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TRIBUNA

Noramaza para los refugiados

viernes 24 de febrero de 2017, 21:08h
El sábado pasado en Barcelona -que es donde les quitan las horcas a los ahorcados- residió una inmensa manifestación a favor de la acogida de los refugiados. Según los convocantes, más de trescientas mil personas soltaron prendas a la hora de solicitar que se ajuste a Derecho Internacional la ya urgente patriación de esas almas hambrientas que cruzan el Mediterráneo por huir de las guerras y esos combates que Occidente -ese reino con más agujeros que una flauta- si no los ampara por lo menos no se le ve capaz de mediante el negocio diplomático detener ni moler las causas de tanto guerracivilismo. La guerra en Siria, a estas alturas del nuevo milenio, es una vergüenza internacional por culpa de los intereses geopolíticos que comparten diversas naciones que hallan en ella no una lucha de religiones, sino el chasquido de las espadas que suenan por el peso de las estrategias económicas, históricas y políticas. Rusia y la Unión Europea, más los Estados Unidos de América deberían haber ya enderezado este encabronamiento entre un dictador y el terrorismo yihadista. Pero Putin sabe que Siria es un almendro en flor para el huerto del Kremlin.

La manifestación del sábado pasado en Barcelona pone de manifiesto las mínimas camas que España está construyendo en las industrias madereras para el acogimiento de tanto refugiado que está ahí, en la frialdad del calabozo que suponen las fronteras turcas y europeas del Este. El Gobierno de Mariano Rajoy tiene la obligación moral y estética de asumir su responsabilidad a la hora de evitar tanto dolor, tanta muerte, tantas tormentas que van cayendo sobre unos rostros que semejan herejes, pero que no son otra cosa sino el nacimiento de bebés a la búsqueda de esa madre en gigante que es Occidente.

España -la España de Rajoy- se comprometió a aceptar, por ley, a miles de refugiados, cuando lo cierto es que menos de cientos han sido acogidos en Castilla y en los demás reinos de todas las Españas. En este sentido, don Mariano Rajoy Brey se está comportando como Donald Trump, por lo que yo no veo la diferencia entre el americano y el gallego a la hora de andar en galgo. Trump/Rajoy no desean la escoria ni cuerpos sucios de tizne pirata por evitar la posible entrada de gavilanes terroristas. Ésa es la teoría sin duda alguna de un neonazismo encubierto. Con virgo están mis espaldas, digo yo, pues no se puede magnificar el terror mirando cómo todos los espejos nos llevan a ver en los refugiados ante el callejón del Gato en donde el esperpento va creando todavía más dramas y más gerifaltes de antaño en un mundo en donde el proteccionismo, la ausencia de derechos humanos, las leyes incívicas posibilitan este nihilismo y esta filosofía existencialista como escritas por Nietzsche o por Juan-Paul Sartre.

Rajoy debe hacer caso a Barcelona y a toda esa furia humana que clama a los cielos advirtiendo que la tragedia de los refugiados tiene -si hay voluntad política- solución. El infierno no son los otros -de nuevo Sartre-, sino miles de colchones, miles de mantas, comida y trabajo para un mundo que se ha quedado escrito en los pergaminos occidentales en donde sólo se firman malos sonetos, malas quintillas, malas cántigas de amigo en las que el amor y la solidaridad sólo son cazcarrias y falsas repúblicas, Venus vestida de democracia o las Carnestolendas cuyas máscaras son las gafas de don Mariano Rajoy. Y no hay nada más que decir. ¡Váleme Dios¡ ¡Cuánto dolor se podría evitar¡
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