La escritora asturiana Laura Castañón vuelve a la palestra tratando de agitar las emociones del lector después de la publicación de su primera novela, Dejar las cosas en sus días, hace ya cuatro años, donde demostró su capacidad para entrelazar vidas e historias. La noche que no paró de llover vuelve a poner de manifiesto sus dotes narrativas, sirviendo de consagración de su peculiar y particular estilo.
En La noche que no paró de llover se mezcla la visión de tres mujeres de generaciones y procedencias diversas, en una sola trama que recrea episodios decisivos de los últimos cien años de la historia española. La primera, los sueños y pesadillas de la anciana protagonista en fragmentos en primera persona identificados gráficamente. En segundo lugar, la reconstrucción de las sesiones de terapia narradas en tercera persona de la terapeuta que vive un maremoto sentimental. Y por último, el relato del difícil día a día de Feli, la empleada de la limpieza, junto a sus pinitos literarios que también tienen mucho de fisgoneo en la intimidad ajena.
La marquesa, apodo con el que conocen a Lancia Ana Valeria sus compañeros de la residencia geriátrica, vive marcada por lo que aconteció en una noche de primavera en el Gijón de la década de los años treinta. Además continúa atormentada por la relación que tuvo con su hermana, que en ningún momento fue buena, y quizás este martirio aumenta cada vez que contempla un sobre que su hermana le entregó antes de morir en el que escribió el perdón, carta que aún no ha sido capaz de abrir. Gracias a que comienza a acudir a la consulta de la psicóloga Laia poco a poco irá recomponiendo un puzle de una vieja historia llena de las heridas de la Guerra civil, de trágicas muertes y de la relación de celos, envidia y rivalidad que tuvieron ella y su hermana.
En este punto también conoceremos la historia de esta terapeuta que redescubre su sexualidad y trata de dar energías a Emma, de tal manera que pueda a su vez dar pasos decisivos de cara a su familia.
Y por último, tenemos a Felicidad, una mujer con una historia terrible a sus espaldas que casi es una broma del destino el que le acompañe ese nombre. La pérdida de sus padres, el fallecimiento de un hijo y otra serie de desgraciados acontecimientos marcaron su vida. Pero ella está dispuesta a dar un giro a su existencia y se ha apuntado a un taller literario con el deseo de convertirse en escritora, pero mientras tanto trabaja en el servicio de limpieza de la residencia donde vive Valeria. Precisamente por este empleo encontrará en la historia oculta de la distinguida anciana un estímulo a su vocación que además le puede servir de acicate para vencer la frustración que es signo de su existencia.