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DESDE ULTRAMAR

Entre un centenario y un deceso regio

Marcos Marín Amezcua
jueves 07 de diciembre de 2017, 20:02h
Actualizado el: 12/07/2017 22:49h

Conmemoramos el centenario de Finlandia, mientras nos enteramos del deceso del rey Miguel I de Rumanía.

Finlandia celebró el 6 de diciembre de 2017 haberse constituido como nación soberana. Es un país interesante que a la distancia nos parece tan ordenado. Y rebosante de cualidades, reconocido por su sistema educativo y por su orden social. Se lo han jugado cual pelota de ping-pong entre suecos y rusos y justamente hace un siglo, proclamó su independencia. Ello en el marco del desbarajuste que acarreó la Revolución Rusa abriéndole las puertas a ese gran ducado desafanándose de los rusos trocados en soviéticos, aunque los enfrentaron después en la Guerra de Invierno (1939-40) y en una secuela de 1941, en plena invasión nazi a la URSS.

Finlandia debió sortear las consecuencias, penduleando entre ambos bloques resultantes de la Segunda Guerra Mundial y perdiendo Carelia y su modesta salida al mar Blanco, cerrándole el paso la Unión Soviética. El verano pasado los monarcas escandinavos aprovecharon el buen clima para congregarse en Helsinki y participar de este centenario.

Y obedeciendo a esta celebración consulté a mi amigo Luis Merino, a caballo entre dos mundos y seguidor del grupo Wintersun, quien ha residido en Finlandia y fue becado por la universidad de Vaasa, perfeccionando su finés, y que accedió a expresar algunas ideas alusivas:‘Suecia no somos, rusos no queremos ser, seamos entonces finlandeses’. Esta frase sonaba constantemente en el invierno de 1939, tras la abusiva invasión soviética en plena guerra civil finlandesa. Las siguientes dos décadas a ella fueron terriblemente difíciles para un pueblo condenado a consentir la diplomacia alemana de los años treinta y forzado a pagar daños de guerra y a ser bloqueado momentáneamente. Finlandia fue el primer país en pagar su deuda después de la Segunda Guerra Mundial. Invirtió en escuelas y mejoró sus reformas públicas en materia de educación. Mientras Noruega se hacía rica e importaba tecnología de fuera para explotar sus yacimientos petrolíferos, los finlandeses cortaban madera y levantaban bibliotecas y centros de enseñanza como ningún país en el mundo (solo Japón pudo igualarlo en los años setenta). Finlandia empezó a meterse de lleno en el campo tecnológico y avanzó como sus vecinos. A finales de los ochenta ya con una abundante clase media, sus modelos de educación media superior eran por mucho la envidia en Europa. En 1992 Nokia se hizo a la tarea de conectar al mundo, pionero mundial en tecnología de móviles celulares y productor importante de softwares.Finlandia había ya, despegado a un nuevo escenario. Hoy en día es sinónimo de profesionalismo y transparencia. Desde que uno se inmiscuye en su lengua, es posible entender la totalidad del gentilicio, y sobre todo ver la forma en que ellos ven las cosas. En el idioma finés no hay géneros, todo es neutro y el tiempo futuro no existe. Si uno quiere expresar que hará algo en el futuro, tiene que afirmarlo en tiempo presente, por lo cual un finlandés no te dirá "estaré contigo para siempre", sino que dirá "voy a estar contigo para siempre".

Mi amigo Fernando Ramos cerquita de allí me dice: “Hasta donde se no son fan del señor Putin. Pero lo que puedes observar es en 100 años han salido adelante en muchos aspectos mejor que nosotros (México). Quizás sea una historia de la cual deberíamos aprender más y analizar qué hicieron bien y reutilizar”.

A estas apreciadas impresiones agregaré un episodio que siempre me ha resultado curioso de aquel país: la fugaz monarquía finlandesa, surgida a finales de 1918, al tiempo que se derrumbaba el Imperio alemán que la cobijaría. Un cuñado del emperador Guillermo II fue elegido rey de Finlandia, vista como un satélite alemán. Casado con la princesa Margarita de Prusia, nieta de la reina Victoria, accedió al trono que jamás asumió, renunciando pronto a tal un 4 de diciembre de 1918, pasado poco más de un mes de la abdicación del Káiser. Con Maud de Gran Bretaña reinando en Noruega y su prima, la mal lograda Margarita de Connaught como heredera a la corona sueca, a la postre la monarca británica hubiera colocado tres nietas como reinas consortes en Escandinavia. No pudo ser, finalmente. Solo permaneció la primera, esposa de Haakon VII.

El tema monárquico me hace dirigir la mirada hacia Rumanía por el óbito del rey Miguel I el 5 de diciembre de 2017. Tataranieto de la reina Victoria, pues otra nieta de aquella, María de Edimburgo –prima de las referidas en el párrafo precedente y de Victoria Eugenia, que casara con Alfonso XIII de España– se desposó con Fernando I de Rumanía, abuelo de Miguel, quien perteneció así a la generación de sus primos Juan Carlos I y Sofía, junto con Isabel II, entroncando con la afamada “abuela de Europa”. Sobre el monarca rumano tengo el grandísimo honor de extenderle las aquilatadas palabras que desde Bucarest me obsequia generosa mi amiga Marcela Croitoru, describiendo lo acaecido. Un verdadero honor.

“Yo quiero mucho al rey Mihai. Durante el comunismo, junto a mis abuelos, lo escuchabamos en la Radio Europa Libre por la Pascua y por la Navidad. Nos daba ánimo para resistir y para esperar el cambio. Lo esperé, junto a muchos bucarestinos, en 1990 cuando volvió a casa la primera vez, después de la Revolución de 1989, pero no se permitió bajar del avión al rey y a la reina y tocar la tierra de la patria. Tuvieron que volver a Suiza sin tocar el suelo del país cuyo rey había sido. Volvimos tristes a casa. Lo esperamos muchos más en 1992 por la Pascua cuando, por fin, se le permitió venir a su país.. El rey Miguel (en rumano, Mihai) fue una gran personalidad de nuestro país, ha sido un modelo de dignidad humana, de verticalidad y modestia para todos los rumanos. Estamos profundamente entristecidos y doloridos por el fallecimiento de nuestro rey.”

Así, desde a vieja Europa nos llegan a ultramar estas noticias relacionadas con su memoria y su vigencia. Nos muestran distintos rostros de un continente que los tiene y no los oculta.

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