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TRIBUNA

Yo soy Rita y mis circunstancias

jueves 22 de septiembre de 2016, 21:02h

Despiezando la famosa frase de Ortega, digamos por decir que Yo soy Rita y mis circunstancias. La realidad radical de la que hoy es sólo senadora porque es la última catequesis que le queda para evitar la justicia ordinaria se azumbra y se monstrifica en catedral en el caso de Rita Barberá. Las circunstancias varean a la manera de un catión el yo de una Rita cada vez más pelirroja de peluquería. El Tribunal Supremo ha situado a la que fue alcaldesa de las mascletás al borde de la imputación. La Sala de lo Penal ve razones suficientes como para investigar a esta señora que se asoma por las cortinas por el presunto blanqueo cometido por el Partido Popular en el Ayuntamiento de Valencia, donde casi todas sus hordas están ya siendo investigadas. El instructor de la causa será el exfiscal general del Estado Cándido Conde-Pumpido. Rita, a la que le falta “Gilda” para ser Hayworth, aunque ésta mole más y use los guantes para arrojarlos al espectador, y no como nuestra Rita la Cantaora, que el único guante que lleva está lleno de dos billetes de 500, va a declarar ante el “caso Taula”. Yo veo a Rita como una pintura de Kandinsky, esto es, una abstracción llena de colorines cuyas formas y pinceladas han superado ya el aforamiento. Rita, por lo menos desde que estoy escribiendo esta gacetilla, no quiere dimitir, pues las golondrinas vuelven siempre que Gustavo Adolfo Bécquer es recitado por Mari Carmen García-Fuster, la gran catavinos audible en este caso.

Ya lleva la fiscalía medio centenar de imputados en una pieza separada del “remake Taula”. Ha sido Anticorrupción la que ve delito y detritus en la intervención de la senadora imperial por pasar por el lavavajillas los billetazos de 500 maravedíes. Dos a dos, como un mano a mano entre Joselito y Belmonte. El juez instructor, Víctor Gómez, apunta con lapicero que a su vez entre 2003 y 2011 hubo trabucaire en la donación del parné con motivo de financiar las campañas electorales tanto municipales como autonómicas. Dice el auto del presidente de la Sala de lo Penal, Manuel Marchena, que “resulta, pues, imprescindible continuar la investigación sobre los mismos y sobre la participación en ellos de la persona aforada doña María Rita Barberá Nolla”.

Doña María nos quiere gobernar y yo le sigo le sigo la corriente, dice el romance cantado. Pero aquí la única corriente que le sigue es la de algunos vejetes del Partido Popular, que no ven caso para la expulsión de Doña María del PP. Y yo me pregunto mientras me hago la pregunta: ¿qué espera Rajoy para quitarse de en medio a este pulgón en plenas elecciones vascas y gallegas? A lo mejor cuando salga este artículo las cosas han cambiado, pero de momento Doña María Rita continúa en el PP como una novela gótica como pudiera ser la de Ann Radcliffe, esto es, “Los misterios de Udolfo”.

La señora Nolla de último apellido ve un esqueleto público y periodístico contra ella, pero el caloret cuando aprieta es que lleva catilinarias y ancas de rana. Pero yo que también soy las circunstancias de Ortega veo en Rita los versos de Pay Gómez Charinho, en aquella poesía mediavalesca que quemaba a las brujas: “Briosas van no navío / pera chegar ao ferido”. Ferida está Rita y lo que necesita Celtiberia entera es que caiga, como una ceborrincha en el campo, la ley sobre esta mujer y que -aunque a largo tiempo- a lo mejor resulta que Yo soy Rita y mis circunstancias acaban en Villa Paquita. El ministerio de la Vivienda o el de Interior -que no sé ahora de quién depende el acto- debería construir cárceles para estos escoltados que convoyan la vida diaria de esta ya vieja democracia española.

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