www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TIRO CON ARCO

Suspenso en geografía

Dani Villagrasa Beltrán
martes 16 de enero de 2018, 19:26h
Lo que más llama la atención en Berlín es la extraña nostalgia que se respira en una ciudad que por nada del mundo querría volver al pasado, pero que muestra su derrota, sus heridas abiertas, casi como una victoria. En el este de Alemania inventaron la Ostalgie, un juego de palabras para evocar lo que algunos echaban de menos del antiguo régimen de la República Democrática: los Trabant, la Vitacola, todo lo que se desvaneció de repente, como en aquella película, Goodbye, Lenin, esa engañosa felicidad perdida. Machacada por los totalitarismos del siglo XX, unificada, Berlín quiere ser la verdadera capital simbólica de Europa: sus ojos ya nunca más serán severos, porque nadie se ha equivocado tantas veces sin dejar de asomar un poso de humildad, o de sabiduría. Es cierto que se han dado movimientos contra el turismo, que hay un cierto hartazgo de ser una especie de Disneylandia del horror - sus monumentos son búnkeres, enormes solares de antiguos ministerios nazis, iglesias melladas bajo las bombas aliadas o los restos del muro que dividió el mundo-, que en la crisis ejerció de austera madrastra del sur, pero frente a París, Londres o Roma, Berlín simboliza la unión como ningún otro lugar de Europa.

Los mismos colores, con distintos escudos, tenían las banderas de la República Federal y la República Democrática, como también comparten colores las enseñas de Colombia, Ecuador y Venezuela. Cuando ganó el premio Rómulo Gallegos, Roberto Bolaño confundió en su Discurso de Caracas todo lo que podía confundir, Caracas con Bogotá, los poetas caraqueños con los bogotanos e hizo que todo el Continente americano fuera una gran confusión patafísica. Así se las gastaba: “A mí lo mismo me da que digan que soy chileno, aunque algunos colegas chilenos prefieran verme como mexicano, o que digan que soy mexicano, aunque algunos colegas mexicanos prefieren considerarme español, o, ya de plano, desaparecido en combate, e incluso lo mismo me da que me consideren español, aunque algunos colegas españoles pongan el grito en el cielo y a partir de ahora digan que soy venezolano, nacido en Caracas o Bogotá, cosa que tampoco me disgusta, más bien todo lo contrario”.

Roberto Bolaño escribió lo mejor de su literatura en Blanes, provincia de Gerona, Tractoria, según algunos partidarios de Tabarnia. “Hoy, ningún escritor civilizado quiere ver su nombre al lado de ninguna clase de nacionalismo identitario”, escribió hace poco Manuel Vilas. Nombraba a Juan Goytisolo, cuya tumba está en Marruecos. Cernuda, en México. Machado, en Francia. No me extrañaría que Bruselas se convirtiera en capital de la Cataluña imaginaria.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (6)    No(0)

+
0 comentarios