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TRIBUNA

Pedro Sánchez: la fuerza del guerrero

viernes 26 de mayo de 2017, 19:58h

¡Cuánto tiempo perdido¡ ¡Cuánta agonía política salida de los andrajos del odio¡ ¡Cuánta historia del presente reconvertida en un suicidio¡ El soe se ha suicidado, pero no le ha salido bien el suicidio, sino que, como en el budismo, mediante el zen, se ha recuperado el Nirvana, esto es, la singladura del príncipe Siddharta hacia la salvación de la mente, en este caso, la mente psíquica y neurobiológica del partido socialista. Y yo me pregunto, ahora que los militantes han salvado de la meningitis política a Pedro Sánchez: ¿de qué han servido el escupitajo, el terrorismo dialéctico, la muerte de un socialista propiciada por la nomenclatura, por el aparato, por el establishment, por los barones, por el susanismo, por el odio regurgitado en el asesinato nuevamente de Trotsky o de Julio César o de Sócrates. La justicia siempre pone en su lugar a cada una de las piedras que resisten, que soportan la aniquilación de cualquier naturaleza política.

Pedro Sánchez nos ha enseñado lo que es permanecer en la Numancia celtíbera sobre el Cerro de la Muela. Pedro Sánchez ha resistido el azote de las órdenes de Publio Cornelio Escipión, aquel romano que en el 133 a. C. olió ya la rosa del socialismo, el socialismo de la izquierda real para condenarla y conquistarla. Publio Cornelio, esto es, Felipe González, se ha encontrado con la resistencia numantina, en donde antes muertos que envenenados por el expansionismo de este socialismo romano y capitalista que traía Susana Díaz. Pedro Sánchez es la metáfora de la forja de un guerrero. Y yo me alegro de ello.

La única forma de vencer al Partido Popular, en próximas elecciones generales, es desde el Frente Popular del PSOE y Podemos. Con Susana esto era imposible. Con Pedro no habrá más remedio que el entendimiento, que renovar el marxismo o que atrapar ese movimiento de la luz que es la izquierda a base de consenso o de farmacias en donde vendan el fármaco del radicalismo. Sánchez es más radical, dentro de su propia versión del socialismo nietzscheano, que no toda la nomenclatura felipista y la de los barones territoriales. El No es No regresa con tal potenciación que ni siquiera Susana Díaz va a tener más tiempo para el llanto. Al guerrero Sánchez lo sacaron por la fuerza en aquel nefasto Comité Federal. Desde entonces la Gestora perdió toda legitimidad al no conceder la voz al campesinado socialista, esto es, a las bases, a los milicos, a la gente de la calle, que no son otra cosa que los poseedores de la resistencia numantina, una orden jurídica o una ley democrática a la hora de elegir a su secretario general. A Sánchez lo echaron por haber perdido dos elecciones seguidas -los peores resultados de la historia del soe-, sin embargo, no es tal la cosa, sino que todo se debió a la irrupción de Podemos, quien evitó el triunfo de la izquierda socialista. Sánchez nunca tuvo culpa alguna de aquellas derrotas, sino que todo se produjo sincrónicamente por la mordedura de la política presente en un tiempo en el que el politicismo nacional ha cambiado tanto que el bipartismo se ha roto como una muñeca de trapo.

Pedro Sánchez es la forja de un rebelde. Y a mí, que siempre he amado la rebeldía, me llena de esperanza y armonía esta conjunción que sin duda se producirá cuando la izquierda global de este país hable, se inyecten la misma sangre, se besen en los labios o hagan el amor encima de los leones de San Jerónimo. Ha ganado Numancia. Publio Cornelio ya puede regresar a las puertas giratorias. La Historia se ha salvado. El poder dentro del mismo poder no ha logrado volver a mentirnos en el juego del pócquer. Ahora toca la revolución de Robespierre, pero sin guillotinas y sin ese Terror en que el soe se había instalado. Felipe puede volver a sus conferencias y su millonarismo. Ha vencido la verdad, envuelta en el concepto del ser del que nos avisó Martin Heidegger.

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