Rafa Nadal tenía una cita con la historia este domingo sobre la tierra batida de París y el español no faltó a su nuevo hito en la historia del tenis. El tenista de Manacor conquistó su décimo Roland Garros, lo que nadie había logrado hasta ahora en la era Open, tras imponerse al suizo Stanislas Wawrinka por 6-2, 6-3 y 6-1 en dos horas y cinco minutos de final.
Como un ciclón, Nadal no dio ninguna opción a Wawrinka en momento alguno del partido. Tras un breve período de cinco juegos en el que cada uno testaba a su rival, el español rompió la final en el sexto juego rompiendo el servicio del suizo para poner el 2-4. Desde ahí, la mente de Wawrinka se hizo pedazos ante el despliegue de Nadal.
Cayó el primer set por 6-2 en 42 minutos y siguió el vendaval en el segundo hasta el 3-1 con el que el suizo rompió la serie de 7 juegos consecutivos ganados por Nadal. El daño estaba hecho y la desesperación de Wawrinka se hacía patente en cada gesto, mirada y manera de jugar. Todo salía de cara al español: puntos imposibles, el azar de los toques en la red… Wawrinka asistía como espectador de lujo a una nueva muestra del mejor Nadal. Tal era el desquicio que lo acabó pagando con una de sus raquetas antes incluso de que acabara uno de los juegos. Incluso con un juego más, la segunda manga discurrió en menos tiempo que la primera. Cuarenta minutos para certificar el 6-3.
Antes del tercer set, ambos tenistas pasaron por vestuarios, el suizo tardó algo más que el español, tratando de poner orden en su cabeza y convenciéndose de que una remontada aún era posible. Pero pese a la introspección de Wawrinka, Nadal seguía sin miramientos. Abría la manga el suizo con su servicio, pero he ahí otro ‘break’ del manacorense para abolir cualquier atisbo de esperanza de su rival.
En el quinto juego, el más largo de la final, Wawrinka trató de hacerse con su saque contra viento y marea, pero su voluntad chocaba una y otra vez con el muro de Nadal, que le acabó rompiendo el servicio. Con el 1-4, ya era cuestión de llegar inevitable desenlace del 6-1.
Llegaban ambos tenistas a la Philippe-Chatrier con la vitola de imbatidos. En las finales de Grand Slam disputadas, por parte de Wawrinka, y en las finales de Roland Garros, por parte de Nadal. Este domingo le iba a tocar uno de ellos romper esa racha. Pero el 11 de junio de 2017 estaba reservado por Rafa Nadal para romper otra barrera del tenis: lograr diez Roland Garros.
Quedan en el horizonte los once Abiertos de Australia de Margaret Court y ya atrás los nueve Wimbledon de Navratilova. Nadal, de momento, regresa al número dos del mundo tras estar en ese escalón por última vez el 14 de octubre de 2014. Dos años transcurrieron sin que pudiera saborear la gloria de París, uno por lesión y otra tras caer antel el Djokovic más intratable. Hoy, lejos quedan las críticas y los malos momentos de los últimos tiempos. Este domingo, Nadal volvió a hacer suya la Copa de los Mosqueteros, entregada por su tío Toni Nadal como colofón al homenaje recibido en la pista, su pista.