Era la primera cabeza de serie para alzar el torneo.
Este domingo han entrado en escena los primeros cabezas de serie y nombres ilustres en la edición de 2017 de Roland Garros. A la espera de que los vigentes campeones, Garbiñe Muguruza y Novak Djokovic, debuten este lunes, junto con Rafael Nadal, la jornada dominical deparaba un puñado de debuts esperados. En ese grupeto de eventos a no perderse destacaba la inauguración de la participación en el Grand Slam francés de la tenista capaz de arrebatarle el número uno a Serena Williams en el último tiempo.
Angelique Kerber, que concluyó la pasada temporada en plenitud física y mental, no había terminado de encontrar esa sintonía en los cinco meses de este nuevo curso. Sin embargo, se presuponía que la motivación inherente a lucir ante los focos mundiales y en el recinto parisino podrían reenganchar a la dinámica ganadora y la estabilidad en la ejecución tenística a una de las referentes de la raqueta. En concreto a la primera de todas.
Del mismo modo en que se augura un buen trasiego de Muguruza, especialmente dedicada en la aproximación a este campeonato para revestirlo de catarsis en su dubitativo año, Kerber partía como la primera favorita del cuadro femenino y competía ante Ekaterina Makarova, una jugadora rusa de nivel pero que en ningún caso era catalogada como combatiente capaz de indigestar la sobremesa a la alemana.
Pues bien, Kerber no sólo fue eliminada sino que fue barrida de la arcilla. Un doble 6-2 sacó de escena por la vía rápida a una tenista nublada, que nunca estuvo cómoda ni alcanzó a disponer de la iniciativa. Como si de un mal sueño se tratara, ni desde el fondo de la pista ni desde el parapeto de la red fue eficaz. No disfrutó y se precipitó ante una dolorosa y histórica derrota ante la 40 del ranikng WTA.
Jamás en la Era Open una número uno había sido eliminada en la primera ronda en Roland Garros. Sí se había dado el caso en otros Grand Slam (tres veces en Wimbledon y en otra ocasión en Australia), pero el tocó a la alemana ser pionera y portar este dudoso honor. Cometió 25 errores no forzados (por 19 de su rival) y enchufó sólo 16 ganadores (frente a los 27 de su contrincante). De esta manera se vio obligada a hacer las maletas una de las jugadoras de las que se esperaba parte del espectáculo que entraña el torneo galo.