Se celebra la fiesta del Corpus Christi. Por Rafael Ortega
Cristo siempre está en las calles, siempre está con nosotros, pero esta semana, el jueves hemos celebrado la fiesta del Corpus Christi, festividad que se ha extendido a toda España este domingo. El jueves hemos procesionado por las calles de Toledo, como caballero del Santo Sepulcro, tras la Custodia de Arfe, al mismo tiempo que en Granada, en Sevilla y en otras ciudades españolas el tradicional cortejo recorría las calles de las mismas.
Cristo ha estado en las calles de España y creo que es conveniente recordar las palabras del Cardenal Osoro, Arzobispo de Madrid, que con motivo de esta festividad nos ha invitado a preguntar a Jesús: “¿Dónde quieres que preparemos la Eucaristía? ¿Dónde deseas que la recibamos con amor? ¿Dónde quieres que te adoremos como Dios vivo? Y la respuesta es contundente: id a la ciudad, salid a ver a quienes llevan cántaros de agua para dar de beber a los demás, pero siempre para provocar en ellos lo que hizo con la samaritana; esta dejó su cántaro de barro y convirtió su vida entera en cántaro, y marchó corriendo a anunciar a su gente que fuesen con ella a ver a Jesús”.
Hoy más que nunca necesitamos de la presencia de Jesucristo en nuestra calle interior. Necesitamos de la Eucaristía como alimento vivo, porque como también nos decía el cardenal Osoro, “la Eucaristía nos lleva a servir siempre al hermano, al prójimo tal y como Jesús nos enseña en la parábola: acercarnos, agacharnos, curarlo, vendarlo, prestar nuestra cabalgadura, llevarlo a donde puedan cuidarlo y nunca desentendernos de él”.
Una buena lección, más necesaria que nunca, cuando vemos los desastres ocasionados por el terrorismo o por causas extrañas. El prójimo nos necesita más que nunca y nosotros que creemos tenerlo todo, necesitamos de él. No podemos habituarnos a las tragedias. Tenemos que afrontarlas y para ello nada mejor que la presencia permanente de Cristo y que esta presencia no se convierta solo en una festividad al uso, muy interesante para el turismo, pero vacía de contenido interior.
A la pomposidad de las procesiones de este jueves, que guardan las más puras tradiciones, me gustaría en este momento contraponer el leve paseo de un misionero con la Sagrada Forma en las manos, porque en su tierra de misión no hay custodias, y con cientos de personas que también recorren con Cristo “su calle”.