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POR LIBRE

Puigdemont, derrotado; Rajoy, achicharrado

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
domingo 01 de octubre de 2017, 19:00h
Actualizado el: 10/01/2017 19:24h

Ni la Cuba de Castro, ni la Venezuela de Maduro, ni la Turquía de Erdogan, ni siquiera la Guinea Ecuatorial de Obiang habrían tenido la desfachatez de celebrar un referéndum o una votación de barrio con tan nulas garantías democráticas. Sin censo, sin papeletas oficiales, sin sobres, sin urnas transparentes y precintadas, sin Junta Electoral, sin la presencia de los miembros titulares de las mesas electorales que no recibieron las notificaciones (fueron ocupadas por voluntarios secesionistas),con un buen número de colegios cerrados por las fuerzas de seguridad, con un censo universal (inventado una hora antes de comenzar la jornada) para que cada cual pudiera votar donde le apeteciera, con una página web creada a mediodía para participar sin la más mínima garantía de poder registrar los nombres, con urnas en la calle donde la gente depositaba las papeletas sin que nadie apuntara ni cotejara sus datos, con el sistema informático bloqueado y un infinito etcétera de irregularidades.

La maquinaria del Estado con el Tribunal Constitucional, el Tribunal Superior de Justicia Catalán, la Guardia Civil y la Policía ha aplastado el referéndum. Ha derrotado a Puigdemont por goleada. El presidente de la Generalidad ha hecho el ridículo, no ha podido celebrar su referéndum y todo lo que diga o haga a partir de ahora no vale nada.

Pero aunque estos son los hechos objetivos, la manipulación de los medios de comunicación del régimen secesionista y los incontables voceros que se han apuntado al tumulto, en especial el cínico de Pablo Iglesias, van a aprovechar los tristes sucesos de este domingo para intentar patear el llamado régimen del 78 y, de paso, a España, que es el objetivo que les une.

Y es que Rajoy se lo ha puesto en bandeja al tomar unas medidas melifluas y tardías, que han desembocado en las algaradas que muchos habíamos vaticinado, en los enfrentamientos de las fuerzas de seguridad con los radicales, en las fotos que darán la vuelta al mundo de los antidisturbios cargando contra los desamparados manifestantes, de las balas de goma atronando, de los heridos sangrando. El presidente del Gobierno ha caído en la trampa y ha regalado a los delincuentes de la Generalidad la excusa para denunciar la “represión del Estado fascista”, argumento que muchos medios de comunicación pánfilos y desinformados de todo el mundo harán suyo.

Las fuerzas de seguridad se han limitado, a las órdenes de la Justicia, a intentar evitar que se votara con normalidad. Pero estaba cantado que los radicales teledirigidos por la CUP y el propio Puigdemont iban a plantarse a pecho descubierto, precisamente para eso: para provocar enfrentamientos y hacer creer a los progresistas más lelos que el Gobierno no les dejaba ejercer libremente su voto, su “derecho a decidir”. Cuando lo que intentaban la Guardia Civil y la Policía Nacional era cumplir con su deber, que no es otro que hacer cumplir la ley cerrando los colegios electorales y requisando las urnas.

Pero también es verdad que Rajoy ya hace meses, si no años, podía haber tomado medidas contundentes para evitar, como se veía venir, que España fuera burlada por una pandilla de delincuentes fanáticos. Podía haber aplicado el famoso artículo 155 y suspender la autonomía catalana o, al menos, podía haber ordenado a la Fiscalía que imputara a Puigdemont y a su cuadrilla para que fueran inhabilitados. Quizás, como muchos otros ingenuos, pensó que los secesionistas se echarían atrás a última hora.

También ha propiciado Rajoy que al final, aunque chapuceramente, han abierto suficientes colegios electorales para que las televisiones emitieran las colas de los ciudadanos que votaban con normalidad, como si aquello fuera algo serio, legal y democrático. Y va a permitir a Puigdemont y demás secuaces hacer un recuento, por fraudulento que sea, y de proporcionar altos grados de participación y, por descontado, con una brumadora victoria del sí. Y los delincuentes de la Generalidad, en unos días, proclamarán la independencia desde el Parlamento catalán o en el balcón del Palacio de San Jaime. Y lo harán. Se desconoce la respuesta de Rajoy.

Hay quien dice que a partir de este día 2 hay que dialogar. Que ya es hora de hacer política. Pamplinas. Tal vez sea la hora de hacer Justicia, encarcelando a Puigdemont y su cuadrilla por múltiples delitos, entre ellos el de rebelión, y pidiendo la cabeza de Rajoy, que ha salido trasquilado y achicharrado de esta tragedia. Quizás vengan otros que arreglen el desaguisado, aunque lo tendrán difícil, porque Cataluña ha quedado partida en dos y España, pisoteada.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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