Sala Uroc teatro
Un mundo feliz, según los "Ados@dos" de Juan Margallo
sábado 26 de enero de 2008, 18:21h
Marcada por el ritmo regular de la risa, la puesta se inicia con una gran limpieza donde todos los elementos convergen para que el actor Juan Margallo (Premio Nacional de Teatro 2007) y Petra Martínez (Premio María Guerrero a Mejor Actriz en 2006), instalen una atmósfera escénica que le guiña un ojo a Franz Kafka y otro a Eugène Ionesco, en el teatro Uroc de la capital.
Se trata de dos "nuevos ricos" en sus años de retiro, encerrados en la tecnológica caja de cristal de una residencia defendida por los más sofisticados sistemas, incluido el abastecimiento, el control y la asistencia sanitaria. No es el futuro, estamos en Madrid, supongo, digamos que un día como hoy, un día cualquiera. El magro desayuno prolonga su infinita concentración en la “nada” de la información diaria. Ella guía su conversación y pone jocosamente de relieve la insalvable distancia entre el tecnológico confort en que habitan y la supina y descomunal ignorancia que los define.
Visión ácida de la rutina
Dedicados a tiempo completo a prolongar su bienestar hasta el fin de sus días, se prohíben, por si acaso, todo exceso: no salen, no se arriesgan, temen, no saben, desconfían de todo menos de "eso" que los cuida y los arropa. Como una especie de "Gran Hermano" geriátrico. La escenografía y el ingenio mecánico, junto al vestuario y la iluminación, enmarcan la propuesta.
El omnipresente humor, mordaz, delirante, siempre crítico, domina la obra, que en cierto momento abandona la convención y opta por derribar "la cuarta pared". A partir de allí, es como si una pieza surgiera de otra. Los actores deciden como tales las entradas y salidas de los personajes de la obra y el público es invitado a disfrutar con las alternativas de ese chispeante hablar y comer en la frontera incierta entre la vida y el teatro donde se tematiza la propia representación, hasta tal punto que no se distingue muy bien quién es el uno y la otra, cuyas identidades se confunden y se diluyen, imposible conocer a ciencia cierta sus diferencias.
El espectáculo se orienta a una zona más coloquial, de anécdotas, citas y fruición escénica. Estamos ante una opción centrada en el trabajo interpretativo del actor, donde dos histriones de gran trayectoria y versátil expresividad juegan en el límite del teatro. Algunos les reclaman más respeto a la convención, otros aplauden su elección.