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ARTE QUE NO HARTA

Artistas desnudos

sábado 17 de junio de 2017, 19:00h

La perfección no existe, si acaso podemos pretenderla, a sabiendas de que nunca la alcanzaremos, o sea, la zanahoria del burro, ¿vale? Al menos nos hace andar y querer ser mejores, mejores que nosotros mismos, es la única cosa que podemos medirnos, si nos conocemos claro. El conocimiento de uno mismo es el más difícil posible, dice el que arremetió contra los molinos; pero es ese saber el que hace que podamos progresar, limar nuestras imperfecciones y amar de la mejor manera, como nos constata Ovidio.

Para el intérprete también es posible y obligado este mejoramiento. El concierto debe ser siempre una oportunidad, un reto y un disfrute, para el propio artista y el público. Un concierto son muchas cartas, no sólo una, puede que el segundo compás sonase muy feo, pero ahí está la oportunidad de que los siguientes sean espléndidos. En el concierto se refleja nuestra preparación, pero también nuestra personalidad. El escenario desnuda al intérprete, por eso debemos estar limpios, de espíritu… No hay interpretaciones perfectas, de hecho eso sería una ejecución; para eso ya tenemos a los ordenadores que pueden tocar todo perfectísimo y rapidísimo un millón de veces, vaya caca, ¿Quién quiere eso? ¿No estáis hartos del ordenador todo el día? El concierto es otra cosa.

Antes no se le daba tanta importancia a nada, en el barroco lo mismo servía un chelo que un fagot para hacer de bajo, igual daba una flauta que un violín para el agudo, el caso era tocar y por supuesto adornar e improvisar, insisto. Algo de esto quedaba en el clasicismo y ya más bien poco en el romanticismo, de lo que pasó después no sé si hablar.

Para los que vais con frecuencia a cosas de estas de la clásica no os descubro nada, pero cabe poner de manifiesto lo serios que estamos todos y lo sensibles que somos a unas tosecillas o a un teléfono que suena durante la sinfonía de turno, sin embargo cuando hay bises todo cambia, esa estricta atmósfera se convierte en una fiesta donde la gente aplaude e incluso comenta y vitorea cuando le parece, acabáramos, como ocurría en la época del Haydn, del Mozart y del Beethoven. Eso de que no se escuche una mosca vino después, siempre ha habido mucho finolis y mucho despistao que al no saber qué hacer o qué decir se decanta por la bandera del finolillo (las gafas de pasta son opcionales). Además, como intérprete os diré que precisamente suelen ser los bises lo que mejor sale de los conciertos, curiosamente lo que menos se ensaya, qué a gustito tocamos sin el corsé y sin el frac. #Elfrachamuerto

Para muestra un botón, ¿cuál es el bis más famoso de la historia? Ahí lo lleváis.

https://youtu.be/devpasbOcSI

Roberto Pálmer

Director artístico en DEOrquestal

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