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Juana Rivas no está por encima de la ley

martes 15 de agosto de 2017, 10:23h
Actualizado el: 16 de agosto de 2017, 11:12h

Ayer tuvo lugar una concentración frente a los juzgados de Granada en respaldo de Juana Rivas, y más de una decena de ciudades españolas se sumaron a la iniciativa. Estas manifestaciones no son las primeras que se producen desde que este caso saltó a los titulares de los medios de comunicación convirtiéndose en especialmente mediático. En las concentraciones de ayer volvieron a repetirse, corearse y escribirse en pancartas lemas como “Todos somos Juana Rivas”, “Juana Rivas está en mi casa”, “Los hijos de Juana Rivas en peligro” o “Protejan a los hijos de Juana Rivas”. Lo novedoso es que, en el marco de estos actos, Juana Rivas dio señales de vida por primera vez desde el pasado 26 de julio, momento en el que huyó con sus dos hijos para evitar entregárselos a su exmarido, condenado por malos tratos.

En las concentraciones se leyó una carta donde Juana Rivas explica que se llevó a los niños porque viven “una historia de terror” que no se refleja en el informe de la Fiscalía y el Juzgado, pide a la juez que se ponga en su lugar y asegura que sabe que está huida, pero que no está haciendo “nada fuera de la ley”. Todo aquel que no sea fríamente insensible e incapaz de empatizar con el otro, sobre todo si es alguien que se encuentra en situaciones complicadas y dolorosas, se pone en el lugar de Juana Rivas y le ofrece su solidaridad. Pero eso no debe implicar que se santifique su fuga, o incluso se ponga como ejemplo a seguir, o que se acepte que, como ella dice, no está haciendo nada fuera de la ley, apreciación que tergiversa la realidad.

La violencia de género es un delito especialmente repulsivo, que con toda razón causa gran alarma social. La sangría de mujeres asesinadas a manos de sus parejas o exparejas es una vergonzosa lacra que a todos nos concierne, por lo que es preciso espolear sin descanso para que el reciente Pacto de Estado contra la violencia machista, sin duda un paso adelante, se aplique sin tardanzas y no haya ni la menor posibilidad de que se quede en papel mojado.

Ser víctima de violencia de género merece y exige apoyo, y nadie se lo niega a Juana Rivas. Pero no es un salvoconducto para saltarse las leyes, aun aquellas que se consideren mejorables o hasta injustas, pues existen otros mecanismos. Violar la ley es una tentación muy peligrosa, un torpedo contra la línea de flotación de la democracia, una forma de gobierno en que resulta imprescindible, como bien señaló Ortega, el entusiasmo por la ley. Por encima de ella no está Juana Rivas ni nadie.
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