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TRIBUNA

El himno de Marta

Juan José Vijuesca
miércoles 21 de febrero de 2018, 20:50h
Actualizado el: 21/02/2018 21:03h

Que muy bien pudiera ser el himno de España tan denostado él hasta la fecha por su orfandad en letra. Intentos fallidos, muchos que se sepan. Dar gusto a todos es como cursar invitaciones de boda, casi nunca se acierta aunque más de uno lo celebre a escondidas cuando no resulta invitado, y no tanto por la omisión, sino por el ahorro económico. Pero esto es necesario, más serio. Ponerle letra al himno es como templar gaitas y que los acordes escriban sentimientos en el aire.

Marta Sánchez ha abierto ese melón que tenemos en cautiverio para las grandes ocasiones y nos invita a todos a degustarlo porque es una fruta perecedera. Yo soy muy de Marta Sánchez aunque confieso que más en tiempos de Olé Olé, aun así es una mujer de éxito. Y como las que valen lo valen por méritos propios, pues se ha subido al escenario del teatro de La Zarzuela y ha animado al personal con mucha música en concierto. Lo de levantar ánimos ya lo hizo ante las tropas españolas destacadas en la Guerra del Golfo Pérsico cuando alentó a los soldados ante el sentimiento armónico de lo que se echa en falta en lejanía. Y ha vuelto a fortalecer ánimos de los presentes porque nos ha traído desde Miami una letra con calzador para el himno español, tan huérfano él desde hace varios siglos.

“Vuelvo a casa, a mi amada tierra, la que vio nacer mi corazón aquí. Hoy te canto para decirte cuanto orgullo hay en mí, por eso resistí. Crece mi amor cada vez que me voy, pero no olvides que sin ti no sé vivir. Rojo, amarillo, colores que brillan en mi corazón y no pido perdón", Grande España, a Dios le doy las gracias por nacer aquí, honrarte hasta el fin. Como tu hija llevaré ese honor, llenar cada rincón con tus rayos de sol. Y si algún día no puedo volver, guárdame un sitio para descansar al fin"

A esta letra creada por Marta le falta público. Que a buen seguro lo tiene España y de sobra, pero hay que romper aguas de una vez por todas porque a cualquiera que se precie en sentir la procedencia de sus raíces es conveniente acercarle la palabra como el poeta lo hace cuando descubre la honra de su mejor verso. A buen seguro las voces rancias saldrán a menoscabar este solo de voz que dicho sea sirvió para arrancar los aplausos de los asistentes al concierto; y es que a veces hay que desnudarse para comprobar que todos tenemos ombligo, ya saben, esa cicatriz que queda tras cortar el cordón umbilical que nos une aunque estemos separados.

Pues sepan de todo aquél que viviendo del menosprecio lo único que éste alcanza es a emplear la sordina de su afán opositor, que no es otro que ver en todo himno escondidas parábolas o nada más que críticas directas a determinadas realidades sociales. Nada más lejos, pues los acordes de un país son las señas de sus forjadores, algo que en cultura de convivencia se llama respeto de valores, pero ya sabemos que no es tarea fácil desde que se ha instalado entre nosotros esa especie de hispanofobia gracias a los quebranta sistemas y sus adláteres más sibilinos.

La apoplejía que invade nuestra sociedad actual anclada en ese buenismo hipócrita nos hace entregar la cuchara a la primera de cambio, de tal manera que estamos más pendientes de la blasfemia programada que de salvaguardar todo aquello que nos hace ser españoles de pleno derecho. La bandera, el himno, la letra que aflora gracias a Marta Sánchez, son cuestiones de orgullo como sucede en cualquier parte del mundo. Permitan que elija uno de esos ejemplos de entre los cientos de países que guardan para sí su mejor estado de unidad: Nueva Zelanda con su himno: “……Dios defienda nuestra tierra libre de la disensión, la envidia, el odio y la corrupción, protege nuestro Estado. Haz nuestro país bueno y grande. Dios defienda Nueva Zelanda, la paz, no la guerra, será nuestro alarde, pero si los enemigos deben asaltar nuestra costa, haznos entonces un poderoso ejército. Dios defienda nuestra tierra libre del deshonor y la vergüenza”

Solo hay tres himnos en el mundo que carecen de letra: el español, el de Bosnia-Herzegovina y el de San Marino. Ya me dirán ustedes si la Marcha Granadera que dio origen al actual Himno Nacional desde tiempos de Carlos III, no tiene ahora la ocasión de ponerse a la altura de lo que nos representa en valores. Pese a quien le pese, ya es hora de dar el cante a quienes reniegan de ser españoles. Olé, Olé por Marta Sánchez. Al menos ella sí se ha atrevido.

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