El suizo perdió ante Haas después de parar desde el 2 de abril.
Roger Federer es un mito todavía en activo. Por eso se escudriña al milímetro cada pico y cada valle. Cuando el desplome de su potencialidad física arriba, la cúspide de la regularidad en la excelencia titubea y la irregularidad amanece, por muy alto que se haya estado en una disciplina deportiva. Rafael Nadal, recién ganador de su décimo Roland Garros, puede dar testimonio del inexorable peso del paso del tiempo. No obstante, que una leyenda que ha batido dos de los récords más complicados -jugador con más Grand Slams y con más semanas en el número uno de la ATP- caiga en la primera ronda de un torneo bien escogido chirría.
Y es que el helvético había decidido frenar su sorprendente inercia ganadora de 2017, suprimiendo de su calendario la tierra batida y arcilla, para regresar en la temporada de hierba en plenitud. Ese estudio del calendario y economía de los esfuerzos forman parte del resurgir al que la anatomía le condujo. Los cambios agresivos de terreno no le venían bien, cada vez más próximo a los 40 años y el de Basilea entendió que participar en muchos torneos y superficies, en busca de un buen ranking, no le beneficiaría más. En efecto, el Masters 1.000 de Cincinnati de 2015 sería su última victoria en un torneo relevante hasta la explosión saboreada en el prólogo del presente curso.
Empezó el año el suizo en ignición: su clase volvía a rimar con su despliegue físico para entregarse los entorchados de los masters de Indian Wells, Miami y, sobre todo, del Abierto de Australia. En todos esos envites derrotó con claridad a Rafael Nadal. Federer finalizó el 2016 como la decimosexta mejor raqueta del mundo. Muy lejos de la cima. Era la segunda vez desde 2003 en que no llegaba a diciembre entre los 3 primeros. Tenía que modificar algo de su planteamiento y en los primeros meses del presente ejercicio se refutó que la directriz tomada era la acertada.
Sin embargo, el traspié sufrido este miércoles ante Tommy Haas, de 39 años, 302 del mundo, invitado especial, en cuartos de Stuttgart, ha provocado una polvareda importante. Ese era el primer combate que Roger enfrentaba tras la elipsis voluntaria. Sabedor de su inferioridad en Roland Garros, se fijó Australia, Wimbledon y Estados Unidos como ilustres metas de este respingo. Pero en el primer peldaño de cara a la preparación del torneo británico se ha resbalado. El 2-6, 7-6 (8) y 6-4, en casi dos horas, hiela la sangre a un jugador hiperbólico que no competía desde el 2 de abril -final de Miami-.
La cuarta victoria del alemán en su rivalidad directa con el suizo (13-4 va la serie) sorprendió a todos. Federer había declarado que antes de visitar la hierba inglesa no frenaría ya en su preparación. Pero este abrupto e inesperado parón siembra de dudas el presente y futuro inmediato del ganador de todo. El favorito tuvo la opción de sellar un triunfo rápido, como le gusta, pero su contrincante salvó una bola de partido en el segundo set para remontar.
Sin embargo, su análisis rezuma templanza. Como siempre. Es por ello que cuesta desbrozar hasta qué punto entraba en el plan una derrota de este tipo en la estudiada hoja de ruta emprendida. "No me ha sorprendido mucho el nivel, ya sabía que sería un partido complicado. Lo supe desde el momento en el que vi que podía tocarme en el cuadro. Lo conozco muy bien, ya me ganó en hierba en Halle hace tres años. Sé que hace mucho tiempo de aquello pero siempre pensé que su estilo de juego era muy peligroso sobre hierba. Se ha movido muy bien, sabía que jugaría bien incluso habiendo jugado el día antes que yo. Tenía el partido controlado con set y break arriba, hasta que tuve un pequeño resbalón y todo se me complicó. Tommy jugó muy bien al final, ha sido una buena victoria para él", expuso, analítico, el cinco del mundo.
"Esta derrota me dará más tiempo para preparar Halle, aunque por supuesto que mi idea era la de permanecer aquí el máximo tiempo posible y darme así la mejor oportunidad posible para ganar el torneo aquí. En esto aspecto ha sido una decepción", confesó. "En realidad no es esto lo que esperaba, especialmente por ser en canchas de césped tan cerca de casa en Alemania, donde siempre he conseguido grandes resultados en mi carrera. Este inicio no ha sido lo suficientemente bueno para mí, pero tengo que mirar los aspectos positivos de este momento. Ya he estado en las pistas de hierba durante más de dos semanas", expuso un optimista Roger que prosiguió destacando que "es bueno jugar de nuevo un partido profesional. Ya siento el cuerpo de una manera diferente después de los entrenamientos, debido a todo el cansancio acumulado tras disputar mi primer partido en hierba".
"Puedo sacar varios aspectos positivos de este torneo, aunque haya sido vivencia demasiado corta, seguro que me servirá para tener una buena preparación de cara al torneo de Halle, donde seguro que la necesitaré. Creo que mis fans están felices de haberme visto de vuelta después de 10 semanas. Lo siento por ellos, me hubiera gustado seguir", concluyó un tenista que sigue visualizando Halle, un campeonato que ha alzado en ocho ocasiones, como la rampa de lanzamiento hacia el All England Lawn Tennis. Rafa Nadal, por su parte, ha decidido excluir Queen´s de su ruta hacia esa misma cita tras el esfuerzo parisino.