Conocemos a los pioneros de esta técnica en España.
A tan solo 10 minutos en coche de Mahón, escondida entre una frondosa vegetación con pinceladas amarillas de preciosas mariposas que revolotean con gracia posándose delicadamente sobre las verdes hojas de los frondosos árboles se encuentra una preciosa casa blanca que parece sacada de un cuento.
Lucas y Lola han conseguido mantener el encanto de la construcción original de piedra maciza dándole ese toque boho decó que está tan de moda ahora. Minimalismo, líneas puras, mucho blanco y pocos muebles de madera. Todo en su justa medida, cuidando hasta el más mínimo detalle… y unas vistas espectaculares desde cada ángulo de la casa. El entorno es idílico y se respira paz y un olor fresco que relaja el cuerpo y la mente de manera espontánea.
Nemo y Dori nos reciben cariñosamente acercando sus cabezas pidiendo una caricia en sus crines. Les falta hablar. Más que caballos parecen perros ya que se comportan de forma completamente domesticada. Entran en la casa, deambulan a sus anchas, y son muy discretos y silenciosos. Apenas se nota que están ahí. A pesar de su reducido tamaño, (son caballos en miniatura) son muy compactos y pesan unos 80 kilos pero se mueven delicadamente con una pasmosa agilidad como si estuvieran en su casa y es que lo están. Por las noches duermen en sus cuadras pero de día merodean libremente por el jardín y por la casa y si la puerta está cerrada saben llamar golpeando con sus cascos como si fueran personas. Lola nos cuenta riéndose una anécdota con una gran sonrisa en su rostro, “estamos haciendo obras y el otro día llamaron a la puerta. Fui corriendo a abrir pensando que era el electricista, y al abrir me encontré a Dori que quería una manzana”. Lola no puede contener una carcajada y es que adora a sus caballos. Y a sus tres perros, y a su gato negro. Son una gran familia.
Lucas y Lola han sido pioneros en España al traer estos caballos miniatura para uso terapéutico sobretodo para niños y adultos con autismo. El tratamiento empieza en la consulta que Lola tiene en una sala anexa a su casa y con las mismas líneas y estilo minimalista. Amplios ventanales, espacios limpios, un pupitre de anticuario y a fuera, al lado de un gran ventanal el sofá de los caballos. Donde se tumban y empiezan la terapia. Nemo y Dori saben cuando están trabajando y se lo toman muy en serio. Se dejan acariciar, pasear y ayudan a transmitir paz y sosiego a sus pacientes. Lola adora su trabajo y es una mente inquieta. No para. Sigue investigando sobre el autismo y ya va por su segunda tesis doctoral. Es una crack. Una privilegiada que ama lo que hace y se nota. Lola se entusiasma al hablar de cómo Dori y Nemo han ayudado a muchas personas y al hacerlo le brillan los ojos. Lucas, su gran apoyo y compañero, la complementa a la perfección. Juntos han hecho realidad su sueño, una labor difícil de describir ya que las palabras se quedan cortas al presenciar un trabajo de tal magnitud. No quieren publicidad, no necesitan demostrar nada a nadie, tan sólo demostrarse a sí mismos que querer es poder y que muchas personas con autismo tienen tratamiento. En este caso sobran las palabras.
* Los protagonistas del reportaje no quieren publicidad y prefieren mantenerse en el más estricto anonimato. Los nombres son ficticios pero el artículo es un fiel reflejo de la increíble labor que realizan.