La historia política más impactante de mayo fue la de Pedro Sánchez levantándose de las cenizas para posicionarse como líder indiscutible del PSOE y dirigente de la oposición con más apoyo. A Podemos y al Partido Popular, los más golpeados en lo inmediato por este suceso, les urgía algún acontecimiento que les permitiera captar la atención del público y ambos dieron con la misma jugada: la moción del espectáculo.
Casi desde su presentación se conocía el destino fracasado que esperaba a la moción de censura presentada por el líder de Podemos, Pablo Iglesias.
Sin embargo, la organización de izquierda siguió adelante con el objetivo de mostrarse como el gran opositor del PP, a la vez que el partido de Gobierno les siguió el juego con la idea de que saldría favorecido al ser ratificado Mariano Rajoy en la presidencia.
La política es cada día más un espectáculo calculado en el que los actores políticos preparan sus guiones con el fin de destacarse ante sus audiencias. Y eso se vio el miércoles con las más de 10 horas de debate entre Iglesias y Rajoy, acto que contó con la apertura de la portavoz de Podemos en el Congreso, Irene Montero, a quien el líder del PP respondió directamente contra todo pronóstico para dar más importancia al evento.
Iglesias no dejó de repetir invitaciones al PSOE para que se uniera a su causa y prosperara la moción, un intento de dejar mal a su adversario socialista y así parar la sangría de electores que registran en las encuestas desde hace semanas.
La situación obligó a Sánchez a responder con un artículo publicado el jueves en El Mundo en el que se comprometió a trabajar por una “amplia mayoría” que desbanque al PP.
Sin embargo, Iglesias aprovechó su momento estelar de la moción del espectáculo para complicar esa “amplia mayoría” de la manera más indirecta posible. Aseguró estar abierto al entendimiento con los socialistas, pero “sin la muleta naranja”, una clara alusión a Ciudadanos que complica los caminos de Sánchez.
Además, unos de los rifirrafes más acalorados de toda a moción fue el que protagonizaron Iglesias y Albert Rivera, el líder de Ciudadanos, partido que fue acusado de “no servir para nada más que para respaldar al PP”.
El secretario general del PSOE tiene dos vías si quiere desbancar al PP en el futuro cercano: o pacta con Podemos y los partidos independentistas minoritarios, o lo hace con Podemos y Ciudadanos.
El primer camino depararía un gobierno muy difícil de manejar que pondría en peligro la unidad de España. El segundo es el ideal para él pero Podemos no parece estar realmente dispuesto aunque Albert Rivera fuera convencido (ya algo de por sí difícil).
Así las cosas, la moción terminó pero parece que seguirá el espectáculo.
Sánchez encabezó el congreso del PSOE el domingo y trató de bajarle revoluciones a la velocidad de la política. Luego de ratificar su liderazgo con el apoyo del 70% de los militantes para la Ejecutiva que propuso, en su discurso de cierre intentó mantener vivas todas sus opciones a futuro: habló de la plurinacionalidad de España, criticó la corrupción del PP y entabló la necesidad de lograr “pactos de Estado”.
Los socialistas necesitan un espectáculo pausado para poder crear una coalición que tenga oportunidades de debilitar al PP.
Por su parte, a Podemos le interesa más la intensidad para mostrar una oposición fuerte, y al gobierno esto no le viene mal mientras signifique su ratificación en el poder.
José Luis Sanchís
Franz von Bergen
Javier Pintado