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TRIBUNA

Pavos y pavas

viernes 17 de febrero de 2017, 20:07h
Actualizado el: 17/02/2017 20:20h

Crítico: “Persona que presume de ser difícil de complacer porque nadie intenta complacerle.” Ambrose Bierce, “El diccionario del diablo”

No sé qué es más ridículo, si celebrar el día de los enamorados con rosas y bombones o renegar del día y boicotearlo.

Los humanos somos como pavos reales. Si el comportamiento social de cada una de las personas de este planeta se pudiera resumir en una canción popular, sin duda alguna sería esta: “chincha rabiña, que tengo una piña que tiene piñones y tú no los comes.” Y la ‘piña’ se podría sustituir por un sinfín de objetos, temas o cualidades personales, dependiendo de cada persona, pero el principio energético que nos mueve es el mismo para todos y el mensaje idéntico: mira qué plumas tan bonitas tengo, las deseas, ¿verdad?

Hace unas semanas me vi en medio de una conversación con una pareja de amigos muy singular e interesante. La pareja lo es, sin duda, pero también lo fue la conversación. Resulta que a ella le encanta ir de compras y le encanta comprarse ropa y a él nunca le ha llamado la atención, ni ha llegado a entender la necesidad de tanta compra. Como en esta etapa de mi vida me resulta bastante molesto tener que ir de compras, el marido se apoyó en mí e intentó defender su postura. No habían pasado ni cinco minutos de mi típico y repetitivo sermón anti materialista, cuando les dije: “la verdad es que cada persona llama la atención como puede. Unos muestran sus zapatos último modelo o su flamante coche de lujo y otros alardean de su cultura o se emborrachan con su propia verborrea. No hay ninguna diferencia.” Los tres nos miramos y cambiamos de tema.

Como terminaba aquel anuncio tan famoso, la necesidad de brillo social es la misma “para nosotros, para todos”. Para los que compran, para los que acumulan; para los que tienen, para los que desean; para los eruditos, para los forzudos; para los sanos, para los enfermos; para los guapos, para los diferentes; para los típicos, para los originales; para los desaliñados, para los finos; para los ecologistas, para los materialistas; para los erguidos, para los encorvados; para los que gastan, para los que ahorran; para los que contemplan, para los muy ocupados; para los padres, para los independientes; para los necios, para los que saben; para los exitosos, para los acomplejados; para los profundos, para los superficiales; para los viajeros, para los miedosos; para los que tienen espíritu, para los espirituosos; para nosotros, para todos: la necesidad de llamar la atención es tan común como diversa. Unos lo hacen con plumas, adornos y cosas y otros con sus cualidades personales, pero no se engañen, para conquistar al prójimo uno haría cualquier cosa, ya que ‘tener menos’, ‘ser menos’ o ‘estar mal o enfermo’ también son estrategias habituales de cortejo social.

¿Cuál sería, entonces, su tema? Como si de un espejo se tratara, a veces, en el reflejo de las cosas que uno critica con más vehemencia encuentra rápidamente el aspecto de su nuevo disfraz y el color de su nuevo plumaje. Si, por ejemplo, criticaran el materialismo, la superficialidad y la falta de ecología: ¿qué cualidades le ayudarían a pavonearse ahora para mostrarse mejor que el resto? Recuerdo que 2 días antes de terminar en Gran Bretaña uno de los retiros de meditación de los que les he hablado en alguna ocasión, compartí taxi con dos ‘experimentados meditadores’ que recién salían de un curso de 20 días (el mío era de 10 días y los hay hasta de 45 días en esta organización). El caso es que los dos me preguntaron que de dónde salía y les dije que de un curso de 10 días, pero que no había podido terminar y me iba a casa porque me dolían mucho los oídos y no podía seguir. Los dos me miraron con ese aire de ‘meditador cinturón negro’ y uno me dijo: “esos cursos son como la guardería (“kindergarten”) de Vipassana”. Después se tiraron 1 hora de taxi sin dirigirme la palabra (una vez aclarado que no estaba a su altura espiritual) y fanfarroneando sobre cuál de los dos había hecho más retiros, en qué sitios tan exóticos del mundo habían pasado cientos de horas en silenciosa dicha supra-natural y desde hacía cuánto tiempo eran socios del selecto club de meditadores de ‘larga duración’. Casi vomito. Tanto me impactó que estuve un largo tiempo sin poder meditar. Qué decepción.

Ahora siento que es un poco diferente, o eso creo, pero no descarto que esta sensación sea consecuencia de un nuevo plumaje que sustituye al penúltimo, ya que sigo observando, criticando y pensando condescendientemente, casi sin poder evitarlo: “mira éste, yo ya he pasado por ahí y soy mejor que tú”. Y aunque crea que controlo mi propio destino, cada cierto tiempo doy un salto fortuito hacia delante, hacia atrás, hacia un lado o hacia el otro y, con esa nueva personalidad que me autodefine miro al mundo y le digo en voz alta: “mírame otra vez, aquí estoy, hazme caso, yo soy alguien, importo”, como el niño pequeño que busca la atención de su madre o como cualquiera de estos animales y sus extraños métodos de cortejo.

Abraham Maslow, a quien también he mencionado en varios artículos, muy hábilmente enumeraba en la jerarquía de las necesidades humanas una serie de etapas que iban sustituyendo a otras. Necesidades o hitos que se van satisfaciendo, etapas que vamos quemando y van quedando atrás. Creo que de la misma manera que hay personas que evolucionan, que cambian de plumaje y que, de repente, ya no tienen interés por ganar dinero (porque ya lo han ganado) o no necesitan gustar (porque siempre han gustado), pero que ahora buscan reconocimiento y dejar su gran huella en nuestro planeta, también hay otras que o bien se estancan o bien van hacia ‘atrás’, manteniendo sus viejas plumas lo más erguido posible o recortándolas un poco, si fuera necesario. Aunque ‘avanzar’ o ‘retroceder’, ‘más’ o ‘menos’, ‘mucho’ o ‘poco’, todas ellas son palabras que acompañan al mismo tipo de necesidad, la del flirteo social, porque, en definitiva, todos somos pavos reales, todos iguales.

“La vanidad es un mendigo que pide con tanta insistencia como la necesidad, pero es mucho más insaciable.” Benjamin Franklin

Nacho López

Asesor Financiero

NACHO LÓPEZ, dedicado al mundo de la banca de inversión y comercial, al mercado de capitales, al análisis y al asesoramiento bursátil, ha trabajado en los principales bancos españoles y en otros internacionales de primera línea.

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