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TRIBUNA

Las otras corrupciones

miércoles 10 de mayo de 2017, 16:39h

La corrupción se ha puesto de moda en la práctica y en los medios, pero sólo para referirse a los políticos que se lo han llevado crudo por medio de comisiones y otros métodos más sofisticados o a los empresarios que venalizan la concesión de obra pública. Y sin que se pueda negar que el robo de dinero público es algo absolutamente indeseable, con una condena no se pueden ocultar, como parece interesar a la clase política, otras corrupciones que enfangan la política y, por ende, también arruinan la vida social. Porque al no atinar con las causas del latrocinio no se le pone remedio ni tampoco a otras corrupciones que yo calificaría de peores, por mantenerse, por así decirlo, en el anonimato y pasar desapercibidas.

En primer lugar, ya se ha puesto de relieve que los políticos no son una especie exótica surgida de la nada sino de la sociedad, cuyas conductas y hábitos asumen. Sólo de una sociedad que carece de higiene moral puede surgir una clase política poco edificante y corrupta. Por lo tanto, es el propio modus essendi de una sociedad como la española lo que tiene que provocar la primera alarma social. Por poner sólo un ejemplo: se habla de una economía sumergida, que debe tomarse en toda su amplitud, que puede rondar el veinticinco por ciento.

Aparte de esta corrupción social, otra, de la que no interesa hablar. consiste en meterse en política para resolver uno su vida y no para resolver las vidas de los demás. Algunos dicen que los políticos ganan poco en España. Pero depende qué políticos, qué trabajo desempeñan y qué hacían antes de hacerse políticos. Nadie debiera ganar en la vida política más de lo que ganaba o sería capaz de ganar en la vida privada. Por eso hay que sospechar del parado que se apunta en la lista de un partido, y son muchos los que lo hacen. Porque la política no es una oficina de empleo. Tampoco gente que mejora su posición económica por el hecho de entrar en política puede dar ninguna lección de ética. En tal caso no se busca el bienestar social sino servirse de la sociedad para su bienestar. Me pregunto que si hay oposiciones para toda clase de funcionarios por qué no puede haberlas para los políticos. Si se hiciera, más de la mitad no ocuparían hoy un cargo público. Sería benévolo llamar corruptelas a lo dicho, pues son el germen de latrocinios posteriores.

Otra cuestión muy relevante se refiere a la lucha por el poder. Se dice con frecuencia que tal y tal cosa pertenece al juego político. Entonces se ve como normal y ético lo que no debe serlo. Y esto también es de la peor corrupción. Al juego político de concesiones mutuas no deben pertenecer ni la mentira ni el chantaje ni la acusación sin fundamento. La mentira es muy habitual en los partidos. Pero, por limitarnos a las elecciones, habría que decir que no se puede prometer lo que no se puede cumplir. Como suele decirse, de las buenas intenciones está empedrado el infierno. Y esta es la esencia del populismo, más extendido de lo que parece, arbitrar soluciones simples para problemas complejos. Eso está relacionado con la ineficacia y el uso de la mentira en la lucha por el poder.

El chantaje se utiliza mucho en las negociaciones entre partidos y es también de la peor corrupción. “O me das todo lo que te pida o no hay acuerdo”. No es una negociación limpia, equilibrada, lógica, sino un simple chantaje. Da igual el bien del País, del que por lo visto sólo se tiene que ocupar el partido gobernante. Y, a veces, ni siquiera se trata de chantaje, sino de la simple negación a negociar cualquier cosa, como ha estado haciendo el PSOE de Sánchez durante tiempo. La cerrazón corrupta del “no es no”.

En cuanto a la acusación sin fundamento es inadmisible y parece que nadie está dispuesto a remediarlo. Debiera imposibilitarse que un partido pueda acusar a otro penalmente. Parece claro que tales denuncias, cantidad de ellas anuladas, pueden tener poca objetividad y mucho sectarismo. Por eso se ha hablado de eliminar la acusación particular, inexistente en la mayoría de los países. Y digo que se habla. Pero se sigue sin actuar. Lo mismo que en el asunto de los jueces, que vuelven tranquilamente a su puesto en la judicatura tras pasar por la política. Eso clama al cielo e imposibilita una real división de poderes y la objetividad del juez. Todo el mundo se queja de ello, pero ni ejecutivo ni legislativo hacen nada por remediarlo. ¿No se deberá a un poder excepcional de los jueces no tienen que tener?

En resumen deberíamos de ampliar bastante el concepto de corrupción. Todo lo que resulta claramente injusto pertenece al mal político y al mal social. Incluso no hacer las reformas urgentes que necesita una nación para no dejar de serlo como la clarificación del artículo 155 de la Constitución es también la peor corrupción de la que se sirve el separatismo, que sí es la peor corrupción de todas, porque como vio Ortega destruye una sociedad y debiera ser castigado con las penas más graves de todas. Asimismo es corrupción la intromisión del poder político en el judicial y viceversa. Y la admisión de asociaciones de jueces y fiscales, claramente partidistas. Colocar a parientes y amigos en la política también es corrupción. Por no hablar de la corrupción cultural que merecería un gran capítulo.

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