TRIBUNA
Septiembre de 1998: el origen de los problemas
Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
viernes 13 de enero de 2017, 19:56h
Actualizado el: 13/01/2017 20:04h
Fue el 23 de septiembre de 1998. Yo interpelé al ministro de Administraciones Públicas, Mariano Rajoy, por la política constitucional del Gobierno. A pesar de que el vicepresidente Álvarez Cascos sostenía que el Gobierno de José María Aznar seguía contando con el apoyo de los partidos nacionalistas, la llamada “Declaración de Barcelona” (16 de julio de 1998), firmada por esos partidos, era el comienzo de una escalada de propuestas que culminarían con el derecho a la autodeterminación. A continuación se produjo el “Acuerdo de Lizarra” (12 septiembre de 1998), con ETA dictando las condiciones. Como portavoz del PSOE en el Senado le ofrecí al ministro Rajoy consenso y debate parlamentario. Creo que fue una oportunidad perdida. Excepto Rajoy, los demás participantes en aquel debate estamos fuera de la política. Pienso que tendremos que volver a “antes de 1998”, si alguna vez nos proponemos en serio restaurar el consenso constitucional.
Estas son mis palabras en el Diario de Sesiones del 23 de septiembre de 1998:
“En 1994, Aznar invocaba el nombre de España para pedir gobiernos que no fuesen débiles con los nacionalistas. Lo peor es que hoy, al Gobierno, sus aliados parlamentarios le han marcado el debate autonómico en el peor terreno posible, fuera del Parlamento, en foros diversos, antes y después de que la llamada tregua terrorista mezclase, lamentablemente, el debate sobre la forma estatal con el del fin de la violencia.
Quiero decir al Gobierno que no basta con quejarse de propuestas que surgen de determinados foros, hay que discutir esas materias en el Parlamento, como fuimos capaces de hacer en el Senado en 1994, ya que aquí los acuerdos sí son representativos y democráticos; pero también quiero decir, con toda serenidad, que tengo la profunda convicción de que los ciudadanos de este país, especialmente los que fueron capaces de tener fe en el pluralismo, en los valores de la libertad, en el pluralismo lingüístico y en la idea del autogobierno durante los años del franquismo, esos ciudadanos —que son mayoría— nunca van a aceptar que una minoría nos dicte lo que estas Cámaras tienen que aprobar bajo amenaza de que, de lo contrario, se acabará la tregua y no llegará la paz.
Yo creo que muchas personas estarán de acuerdo con los muchos que pensamos que esa paz no la queremos porque apreciamos más nuestra libertad. Hay muchas personas en esta Cámara, en todas partes, que rechazaron aquellos llamados 25 años de paz en nombre de la libertad y hoy lo tendríamos que volver a hacer, porque los que mataron la inteligencia de García Lorca son los mismos que mataron la inteligencia de Tomás y Valiente, y los que fusilaban militantes políticos son los mismos que hoy disparan a militantes políticos. (Aplausos en los escaños del Grupo Parlamentario Socialista.)
Hay que deshacer, señor Ministro, esa lógica absurda y eso exige un debate parlamentario. Y, ¿dónde se puede hacer mejor que en el Senado? ¿Dónde se puede hacer mejor para restaurar los consensos constitucionales que en esta Cámara, donde el Gobierno puede encontrarse con el respaldo de los Presidentes de las Comunidades Autónomas, de los suyos, de los que comparten sus valores y los míos, pero muy probablemente de todos? Hay que hacer un esfuerzo de inteligencia. No hace tanto, en el año 1994, fuimos capaces de lograrlo.”
“El tiempo pasa y el calendario que nos propusimos por unanimidad al comienzo de esta legislatura se lo están comiendo los días. Me parece que el Presidente del Gobierno —me atrevo a decirlo— podría hacer dos cosas: la primera, comparecer ante la Ponencia y añadir su autorizada voz a las voces de los Presidentes de las Comunidades que recientemente han expresado ante nosotros sus criterios sobre esos grandes temas de nuestro Estado autonómico; y la segunda, anunciar que va a venir al debate del Senado con el propósito de exponer cuál es el modelo que quiere para España y a ofrecer un consenso de voluntades que haga factible los cambios, incluso los cambios constitucionales que nosotros hemos empezado a estudiar, los que sean necesarios para perfeccionar este Estado que fuimos capaces de refundar hace veinte años.
Señor Presidente, si se hacen estas cosas puede que se restablezca la confianza y, por fin, creeríamos que el Gobierno está gobernando para todos.”
Mariano Rajoy me respondió, entre otras cosas, con estas palabras:
“Por último, vamos al tercer asunto tratado, que es el de la reforma del Senado. Sobre este asunto también podría yo preguntarle a usted, porque usted ha sido Presidente del Senado ocho años y es el representante del PSOE en la Comisión para la reforma del Senado y yo nunca he estado en esa Comisión. Yo soy un señor que era Diputado, que hacía actividades en el Partido, pero que nunca ha estado en esa Comisión. Por eso, yo también podría preguntarle a usted sobre la cuestión, señor Laborda. El tema de la reforma del Senado es complejo ¿o no es verdad? Lo lógico es que yo se lo pregunte al señor Laborda y no al revés.”
Mi contrarréplica:
“Yo creo que usted es algo más que un frívolo de derechas. Creo que usted es un Ministro del Gobierno por el que yo siento un profundo respeto; entre otras cosas, porque le reconozco lo que acaba de decir aquí: que usted fue el que efectivamente firmó con nosotros un Pacto de desarrollo autonómico. Y sé que eso tiene dificultades. Simplemente le pido que hagan ustedes lo que hicieron mis compañeros de Partido, los ministros socialistas, porque el pacto no es sólo decirlo, sino poner documentos encima de la mesa, esquivar las dificultades, hacer un gran esfuerzo para concertar voluntades.”
En nombre de los nacionalistas catalanes, habló Joan Rigol, quien pasados muchos años, actuócomo portavoz del llamado “derecho a decidir”:
“ Pido que toda esta cuestión tan fundamental del encaje de los hechos diferenciales, en la que España ha ido avanzando, y avanzando mucho —unos y otros—, para encontrar precisamente esta respuesta institucional (…) sino que lo hagamos siempre en este sentido constructivo según el cual un partido y un grupo de partidos nacionalistas como el nuestro intentan dar una respuesta institucional a algo que les incumbe tanto como son sus hechos diferenciales, pero que quieren defender dentro del marco de las instituciones del Estado.”
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Consejero de Estado-Historiador.
JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.
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