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El sol redime la tristeza de los pobres

Diego Medrano
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diegomedranotelefonicanet /12/12/23
martes 14 de agosto de 2018, 20:14h

Entre las mentiras completas, las medias verdades y las medias mentiras casi verdades del CIS al inicio de este verano de lasitud y olas que no vuelven, entre castillos de arena y palas de plástico, destacaba una por encima de las demás: la mayor preocupación de los españoles son el paro y la corrupción. Me lo creo, mucho más que su segundo axioma, que Pedro Sánchez ganaría hoy unas elecciones con amplia holgura. Respecto a lo primero, el Gobierno inicia lo ya sabido, la compra de votos por bolsas o sectores sociales, y así el Ministerio de Trabajo ya ha dicho lo que cuesta ampliar la cobertura frente al desempleo entre los parados de mayor edad: 200 millones. A esto se une una reforma de último recurso para desempleados sin ingresos y situar la edad mínima de acceso al subsidio en los 52 años, con una ampliación añadida de su base de cotización.

Otro fantasma galopa por las bocas de los menos afortunados, por las hambrunas con guadaña, por los ojos cercados por el pozo de las ojeras insalubres: la Iniciativa Legislativa Popular, por parte de UGT y CCOO con respecto a la Renta Básica. Todos los parados sin ingresos tendrán una renta básica de 430 euros. La ministra Magdalena Valerio espera el informe de la Autoridad Fiscal para conocer el coste exacto de la medida. Ya se avisa que la medida no va a suponer poco dinero: el primer análisis de Airef cifraba entre 6.000 y 15.000 millones el costo. Los sindicatos afinaban una cantidad entre 9.200 y 11.300 millones. Volvemos a ser ricos, estupendo.

La calle se llena de billetes, las monedas o calderilla para vicios, entre cuatrocientos y quinientos euros, alegrarán las caras largas y de pena de los más pobres, las presentes limosnas son santas y oportunas, todo espléndido, ¿pero tenemos o no dinero para semejantes dispendios? Me cuesta creerlo. La Unión Europea nos sigue mirando como el hermano pobre, siempre con problemas, siempre sin liquidez absoluta, pidiendo a la hermana mayor, ella misma, que solucione pufos y aventuras líricas de todo calado, ensoñaciones festivas, prospectivas lúbricas, hostias como pianos contra ese bicho llamado realidad que embiste de costado y al natural.

El Gobierno echa números y anuncia medidas electoralistas, para muchos imposibles. Las carteras de Hacienda y Trabajo tiemblan por debajo de los focos, de los flashes, de las luces diurnas y del colorín. Las carteras de Hacienda y Trabajo dependen de Presidencia y no es plan de llevarle la contraria al Jefe. Los doscientos millones en parados de mayor edad, a partir del 2019, crecerán cada ejercicio hasta alcanzar un techo de 700. No es ninguna broma, la fiesta se anuncia de las buenas, y hay un silencio de hielo bajo los micrófonos, la foto a toda página en el periódico y la mortaja del maquillaje frente al bosque de alcachofas en plena rueda de prensa.

¡Somos ricos! ¡Volvemos a ser ricos! Lo importante en la cadena lingüística (emisor, receptor, mensaje, código) vuelve a ser el mensaje, la seguridad del emisor, la ignorancia del receptor, y ese código, no exactamente en español, un poco en el lenguaje de los sueños, donde otro mundo es posible, siempre que me votes, donde te voy a ayudar todo lo posible, siempre que te subas a mi barca, aunque todo acabe en naufragio. “El sol redime la tristeza de los pobres”, decía Albert Camus, extranjero en Argel, pobre de larga duración, parado en la vida y con la imaginación siempre ocupada en el arte combinatoria de las mejores palabras en el mejor orden, mago del verbo al fondo de la cueva húmeda y picante, no tan diferente de la de ahora, de la precariedad heredada, asumida, rota.

Las limosnas con sol son otros panes. Parados, no parados, soñadores, poetas, vagos, maleantes, ricos… todos brindan por estos mágicos embelecos en mitad del desierto donde muchos, desde abajo, serán más felices. Las elucubraciones tienen forma de cheque, transferencia o cuadradito billete de lotería. El sol vence a la pena negra, honda, aún no extinta, a través de estos globos de colores que el gobierno de Pedro Sánchez suelta en la noche con destino a la Luna, Marte, Saturno, Júpiter, Urano, Neptuno… todavía más allá. He visto ya a algunos mendigos devolver en la calle justo lo que les daban, añadiendo un tanto al importe, para justo eso, volver mendigo al otro, exhibiendo sin fisuras su felicidad ajena y enajenada a presente alguno, a tiempo concreto cabal, a la mínima razón. A mí también me dan ganas de brindar, vivamos la fiesta, aunque su resaca segura nos destroce.

Diego Medrano

Escritor

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