El grupo parlamentario popular, principal apoyo del gobierno de Mariano Rajoy, está en minoría. Por ese motivo necesita del apoyo de otros grupos parlamentarios para alcanzar la mayoría en la Cámara Baja que le permita aprobar la gran norma económica de todos los años, que son los Presupuestos Generales. Desde el inicio de la democracia de 1978, cuando el principal partido nacional no contaba con mayoría absoluta, se ha visto en la necesidad de ceder al chantaje político de los partidos nacionalistas; un chantaje que suponía no sólo un acercamiento a sus postulados políticos, lo cual está en la lógica del juego parlamentario, sino un conjunto de privilegios, excepciones y beneficios para la región de España que representasen. Y todo ello envuelto en un discurso crecientemente desleal con el conjunto de la nación.
Estos nuevos Presupuestos Generales del Estado son los primeros que se aprueban bajo la nueva realidad política, marcada por la irrupción de otros dos partidos de ámbito nacional. Uno de ellos, Ciudadanos, ha hecho de la denuncia de este chantaje y la defensa del principio de igualdad de los españoles su principal argumento político. Pero se ha dado la circunstancia de que el Partido Popular necesitaba el apoyo tanto del PNV, que lleva la insolidaridad con el resto de España en sus venas, como de Ciudadanos. Y sólo uno de los dos podía hacer valer sus votos.
Una vez más, ha sido el PNV, que ha logrado que el Estado entregue al gobierno vasco 1.400 millones de euros en concepto de devolución por lo que entendía el ejecutivo regional que debía ser el pago del cupo entre los años 2007 y 2017. Es decir, que el Gobierno nacional ha cedido al 90 por ciento de lo que exigía Vitoria, supone una nueva afrenta al principio de igualdad de los españoles, y el pago es en concepto de un dinero pasado, con lo que la maquinaria de reclamaciones vasca está libre de ataduras para exigir nuevos privilegios a costa de los demás.
Esta situación arroja necesariamente varias dudas. La primera es cuál es el papel político de Ciudadanos, si a las primeras de cambio traiciona su propio programa, y transige con un acuerdo tan ignominioso y tan injusto como este. Y si Ciudadanos es tan voluble en sus firmeza frente al nacionalismo como el PP o el PSOE, ¿cuál será su futuro político? Por otro lado, ¿por qué el PSOE, que hace de la igualdad su principal atractivo político, prefiere permitir este acuerdo tan injusto? O ¿qué queda del discurso nacional del PP? Lo que vemos es el retorno de la vieja política, en la que tanto la letra como el espíritu de la Constitución se sacrifica, sin pena, a las necesidades políticas del momento. Vemos el fracaso de la clase dirigente y el del sistema político, incapaz de dar respuesta a la indignación mayoritaria suscitada por esta situación.