Analia Gladé, la pasión por el teatro
miércoles 25 de junio de 2008, 23:33h
No hace falta ser fea para ser buena actriz. No hace falta tener mala leche, para ser figura de la escena. Analia Gadé es guapa por fuera y por dentro más y, además, es figurísima y estrellísima. Hacer la comedia es un arte tan difícil como la tragedia. Analia es una comedianta vocacional, con belleza y talento. A mí no me gustan las mujeres; me gustan las guapas y a ser posible altas. Mi teatro está lleno de este espécimen. Un teatro sólo de hombres, como hace cuatro siglos y yo me habría hecho registrador de la propiedad, que se gana más dinero y no tiene crítica.
De las mujeres más bellas que han existido en lo alto de un escenario ha sido sin duda Analia Gadé. Argentina de nacimiento y española de profesión. De la mano de Juan Carlos Torry desembarcó en la madre Patria, huyendo del peronismo, con una comedia “La luna es azul”, allá por finales de los cincuenta. Causó sensación. Las guapas sólo estaban en la revista y la cosa frívola. Su primer gran éxito lo obtuvo en el sesenta y uno de la mano de Osuna, con “La Idiota” de Marcel Achard en adaptación de Edgar Neville, con Rodero y una espectacular Paula Martel. El público se mataba por ir a ver las pantorrillas de Analia, al cruzarlas cuando se sentaba, en un instinto básico de los sesenta. Sin evoluciones y sin música, las piernas de las mujeres estaban prohibidas en un escenario. Pero aquellas pantorrillas causaron sensación y la censura se equivocó, autorizando aquel erotismo desmesurado.
Fernando Fernán Gómez, que era listísimo, empezó a “salir”, según el eufemismo de la época, cuando Analia se separó de Torry. Se convirtieron en la pareja de moda del cine patrio. Sin abandonar nunca la escena, Analia, a las órdenes de Tamayo, hace la Abigail de “Las brujas de Salem”, que no es moco de pavo. Un buen día, la pareja de moda decide formar compañía teatral y estrenan, para mi suerte, tres comedias de un servidor; “Mayores con reparos”, “Gravemente peligrosa” y “La vil seducción” durante cinco años, de sesenta y cinco al setenta. A mí, me puso en casa. Desde entonces mi admiración y amistad por la pareja fueron inquebrantables. Analia nunca abandonó la escena. “La pereza” de Talesnic y siete estrenos míos.
En total diez comedias de un servidor, que se dice bien pronto. A temporada por estreno, no está nada mal. Era una época, en la cual, los autores escribíamos para las primeras actrices a medida; Benavente, Lorca, Casona, Valle Inclán, Jardiel, Mihura, Llopis... y el que escribe, no iba a ser menos. Ha sido y será actriz predilecta. Ahora que se evita la parafernalia de vestuario, hasta en las óperas. El espectáculo teatral necesita ofrecer belleza y talento de los modistos y decoradores. La actriz se debe a su público que la quiere ver maravillosa, con pelucas y que cambie de vestido cada cinco minutos y si hay que sacar liguero, se saca, por lo menos en la alta comedia. Despojar de artíficos estéticos a la comedia, es un error que se pagará muy caro. No olvidemos, que el público que es necio, según Lope de Vega, se niega a pagar para que insulten o le expliquen argumentos, propios de ejercicios espirituales, en salas incómodas y cutres.
El último éxito de Analia, “Las mujeres sabias” la hizo como Dios y Mollier mandan. En la actualidad piensa, lo que va a hacer la próxima temporada, en un momento que parece que se vuelve a llevar la alta comedia. Ella, se lleva y se seguirá llevando, por los siglos de los siglos. Y yo, seguiré babeando, para que vuelva a estrenarse otra obra.
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Comediógrafo
JUAN JOSÉ ALONSO MILLÁN es comediógrafo
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