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TRIBUNA

Falta de comunicación política

jueves 28 de julio de 2016, 20:09h

Llevamos ocho meses ahondando en nuestro innato escepticismo político, cuya única excepción se produjo en la ejemplar transición que culminó en la aprobación de la Constitución. A partir de entonces, y salvo contados intervalos dulces, no hemos dejado de darnos patadas en la espinilla. Los esfuerzos se han decantado en desunir, destejer, enfrentar, separar, crispar, desoír, deslegitimar y tantos y tantos verbos que expresan nuestra especialidad en hacer todo lo posible por deshacer el camino que ha llevado a España a vivir la etapa más larga de bienestar y prosperidad, de nivel de formación, de protección social, y, por supuesto, de libertad (por más que algunos imberbes e ignorantes espadachines del populismo y del independentismo delirante la aplasten o la ninguneen).

Hace unos días compartí una apasionante conversación con un psicólogo, esta vez uruguayo y no argentino, especializado en relaciones personales. La palabra mágica para él es “comunicación”, o mejor dicho, la falta de comunicación como fuente y explicación de todos los problemas entre las personas en las relaciones de trabajo, de amistad o de pareja. Le intenté explicar que es exactamente lo mismo lo que se produce en la política.

Los actores personales de política, los políticos, o colectivos, los partidos políticos, hablan para el cuello de sus camisas o para sus incondicionales, pero no lo hacen para el otro o los otros. Cada uno suelta (larga) su discurso, repetido hasta la extenuación por los diferentes voceros que salen en cascada a reiterar la misma chuleta. Pero no existe interacción, diálogo. No se escucha porque no hay interés alguno en ello sino en mantella y no enmendalla.

En cuanto se plante una propuesta ya tenemos el no del rival. Y en el no se mantiene incondicional, inamovible. Da la impresión que la apertura de miras o de posibilidades para el encuentro y la negociación es hacer de más al otro, darle aires, o, en otro sentido, es no saber oposición que no puede ser sino radical y recalcitrante.

La política así entendida, que es como aquí se entiende, deja de ser el arte de lo posible para serlo de lo imposible cuando las cuentas no cuadran. Tantos lamentos por los excesos de las mayorías absolutas y cuando el escenario es la fragmentación siguen dándose la espalda y con superlativa sordera.

¡Qué hartura!

Enrique Arnaldo

Catedrático y Abogado

ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial

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