’ se corresponde con un sentimiento”, dijo Pastor hablando de la especulación musical y de cómo el maestro Del Encina era capaz de escribir las notas en la partitura afinando sobre la tristeza, la piedad o el lloro. “Congoja más que cruel”, “Una sañosa porfía”, “Nuevas te traigo, Carillo”, “No tienen vado mis males”… Nos propone el investigador hacer un viaje delicioso del Renacimiento a Enrique Morente y Amancio Prada: Canciones de amor y celda. El músico pensaba la música y el cantor cantaba. Bastianes enumeró la nómina de enamorados de la remendadora de virgos creada por Fernando de Rojas: Stephen Gilman, Américo Castro, José Antonio Maravall, Juan Goytisolo y las correspondientes puestas en escena de Ángel Facio, Robert Lepage y la más reciente de José Luis Gómez.
Los almagreños se congregan en la plaza Mayor mientras los foráneos pasean por sus soportales, visitando las bellezas dramáticas que el Festival ha preparado. Las tiendas huelen a cuero, a cesto, a vinagre, a escabeche… a trabajo abandonado antes de almorzar para retomarlo por la tarde. Por sus calles vimos a Sara Montiel hace dieciocho años paseando a su perrito, cuando pertenecía a la high-life; ahora Saritísima nos contempla a todos, high-high. Después de las conferencias nos vamos a cenar por ahí y a bailar, cuando comienza a hacer fresco y emergen las actrices picassianas pintadas con el rojo, el verde y el azul del bar de copas.
En uno de los teatrillos nos sale al paso Don Giovanni y Pulchinela, un Don Juan en títeres dell’Arte sobre textos de Tirso de Molina, Andrea Perrucci y Antonio Passanti. No hemos visto a ningún político pasearse por las preciosas calles enjalbegadas del pueblo: será que a los candidatos la cultura no les interesa. Vendrán toda la semana y a paso quedo desde el otro mundo Calderón y Shakespeare, Cervantes y Gil Vicente. El Festival de Almagro es el bálsamo de julio, el aire libre y seguro de la literatura; el ágora inteligente de los profes, los artistas, los periodistas y los alumnos; el lugar de la Mancha donde uno puede reconocerse y reencontrarse con amigos y antiguos amores: “estás igual, eres un sinvergüenza”. Hemos guardado a Mariano y a Pedro en el cajón de la cómoda, en este apartamento de la calle Madre de Dios.
Un beodo baila en un callejón frente al Palacio de Valparaíso. El mito de Don Juan y sus convidados de piedra también cometían tropelías en Nápoles, como el canovaccio de A. Passanti: somos periodistas polichinelas y le damos forma a los acontecimientos, con sus pícaros inocentes y sus máscaras transparentes, sus lazzi y equívocos, en estos patios de cuatrocientos años de cultura y piedra. Pues eso, galantería española y commedia dell’arte: que vivan las tablas, Emma, que ya estás en los cielos.
@DavidFelipe1975