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Piketty, en el punto de mira

Diego Medrano
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diegomedranotelefonicanet /12/12/23
martes 12 de junio de 2018, 20:00h

Thomas Piketty es el santón económico de la modernidad, el diálogo inmediato a Marx, el gurú moderno, su detallada explicación del aumento de la desigualdad en las últimas décadas suscitó un encendido debate político que aún continua. ¿Son ciertos sus análisis? ¿Es acertada y afortunada su percepción de la desigualdad y los objetivos de crecimiento? Los mejores economistas del mundo (dos premios Nobel: Krugman y Solow en la saca) dan respuesta al teórico en torno a consecuencias sociales, políticas, económicas en la espita de la hoguera entre desigualdad, pobreza y tecnología, además de esclavitud y la compleja naturaleza del capital: Debatiendo con Piketty (Deusto). Justin Wolfers (Universidad de Michigan) da en una de las dianas con impacto certero: “El trabajo de Piketty consiguió lo que décadas de una creciente desigualdad no pudieron hacer: recordó a los macroeconomistas que la desigualdad importa”. Los científicos sociales más ávidos responden a otros razonamientos sobre capital, tecnología, poder, género, raza y privilegios.

Siete son los puntos en que Piketty, a título de síntesis, centra su pensamiento: 1) La ratio que mide la relación riqueza/renta evolucionará hasta llegar a un nivel equivalente al ahorro neto y la tasa de acumulación, divididos por la tasa de crecimiento. 2) El paso del tiempo lleva inevitablemente a la concentración de la riqueza en las manos de un grupo relativamente pequeño. Una sociedad en que la tasa riqueza/renta arroje una ratio elevada será una sociedad con una distribución extremadamente desigual de la riqueza. 3) Una sociedad con una distribución extremadamente desigual de la riqueza también resultará en una distribución extremadamente desigual de las rentas, ya que los más ricos manipularán las políticas económicas u otros factores, para sí mantener sus tasas de rentabilidad en niveles sustanciales, evitando lo que Keynes llamó “la eutanasia del rentista”. 4) Con el paso del tiempo, una sociedad con una distribución extremadamente desigual de la riqueza y los ingresos no será capaz de controlar las transmisiones patrimoniales, promoviendo una suerte de “heredocracia”. 5) Un país en que la riqueza, y especialmente la riqueza heredada, será muy relevante económicamente será también un país en el que los ricos tendrán un alto grado de influencia en la economía, la política y la esfera sociocultural. Esto dará pie al desencanto y el desagrado social. 6) El siglo XX vivió una tasa muy alta de crecimiento económico, gracias a las fuerzas liberadas por la segunda Revolución Industrial que describió Robert Gordon y también debido a la convergencia entre estados Unidos y el resto de economías del Norte. Pero ese mismo siglo XX, vivió también guerras, revoluciones, caos…. así como la adopción de sistemas fiscales progresivos. Todos estos factores redujeron la tasa de acumulación, curvando a la baja la desigualdad. Pero todas esas fuerzas ya no están en funcionamiento y, por tanto, el siglo XXI supone una situación distinta. 7) Poco a poco, los puntos 1 a 5 se van cumpliendo y es probable que este relato acabe reflejando la realidad. Si así ocurre, el resultado será una sociedad desencantada, como veremos dentro de medio siglo.

Piketty no solo marca la economía sino también la sociología, la historia, las ciencias políticas, etc. El miedo de Piketty no es otro que aquel donde los propietarios vuelvan a pensar y actuar como antaño, aliándose para blindar su patrimonio y proteger sus rentas a toda costa: en ese caso, siendo ese el panorama del mundo desarrollado, esto cebará la riqueza de las clases dirigentes, lo que llevará a una plutocracia donde las rentas del capital se asegurarán de que sus retornos siguen siendo altos. Paul Krugman alerta de los lazos entre desigualdad económica, política y sociología, viéndolos hoy más fuertes que nunca: “Las élites económicas de los Estados Unidos deben su privilegiada posición social a las rentas del trabajo y no a las del capital, pero la retórica de los economistas conservadores ya no está en esa tesis, sino que enfatiza y celebra abiertamente la riqueza generada del capital. Y parece que una parte sustancial de nuestra clase política está trabajando activamente para restaurar el viejo capitalismo patrimonial del que nos alerta Piketty”.

Cinco son las premisas centrales de las que parte el texto: 1) Tras la segunda guerra mundial, la Era Socialdemócrata que atravesaron los países industrializados entre 1945 y 1980 consolidó un paradigma razonablemente igualitario, al menos para los hombres blancos nativos. 2) Esa Era Socialdemocráta fue una anomalía histórica. El auge del Estado de Bienestar, según Piketty, en este periodo es precisamente la consecuencia del poder decreciente de las élites plutocráticas. 3) Antes de la Era Socialdemócrata, en lo que Europa llamó “Belle Epoque” y Estados Unidos denominó “Edad Dorada”, el poder de las grandes fortunas para marcar el rumbo político y económico era más que notable. En dicha época, los diferenciales de ingresos y de patrimonio alcanzaban niveles extremos. 4) Hoy es una época de transición. La concentración de riqueza ha vuelto a subir a niveles que no se daban desde comienzos del siglo XX: el grueso de las rentas percibidas por el uno por ciento más rico viene del trabajo, no del capital; la desigualdad generada por las rentas del capital sube desde el año 2000 mientras que la desigualdad de las rentas del trabajo se mantiene constante. 5) Nos encaminamos a una Segunda Edad Dorada: la capacidad de las grandes fortunas marcarán la dirección política, determinar la estructura económica volverá a alcanzar niveles extremos, nuevas brechas aparecerán en sanidad y educación, lo que impediría la convergencia en el bienestar de grupos y personas.

Alienación del poder y recursos económicos, declive del estado de bienestar, reequilibrio del reparto de recursos… todo está en Piketty, profeta del desastre de la desigualdad, gurú de la capacidad colectiva para marcar el rumbo del futuro.

Diego Medrano

Escritor

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