Todo comenzaba minutos después de las 09:00, cuando Irene Montero subía a la tribuna de oradores y tomaba la palabra. Tocó más asuntos, pero sobre todo habló de corrupción, corrupción y corrupción. La que salpica al PP, la que ensombrece la gestión del Gobierno, la que da más quebraderos de cabeza a Mariano Rajoy. “La corrupción tiene sede: Génova 13. Hoy los jueces dicen de ustedes que son una organización criminal”, resumió.
Con el tono bronco y agitado habitual de Pablo Iglesias, la portavoz parlamentaria de Podemos no dijo nada que ella o su partido no hubieran dicho hasta ahora. Pero sorprendió. Fuera de la formación morada nadie imaginaba entonces que aquel primer discurso duraría unas dos horas. Ahora sabemos, además, que el gran minuto de Montero fue cuando, con calculada calma y ante el silencio absoluto de la Cámara, enumeró, uno a uno y por orden alfabético, todos los casos de corrupción en los que se ha visto involucrado el PP.
“Gürtel, Púnica, Lezo, Acuamed, Nóos, Andratx, Arena, Auditorio, Baltar, Bárcenas”, era solo el principio de una lista de más de sesenta casos. Después de esto a Montero aún le quedaban varios folios por delante: había debate, Rajoy captó el mensaje y la moción de censura cobró la importancia que hasta entonces, quizás, no había tenido.
Cuando le tocó el turno al Gobierno, el presidente rompió todos los pronósticos y se erigió en portavoz de su propio Ejecutivo. Nada de medias tintas, nada de delegar en la vicepresidenta, nada de esperar a un mejor momento para intervenir: si ya tenía tomada la medida del debate parlamentario con Iglesias, este martes Rajoy ha demostrado que también está cómodo en el envite con Montero. La estrategia la tenía clara: defender su gestión y derribar los argumentos morados.
La fina ironía se mezclaba con las duras críticas: Rajoy subía al estrado con ganas, en estado puro, en su mejor versión parlamentaria. “Introduciré algo de racionalidad en el debate”, anunció. “Pretendían quitar al Gobierno sin tener un candidato, ¿cómo es posible?”, se preguntó. “Si quería asaltar el cielo, se ha equivocado de puerta”, advirtió.
Montero hace de Iglesias; Iglesias, de Rufián
Objetivo cumplido: Rajoy se comía a Montero e Iglesias, que no se daban por vencidos. Nadie bajaba la guardia. A la espera del “nuevo PSOE” de Pedro Sánchez que está por llegar, PP y Podemos hicieron de Gobierno y oposición. El debate fue de tal altura que, en el fondo, esta vez sí, ambos ganaron. No obstante, más de seis horas de duelo cara a cara dan para mucho. Y sin límite de tiempo ni de intervenciones, para mucho más.
Montero e Iglesias se emplearon a fondo; Rajoy mantuvo el pulso. “España está harta de que le roben” y “hoy tenemos la oportunidad de echarles, sacar al PP de las instituciones”, es el resumen morado; “Si usted gobernara, sería un castigo para España”, advertía el inquilino de la Moncloa.
En un día de intensísimo calor, la sesión recordaba, a ratos, a los debates de investidura del verano pasado. Y, como sucedía entonces, sabiendo de antemano el resultado: Rajoy gana, y gana tiempo: “Su anunciado fracaso es la mejor noticia para España. España gana, ustedes pierden”, dijo en una suerte de frase lapidaria.
Pero esta vez el gran reto lo tenía un Iglesias que tomaba la palabra en calidad de candidato a la Presidencia del Gobierno en una moción de censura que, por definición, ha de ser constructiva. Así subía a la tribuna de oradores: vestido de presidenciable y controlando su tono… tanto que se volvió tedioso y pesado. No obstante, el discurso de profesor aburrido por la mañana dio paso a un Pablo Iglesias que por la tarde adoptó en varios momentos el parsimonioso hablar de Gabriel Rufián.
Precisamente el tono y la duración de las intervenciones moradas arrojan un sinfín de comentarios, críticas y bromas en las redes sociales. Si durante los 120 minutos iniciales de Montero el PP demostró en Twitter que echaba de menos a Errejón con un #ÍñigoVuelve que se convirtió en TT, durante la primera intervención de Iglesias, que rozó las tres horas, cambiaron de hashtag por un irónico #IreneVuelve.
Pero eso, ahora sabemos, era prácticamente solo el principio de este largo e intenso martes y 13. Hablando de principio, el resto del guión previsto se ha cumplido: aritméticamente, que es para lo que se presenta, la moción morada fracasará. Pero ha servido a Podemos para presionar al PSOE “para echar al PP” y para que Mariano Rajoy ponga en solfa las insuficientes simpatías que despierta Pablo Iglesias como posible presidente del Gobierno de España. Este miércoles, a partir de las 09:00, más.