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TRIBUNA

Despacito

lunes 14 de agosto de 2017, 20:15h
Actualizado el: 15/08/2017 11:08h

Adoro a Mari Trini. Sus canciones fueron un referente para muchas generaciones de mujeres luchadoras, como lo fue ella. Hay un club de fans que se dedica a analizar, verso a verso, su filosofía, y no acaban de sacarle jugo a aquella revolucionaria, que sigue vigente.

Hacen falta muchas Maritrinis que canten la opresión, la humillación y la anulación que el machismo ha infligido a la mujer, a la que ha convertido en invisible como el aire; pero como él, necesaria.

También tenemos, ahora, una Bebe, reivindicativa, pero mucho más hortera, que se queja del explotador y que el Instituto Vasco de La Mujer ha colocado en el nº 1 en el Hit Parade de las canciones que se escucharán en la próximas fiestas de Bilbao.

Parece que no es el alcohol sino la música, o mejor dicho, la letra de las canciones, el acicate para que los muchachos se desmadren y atropellen a cualquier chavala en medio de la juerga.

Yo tengo mis dudas acerca de si la mujer, tomada a la brava, satisface las necesidades sexuales imperiosas del macho, excitado por la orgía alcohólico-musical o, simplemente, es un ejercicio animal de autoconvencimiento de su poderío, cuando éste es mínimo en otros campos vitales, sobre todo si vamos en grupo y podemos grabar la hazaña y colocarla en Youtube.

Es mucho más cómoda una violación de la muchacha a la que hemos conocido en la romería que preparar unas oposiciones, para lo que sí se necesita un buen par.

Además, esto no se chulea con los amigos, ni entra en el ranking de la virilidad ostentosa.

Como canta Bebe, estos hombres tienen el cerebro entre la piernas. Pero tanto a Bebe como a Mari Trini les gusta el amor, que implica sexo con ternura, y supongo que a ninguna de ellas les importaría hacerlo despacito. Pues Despacito, que es la canción de moda del verano, pegadiza y agradable, ha sido echada a la hoguera por Emakunde, institución muy respetable y en vanguardia
del feminismo militante.

También en Irán, han prohibido “la zumba”, baile, al parecer, pecaminoso, que hace mover las caderas y los hombros, máxime si las muchachas lo hacen sin velo, que ya es pecado mortal y delito punible.

Quisiera creer que ambas prohibiciones son una coincidencia y no hacer paralelismo con fanatismos de índole opuesta. Yo, que oigo las canciones de la radio, que siempre tengo encendida como fondo a mis pensamientos, pero que no escucho, me he metido rápidamente en Internet a ver cuánto de machista y provocativa puede ser la letra de Despacito.

Y ¿qué queréis que os diga? Cuando se hace el amor despacito es que hay complicidad y no agresión. ¿Qué tiene esto que ver con una violación de aquí te pillo y aquí te mato? A mí me encantaría que mi chico me desnudara a besos despacito e hiciera de mi cuerpo todo un manuscrito firmando en las pareces de mi laberinto, y que pasito a pasito, suave suavecito, nos fuéramos pegando, poquito a poquito…

Y, además, que me lo cantase. ¿Qué es lo que molesta? ¿Qué sea el chico y no la chica el que tome la iniciativa? Es que parece que la moza está un poco remisa y no acaba de decidirse, y, claro, él la quiere convencer de que ella es el imán y él el metal atraído- mira si es bonita la imagen-, para que se anime, porque se lo van a pasar muy bien amándose los dos.

Despacito.

Me preocupa la actitud de Emakunde que solamente ve en una dirección: la reivindicativa. Y también que haya elaborado un catálogo, encabezado por Mari Trini y Bebe, de canciones feministas lo que indica que solo existe una interpretación: la suya, que está a la defensiva. Se parece mucho más a los ayatolás iraníes que a una asociación de mujeres libre s y librepensadoras. Me recuerda a la Sección Femenina.

La madurez de una institución se mide por la capacidad de ironizar sobre sí misma. Tenemos muchos chistes cristianos, mientras que los musulmanes no aceptan una broma acerca de su Profeta, lo que indica, a mi entender, inseguridad confesional.Lo de la lista de canciones con lábel de calidad feminista, me parece una estrategia errónea para evitar atropellos en las verbenas. La mayoría de las letras de nuestro cancionero, tan asépticas al parecer, encierran connotaciones sexuales. Unas son muy machistas, pero otras tan feministas como las que más. Recuerdo ahora una jota castellana, “La Sinda”, que dice…


“Ahí la tienes, báilala
no le rompas el mandil.
Mira que no tiene otro
la pobrecita infeliz”.


Toda mi vida creí que el mandil era el delantal y la Sinda una pobre muchacha que iba a por agua a la fuente. Pero el mandil significa el himen. Y la canción enviaba un mensaje, que entendían todos los hombres. La Sección Femenina no nos lo había aclarado, porque en aquellos tiempos no se hablaba de esas cosas.

Creo que Emakunde, en esta ocasión, se está pasando un pelín. Y a una, que es una adolescente irrecuperable, le gustaría tener un chico maravilloso con el que poder hacer el amor Despacito.

Kepe Zuri

Escritora

KEPE ZURI es escritora

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