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TRIBUNA

El poder de la prensa

viernes 16 de junio de 2017, 17:54h

Como decía Ortega en su “Rectificación de la República”, lo que en estos momentos necesita España es “pensar en grande”. Es este pensar un gábilo en donde se realice la necesaria arquitectura de un nuevo modelo democrático que salve a España de su travesía por el valle de Jericó. Dicha travesía debe ser investigada, creada, opinada y vigilada por los medios de comunicación, y, más exactamente, por la prensa. Pero ¿qué es la prensa española en estos momentos tan antiheroicos en este arcaísmo que es la nación española? Exactamente, la prensa, desde mi visión de albatros como opinador, debe optar sincrónicamente -esto es, a partir del actualismo de la historia- a la heroicidad. Es este heroísmo el que debe precisar el garbo y la danza del chotis de la Ciudad-Estado española. Insto desde aquí a la más absoluta y a la más urgente necesidad -hoy más que nunca- de la independencia de la prensa frente a los poderes públicos.

¿En qué consiste esta irrebatible independencia? Yo diría que en una doble secesión: por una parte, en la navegación en libertad ante el poder del capital del empresariado privado -esto es, el poder económico que manda en la prensa- que, como ejército del neoliberalismo, ejerce su prurito de influencia sobre la verdad o no del periodismo, y, por otra, a partir de la ruptura de posibles alianzas ideológicas con las diferentes mancomunidades políticas que, de manera solapada o incluso desde una vanidad desconcertante, intentan -aunque sólo quede en el intento en la mayoría de los casos- controlar o por lo menos aconsejar cuáles deben ser los editoriales de los periódicos nacionales.

Soy consciente que esta dualidad en pro de la independencia de la prensa no es tarea sencilla e incluso, como cerámica que se rompe tras tantos años de prehistoria, en muchas ocasiones una voz, una llamada telefónica, un email, una conversación en un cocktail, sitúan la ruina y el naufragio de la condición divina y humana que debe provenir desde la soledad y la ocupación del último ático de la libertad que debería originar la absoluta individualidad o el monismo de la prensa española. Toda presión sobre cualquier periodismo debe entenderse como una ataraxia de la globalidad del proceso democrático español. No son ingenuas mis palabras. A la vez que me hago cargo de que la independencia de la prensa española -en su casi totalidad- persiste y hace grande al tan afamado llamado “cuarto poder”. Prensa y poder no deben alternar el protagonismo de los diferentes personajes de la novela.

El periodismo es una épica objetiva que jamás debe ser desmantelada por esos validos que conforman toda generación política a la hora de no dejar que el testimonio épico de la prensa pueda leerse desde la luz verídica o desde ese “pensar en grande” al que aludía Ortega.

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