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TRIBUNA

Otro plebiscito fallido en época de democracia instantánea

Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
jueves 08 de diciembre de 2016, 19:41h

El primer ministro italiano, Matteo Renzi, al perder el referéndum, ha creado un problema a Italia y otro más a la Unión Europea. En realidad es un problema constante de esta nueva forma postmoderna de hacer política: Tsipras primer ministro de Grecia, Camerón de Gran Bretaña son precedentes de lo mismo: se usa la llamada en directo al pueblo proponiendo un plebiscito, se convoca el referéndum para hacer mejor lo que le da la gana al convocante, cree que con las encuestas lo tiene ganado y después o lo pierde -como Cameron y Renzi- o lo incumple totalmente -como Tsipras que ahora hace genuflexiones en Bruselas, contra la que dirigió todas sus criticas durante la campaña de su referéndum-.

Llevo veinte años señalando el malestar y las consecuencias negativas que producen en la sociedad la moda o prácticas de la llamada “democracia instantánea”. Fue en el año 2000 cuando un destacado colaborador de Rodríguez Zapatero, que entonces se presentaba a dirigir el PSOE, me habló aquí de su eficacia electoral. Resumidamente, esa manera de hacer política sustituye el conocimiento histórico por las encuestas de opinión, el compromiso electoral por el marketing (la técnica de actuar en el mercado), el debate por el argumentario, el parlamento por los platós de televisión, la escritura reflexiva por los chats en internet, la experiencia por la video-imagen, la inteligencia por la simpatía, la vocación política acreditada por la cercanía del candidato que debe ser un tipo normal y corriente (o que su mérito sea, como Bush Jr., haber dejado de beber alcohol).

Matteo Renzi asumió reformar el Estado italiano de defectos que encontraba cualquier analista político sensato, además de lo que opinaba buena parte de su opinión pública. Pero en lugar de buscar grandes acuerdos dentro de su partido, con los demás partidos parlamentarios, con sectores sociales clave de la sociedad italiana, en lugar de ponerse al frente de un verdadero debate nacional, Renzi lanzó su propuesta apoyada sólo en su personalidad como gobernante joven, moderno y resolutivo.

Los italianos votaron una propuesta que reducía poderes al Senado, suprimía una especie anticuada de consejo económico y social, adelgazaba de gastos y de organismos a la administración estatal y regional italiana, y que iría acompañada por una centralización del poder del gobierno nacional y de una nueva ley electoral que aseguraría mayorías estables en la Cámara de Diputados, en total, 47 artículos de la Constitución italiana.

Eso ha sido rechazado por los votantes. Con el 65,5 % de participación -más elevada que en otras consultas-, el 59,11% votó no a la propuesta del primer ministro.

Italia es una democracia de un pueblo antiguo, cuya conciencia nacional sigue siendo muy singular, y cuyo Estado no tiene mucho recorrido histórico. Por eso este referéndum es tan ilustrativo en esta Europa desorientada.

Renzi no parece haber prestado mucha atención a la historia de Italia. Se fijó sólo en las encuestas, y cuando estas cambiaron a bastos, careció de un discurso adecuado. Renzi no tuvo en cuenta que la Constitución de 1947 fue fruto de un gran acuerdo, de un consenso -diríamos nosotros-, entre las izquierdas socialista y comunista y la democracia cristiana, y despreciar el acuerdo fue despreciar el pasado, y ese hecho jugó en contra de un primer ministro que trasmitió la imagen de que no respetaba el pasado, descalificado -¿les suena?- como “antiguo”. Cuando el acuerdo se forjó en la historia, sólo otro acuerdo del mismo tenor podrá tener oportunidades y futuro. Es conveniente recordarlo ahora que la Constitución Española de 1978 celebra su aniversario.

Es verdad que la oposición de Berlusconi, de Beppe Grillo y de la Liga Norte a su propuesta estaba basada en ideas menos democráticas y sensatas que las del propio Matteo Renzi. Pero la negativa de sectores de su partido, y de líderes del mismo, como los respetados Maximo D´Alema, Luigi Bersani, Mario Monti, etc. o por influyentes creadores de opinión, como Paolo Flores d´Arcais ( el más eficaz crítico de Berlusconi), mostraron las deficiencias y debilidades del caudillismo con el que Renzi pensaba reformar la política italiana.

Felipe González ganó un referéndum, parecido en riesgos al italiano, mientras Matteo Renzi lo ha perdido. Es otro tiempo y otras circunstancias, cierto. Pero vuelvo a la historia, como factor que ahora no se tiene en cuenta en política. Felipe González pidió el voto favorable a su propuesta -“En interés de España, vota Sí”- y al hacerlo podía evocar el pasado del PSOE, con un Indalecio Prieto comprometido con la OTAN, como la mayoría de los socialistas democráticos europeos.

Matteo Renzi adolece de no tener pasado en su partido. Ese hecho puede explicar su caudillismo o su liderazgo (que pretendía fuese carismático). La opinión pública de nuestras democracias parece que no tiene otras alternativas que el populismo o el reformismo más o menos autoritario. No es cierto; y además, será un fracaso como en Italia. Los ciudadanos son conscientes del poder de sus votos. El dirigente del mañana, y los partidos políticos del futuro se caracterizarán por su capacidad de lograr acuerdos y de señalar el porvenir que decidirán unos ciudadanos informados y comprometidos. ¿Utopía? La misma que nos mantiene creyendo en la democracia.

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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