Aunque ya hacía unos años que los problemas de salud le obligaron a no prodigarse tanto en sus acostumbradas giras alrededor del mundo, el popular vocalista de jazz acababa de anunciar esta semana su retirada definitiva, y con carácter inmediato, de los escenarios. El anuncio llegaba a través de su perfil de Facebook, donde se informaba asimismo que el cantante se encontraba ingresado desde el pasado miércoles 9 de febrero en un hospital de Los Ángeles. Quienes hubieran adquirido ya las entradas para alguno de los conciertos que el mítico cantante tenía programados para 2017 – decía el mismo post en la red social -, podía pedir el correspondiente reembolso. Se temiera o no su fallecimiento, lo cierto es que el citado post sonaba a despedida: Jarreau expresaba su agradecimiento por 50 años de carrera musical que le había llevado por todo el mundo y daba también las gracias a aquellos que la habían compartido con él. A su fiel audiencia, a los músicos que le habían acompañado y a todos aquellos que, de una forma u otra, le dieron su apoyo en el camino.
Original y versátil, abierto a influencias diversas cuya combinación hubiera sonado imposible en otros artistas, el cantante de Milwaukee tardó en dedicarse exclusivamente a la música. Al Jarreau alternó desde niño su interés por la música con los estudios de psicología, que a la postre constituiría su primera profesión. Durante cuatro años ejerció en San Francisco como rehabilitador de pacientes con problemas de alcoholismo, drogas, esclerosis múltiple o amputaciones. Cuando decidió dedicarse profesionalmente a la música, ya tenía cerca de treinta años. Había estudiado la obra de Lambert, Hendricks & Ross, vocalistas surgidos tras la eclosión del be-bop, que usaban imaginativamente el scat y el vocalese y aunque adoraba a Ella Fitzgerald y Anita O’Day, generacionalmente pertenecía a la oleada del soul.
Los locales nocturnos de Los Ángeles se convirtieron su primer escenario, hasta que en 1975 Warner Bros. se fijó en su talento y su carrera empezó a despuntar a principios de los 80, de la mano del productor y compositor Jay Graydon. Su voz cálida vino a definir la vertiente más jazzística del sonido típico de Los Ángeles, meca de ficciones cinematográficas y televisivas. Por eso, no fue casualidad que uno de sus temas más famosos fuera la sintonía de la serie protagonizada por Bruce Willis y Cybill Shepherd Luz de luna (Moonlightning), emitida de 1985 a 1989. También en 1985, Jarreau participó en uno de los grandes himnos de la música “We are the world” con Michael Jackson, Lionel Ritchie y un numeroso grupo de cantantes de la época reunidos para poner su granito de arena en la lucha contra la hambruna.
En los años noventa, Jarreau se alejó de las grabaciones y trabajó con orquestas sinfónicas, convirtiéndose en un habitual del circuito europeo de los festivales de jazz, donde siempre fue muy bien recibido. La mayoría de las veces en solitario, pero sin dejar de buscar retos y alicientes nuevos con los que disfrutar y hacer disfrutar a su público. Una de las giras en compañía que más éxito cosechó fue, sin duda, la protagonizada junto a otra leyenda – por fortuna, aún viva – del jazz: George Benson, con quien grabó el disco Givin' It Up, que posteriormente presentaron durante su gira conjunta por el mundo.
Este domingo, su representante Joe Gordon confirmaba que la despedida de Al Jarreau no era solo de los escenarios. El cantante falleció a las 5:30 a. m. en Los Ángeles, rodeado de su hijo Ryan, su esposa Susan, así como de amigos íntimos. Tras la muerte de su padre, Ryan se apresuró a pedir que no se enviaran flores o cartas a la casa de Jarreau, porque él "Preferiría que hagan una contribución al Wisconsin Foundation for School Music, una organización que apoya la música, así como a los estudiantes y a sus profesores".