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TRIBUNA

Pedagogía democrática para separatistas

lunes 02 de abril de 2018, 21:01h
Desde que Aristóteles llamara Democracia al régimen político consistente en el gobierno del pueblo, la palabra democracia se ha mitificado de tal modo que nadie está dispuesto a prescindir de ese nombre para prestigiar su anhelo político. De ahí que se haya llegado a hablar de muy distintos tipos de democracia: Democracia formal, democracia real, democracia popular, democracia capitalista, democracia de partidos, democracia orgánica y otras denominaciones claramente ideológicas al no atenerse a un estándar mínimo de objetividad.
Decía Roland Barthes el mito es una palabra despolitizada en cuanto que "está constituido por el desperdicio de la cualidad histórica de las cosas". Por eso, el nombre mítico despolitizado hoy por excelencia, universalizado y banalizado a un tiempo, es el de democracia, en cuanto que se ha convertido en una ficción deseable que puede ocultar realidades políticas muy diversas, algunas de las cuales son absolutamente abyectas, pero que para R. Dahl tienen el mismo derecho a llamarse democracias. Aquí y ahora podemos hablar de un nuevo sentido de democracia, la democracia a la catalana de los separatistas. Consiste en la inversión absoluta de la realidad, o sea, la mentira absoluta. Así, si los separatistas han dado un golpe de Estado, es el propio Estado el que se ha dado un golpe de Estado a sí mismo. Si la rebelión ha sido visiblemente violenta y lo sigue siendo, ellos son más pacíficos que Ghandi. Si el Estado les ha prestado dinero, porque tenían un bono basura, "España nos roba". Si se saltan todas las normas habidas y por haber, ellos son inocentes y el castigo de los jueces es arbitrario. Sustituyen la palabra "legal", que no conviene pronunciar a quien no respeta la ley, por el concepto confuso de "legítimo", pero que en todo caso tiene un componente moral inequívoco, moral de la que ellos parecen carecer por completo. Para ellos la democracia consiste en votar lo que sea y de cualquier modo. Por eso, sus representantes políticos, puesto que han sido elegidos por el pueblo, no tienen que responder ante la justicia por sus crímenes. Etc, etc.
G. Balandier dice que "el objetivo de todo poder es el de no mantenerse ni gracias a la dominación brutal ni basándose en la sola justificación racional". De acuerdo. Pero la democracia es una palabra que debiera significar tender lo más posible a una validación racional de la política y el poder. Y me parece que el modo menos ideológico y más asépticamente racional de entender la democracia es subsumirla bajo el concepto de juego.
Aunque se suele distinguir entre juegos de azar y juegos de estrategia, parece que todo juego se caracteriza por el sometimiento a unas reglas, que un contendiente no puede saltarse a su arbitrio en el curso de la partida sin hacer trampas. Evidentemente, la política es un juego más de estrategia que de azar, aunque no esté libre de la probabilidad que caracteriza a este último. Si en el juego democrático alguna vez se varían las reglas que lo rigen, lo racional es que sea con el consenso de todos los participantes en el juego. La sociedad catalana aceptó entrar con una inmensa mayoría en el juego democrático y constitucional de 1.978 de acuerdo a unas normas que no puede romper unilateralmente, apoyada por una minoría muy minoritaria en relación al conjunto de la población catalana y española. Por eso, los separatistas catalanes han resultado ser contendientes tramposos, por no decir traidores a sus compromisos de hace 40 años, en esta partida en la que se juega de modo fundamental el porvenir de la Nación.
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