Lunes por la mañana, muy temprano. Los principales dirigentes nacionalistas tienen abiertos sendos procesos en el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña por el referéndum ilegal. Y vemos que se lleva mucho el travestismo de carácter victimista: la mascarada soberanista ha llegado con su promesa secesionista de los Països Catalans, la vieja contienda fronteriza. La pregunta es si convocar una manifestación multitudinaria, organizada y que incluye una flota de autocares pagados por diferentes partidos e instituciones independentistas delante del TSJC supone un ataque contra la separación de poderes, sobre todo si la manifestación la encabezan representantes de cargos públicos, como Puigdemont, Junqueras o Romeva.
Mientras, cada paso que da el Juzgado de Instrucción número 1 del Vendrell bajo la jurisdicción de Josep Bosch, junto con la Guardia Civil y la Fiscalía Anticorrupción, va estrechando el cerco al ex presidente de la Generalitat Artur Mas: 18 detenciones ordenadas por el Ministerio público y 20 registros ordenados por el juez. Los delitos de los que se les acusa: organización criminal, cohecho, tráfico de influencias, prevaricación, financiación ilegal de partidos políticos, blanqueo de capitales y malversación de caudales públicos. Casi nada para los subalternos de un político jurídicamente amortizado, haciéndose el photocall con sus chicas en las escaleras de los tribunales ante los vítores de 40.000 fans que enardecidos han aclamado al trío la-la-lá del “no” a España.
Entre los detenidos la semana pasada por la Guardia Civil se encuentra el exgerente del partido, Germà Gordó, casado –mire usted qué casualidad–con la vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) Roser Bach. Gordó fue gerente de CDC y a todas luces uno de los organizadores del cobro de donaciones por parte de empresarios, a través de diversas fundaciones vinculadas al partido como CatDem, a cambio de levantar el teléfono y darle el toque a algún cargo para colocar el favor y adjudicar la obra pública. Y todos los “convergentes” tiemblan porque podrían estar en la agenda de uno de los detenidos, Andreu Viloca. ¿Estará Artur Mas? A las dificultades jurídicas se unen las propias que los secesionistas tienen para gobernar porque los de la CUP, Esquerra Republicana y Convergència Democràtica no acaban de ponerse de acuerdo para repartirse el pastel de Cataluña y andan a la rebatiña y a la fractura ósea: que si hoy te amenazo con una moción de censura a ti, que si mañana me levantas un veto parlamentario tú a mí....
Sí. Las consejeras Irene Rigau y Joana Ortega han hecho el paseíllo junto al Molt Honorable Jr. con un retraso de media hora –imaginen por un segundo que cualquiera de ustedes se retrasa sin justificación en la comparecencia de un juez ante un Tribunal Superior de Justicia–, que le ha dicho al juez que la iniciativa política de sacar las urnas fue suya, un ejercicio más de victimismo para distraer la tardanza de los indicios, los contratos, las licitaciones locales, provinciales y autonómicas, las donaciones del 3% a CatDem y Forum Barcelona a cambio de la deseada adjudicación. Conviene recordar aquí que ante la tibieza de los jueces catalanes, quien actuó contra Mas en su día fue el fiscal general del Estado.
Siempre hay un mitin a la vuelta del paseo de Lluís Companys, un cóctel secesionista semiburocratizado, un choque de legalidades legales, un punto festivalero en Barcelona iluminados con el resplandor de la financiación empresarial de los que pudieron construir en el territorio edificios de viviendas, carreteras, hoteles, complejos institucionales…
De momento, esta puesta en escena propia del papel cuché es el balón de oxígeno que Mas necesitaba, con su punto alegre y su gesto risueño de prognato del Mediterráneo. Él y sus acólitos han desplazado en el fervor popular a Serrat, a Salvador Espriu, a la “gauche divine” y a Teresa Gimpera, y la fiesta no ha hecho más que empezar. Galvanizadas las emociones del pueblo catalán y escrita y difundida una saga de ficción absolutamente falsa, solo resta la inmolación, el sacrificio ritual de selfie con las señoronas de la cosa rupturista para ganar el jubileo dels Segadors.
Si el TSJC absuelve a Mas, se convertirá en héroe; si lo condena e inhabilita por desobedecer al TC, será un mártir. El secesionismo gana en este fértil caudal de la posverdad, que dirían de la era Trump. A mayor nivel de corrupción, mayor éxito en las urnas. La política como conjuro: de toda la vida.
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