Siento yo una alegría en las barbas de don Mariano Rajoy Brey -quien tiene que explicar todavía si cobra o no como excedencia de su puesto como registrador de la propiedad de Santa Pola- que me hace una oreja plana en mi vientre de periodista maldito. Mi malditismo como periodista intenta situar en cada sitio que corresponde a los políticos y demás berzas que no hacen su virreynato conforme maneja la ley. Rajoy está contentado por el realquilamiento del PSOE, los cuales no se sabe si son cagadillas de Suresnes -Felipe levantando el puño y renunciando a Lenin- o unos señores y señoras que lo único que han hecho es apuñalar a Pedro Sánchez -homo de izquierdas como hace tiempo no se veía en el soe- para, por consiguiente, dejar gobernar al registrador de la propiedad de Santa Pola. Santa Pola es el lugar donde debería regresar nuestro gallego que corre en La Moncloa como si fuera un el correcaminos dibujo animado de la tele. En el fondo Rajoy es un dibujo animado, una cosa como oficial pero con muy mala leche, pues quiere a toda tarta gobernar esta Celtiberia tan llena todavía de “Las mocedades de Rodrigo”, hete aquí: “En León son las cortes, Llegó el conde lozano: / un cavallo lieva preçiado, et un azor en la mano. / Et conprógelo el rey por aver monedado: / en treinta e cinço mil maravedís / fue el cavallo en el azor apreçiado”. Pues es que es ansí, don Mariano en la Edad Media como una oración subordinada sin hemistiquios.
El Sr. Rajoy va saltando muñeiras y meigas según el soe va como sucursal de la tumba de Pablo Iglesias Fusse. Por eso Mariano, corre que te pillo, es un pollín que al final va a conseguir siendo investido no queriendo casi toda España -menos esos ocho millones que están comprados después de sobornarles con muebles de Ikea- que siga siendo el presidente de la Nación. Aquí Pedro Sánchez se equivocó en el estesudeste al no pactar con Podemos el 20D y los nacionalistas. La culpa de todo la tiene el problema catalán, pues que, si el soe no hubiera marcado la línea roja y sangre del referéndum catalán -tal y como querían los quincemayistas- en estos momentos había en esta España de Lola Flores y arroz con plátano frito un gobierno izquierdoso, con Pedrito de presidente. Pero no lo han querido así. La toma de poder es tan difícil como introducir una pilila en una bombilla de Volta.
Rajoy ahora sonríe y su alegría la comparten estos cafres y telesquís que son los miembros del Partido Polupar. España no se merece otros cuatro años de rajonismo, pues Bruselas presiona y habrá recortes hasta en los huevos que salen del orto de las gallináceas. Rajoy es un feliz caballero E conde Fernán González, por lo que desde aquí y sin acritud le espero unas buenas leyes que del todo seguro no saldrán a trámite tras la negativa del soe, de los podemitas y de los grupos parlamentarios.
El parlamentarismo es una vejiga toda llena de una multitud que no monta en bicicleta pero que puede hacer más servible esta rastrosa democracia española que padecemos. Vayan allá esas pícaras, que diría Quevedo.