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POR LIBRE

La España cabreada

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
domingo 29 de abril de 2018, 19:47h

España empieza a parecer un un país lleno de indignados, de cabreados, de desahuciados. Cada día, miles y miles de ciudadanos se echan a la calle para protestar por lo que sea, para vociferar consignas contra los poderes públicos o menos públicos. Los políticos más radicales y buena parte de los medios de comunicación jalean a las masas sin respiro.

Desde hace ya demasiado, casi a diario los separatistas catalanes se arman de esteladas para reivindicar sus ilegales derechos, para pitar al himno, al Rey, para quemar banderas españolas o amenazar a los que llaman fascistas españoles. La ridícula subida del 0,25 por ciento de las pensiones anunciada por el Gobierno (ya corregida) provocó movilizaciones en todas las calles españolas. El máster de Cifuentes convocó a miles de estudiantes para pedir su dimisión y echar a todos los dirigentes de la Universidad Rey Juan Carlos. Y ahora, la polémica sentencia de la Audiencia de Navarra sobre los integrantes de La Manada ha servido de excusa para reunir a cientos de miles de ciudadanos e increpar a los “misóginos y fascistas” magistrados.

El Gobierno está mediáticamente acorralado. Las televisiones podemitas, los diarios y las redes sociales disparan sin tregua contra todo y contra casi todos. Para la mayoría de los analistas, España se hunde en medio de una histórica catástrofe institucional. Los partidos se cruzan insultos, los tertulianos se desgañitan señalando horrores por doquier. Nuestra nación parece incendiarse por los cuatro costados.

Pero la realidad es otra. La gente está harta de tanta bilis. Los articulistas y diarios desaforados se quedan sin lectores, aunque los defensores de la moral hacen más trampas que un trilero. Las cadenas teñidas de morado resultan repetitivas e insoportables: los mismos tertulianos de la izquierda radical atizan sin piedad a los mismos “sparrings” de derechas que salen con los ojos morados. Y, eso sí, Rajoy siempre es señalado como el máximo culpable de todo.

Por eso, en este interminable puente, las carreteras se han llenado de ciudadanos que huyen de tanta indignación impostada, de tanta matraca mediática para dejar atrás la ira de unos pocos que aparentan ser muchos más. En España hay políticos corruptos, sentencias injustas, pensiones ridículas. Y los ciudadanos tienen el derecho a manifestarse cuando creen que se ha cometido una injusticia. Pero en nuestra nación la economía crece, disminuye el paro, la seguridad ciudadana es de las mejores del mundo y la gente vive mejor que en la mayoría de los países. Naturalmente, que muchos españoles sufren todavía los coletazos de la crisis. Pero, tenemos la fortuna de vivir en una nación privilegiada, aunque algunos prefieran negarlo.

España es un país admirado en el mundo. Contamos con grandes profesionales en todos los terrenos: la cultura, la ciencia, el deporte, la empresa... Nuestra nación es la segunda que más turistas recibe del mundo por el sol y las playas, claro, pero también por la cultura, la gastronomía, la seguridad... Pero los llamados creadores de opinión y los políticos más radicales y destructivos disfrutan emponzoñando el ambiente, desde el pesimismo que siempre han propugnado los agoreros.

En democracia, la mejor manifestación ciudadana se produce cuando se vota. Pero la calle es de todos, no solo de un siniestro grupito de indignados que se limita a gritar, colapsar las ciudades y hacernos creer que vivimos en un país tercermundista, cuando es todo lo contrario: un país moderno, con una democracia asentada y un Estado de Derecho envidiable. Solo hay que salir a la calle a dar un paseo para comprobarlo. Naturalmente, si en la calle no hay una manifestación ese día.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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