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TRIBUNA

Turismofobia

lunes 07 de agosto de 2017, 20:28h
Actualizado el: 08/07/2017 21:02h

Lo primero que pensaron los pasajeros del autobús turístico atacado por cuatro encapuchados en Barcelona, fue que estaban siendo objeto de un ataque terrorista. Con los tiempos que corren, no resulta extraño que se llevaran el susto de su vida. Que luego la agresión “se saldará” con grafitti en el vehículo rojo de dos pisos y las ruedas pinchadas, supongo que devolvió el ritmo cardiaco a los ocupantes, quienes, en todo caso, guardaran el desagradable incidente en la memoria, la de sus cabezas y sus Smart-phone. Allí junto a las estampas más populares captadas con sus cámaras y sus pupilas durante su visita a la Ciudad Condal. Ni siquiera esperarían a llegar a sus países de origen para contarlo a amigos y familiares, vivimos en tiempos de Twitter, Facebook e Instagram y uno retransmite casi en riguroso directo lo que se cuece a su alrededor, a no ser que, como en este caso, parezca más urgente intentar proteger a los críos o a uno mismo de lo que parece un secuestro o un atentado. Ya después, asimilado el mal trago, toca desahogarse en las redes.

¡Que no cunda el pánico! No lo digo yo, sino quien tiene que decirlo, es decir, el responsable del área de Turismo del Ayuntamiento de Barcelona, Agustí Colom. Para el concejal se trata de un acto aislado, a pesar de que en mayo ya fueran atacados dos hoteles del Poblenou con botes de humo y de pintura. “El turismo mata a los barrios” es uno de los lemas de Arran, la organización independentista y de “izquierda alternativa”, filial juvenil de la CUP, que ha colocado en su punto de mira a los turistas que recorren en masa Las Ramblas, se agolpan entorno a la Sagrada Familia e inundan las callejuelas del barrio Gótico. Días después del ataque al bus rojo, la citada organización reivindicaba su autoría a través de un vídeo distribuido – cómo no - por las redes sociales, denunciando que el turismo “condena a la miseria a la clase trabajadora”. Ignoro qué dirán los empleados del sector. En todo caso, es un hecho que el turista habitual de nuestro país, sobre todo en lugares de costa, no se caracteriza en general por el nivel cultural o su educación. Después de décadas “atrayendo” visitantes a base de ofertar por encima de todo el clima, la comida y los chiringuitos, ahora no podemos intentar cambiar la situación de la noche a la mañana. Que haya demasiados visitantes en busca de sol y borracheras a buen precio, no es excusa para agredir, asustar, rechazar ni culpar a TODOS los que vienen. Por mucho que la CUP declare “tan tranquila” que el asalto llevado a cabo por sus cachorros debe entenderse como un “acto simbólico”. ¿Simbólico de qué? ¿De que las cosas se arreglan montando bronca? ¿Con actos vandálicos que luego nos toca pagar a todos?

Personalmente, parto de que jamás me han gustado las masas (sean de guiris o vecinos) y que siempre me ha parecido que en determinadas zonas de nuestra costa o nuestras islas, en lugar de turismo, la estancia de extranjeros, sobre todo británicos y alemanes, se asemeja más a una colonización. Pueden pasar meses e incluso años en España, y pocos son los que demuestran interés genuino por quienes habitamos aquí, por nuestra forma de vida más allá de la siesta o la sangría, por nuestra cultura o nuestro idioma. Desde que empezaron a llegar hace décadas, abrieron sus propios bares de guiris, supermercados con productos de la madre tierra (la suya) y cuando alguna vez se aventuran en locales autóctonos, esperan ser atendidos en su idioma. Ni chapurrear gracias en castellano, ¿para qué? Aun así, cometidas estas equivocaciones que, para colmo, se han visto tremendamente agravadas con el turismo de borrachera, el sanitario y, últimamente, con el incordio que puede tocarle a cualquiera a quien abran en su edificio uno o varios apartamentos vacacionales, no creo que las cosas puedan cambiarse a base de sustos, pintadas, manifestaciones o desprecios. Que hay que regular el asunto está claro, pero ¿qué demonios ganamos cuando, por ejemplo, una pandilla de tipos con flotadores de colores se baña en el estanque que rodea el Guggenheim como acto de protesta? Como estas prácticas se exportan y contagian, Barcelona ya no es la única en sufrir el fenómeno del antiturismo. En San Sebastián, las pintadas de “Turist go home” empiezan a llenar fachadas y se ha convocado una manifestación contra el turismo para el día 17 de agosto, es decir, en plena Semana grande. Tampoco han faltado actos vandálicos en otros “destinos”, como Valencia o Mallorca. Las imágenes de una veintena de “¿jóvenes?” del colectivo independentista Arran Països Catalans en el muelle frente a la catedral de Palma de Mallorca, prendiendo bengalas y lanzando confeti – cierto, el confeti no duele - para protestar contra el turismo con pancartas que rezaban en inglés “El turismo mata a Mallorca” y “Aquí se está librando la lucha de clases” llevan días repitiéndose en los informativos de todas las cadenas, con Euronews a la cabeza.

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

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