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TRIBUNA

La mosca negra

Juan José Vijuesca
miércoles 22 de agosto de 2018, 20:08h
La mosca, uno de esos insectos que forman parte de nuestro álbum familiar desde que nacemos, no es un dechado de buenos principios. Nunca fue del agrado de propios y ajenos. Un bicho con suerte por aquello de tener alas, pero que no vuela más allá de su tormentosa existencia alrededor de quien le toca en gracia.

Hay moscas que se han entregado a la suerte de seguir dando por saco fieles a un juramento hipocrático que su especie les impone. Para mí que hay moscas de ideología y otras que van por libre. De manera que hay moscas de base y moscas compromisarias como si de una formación política se tratase.

La mosca común o muscidae cojonerus nunca piensa. Solo obedece al líder de su partido que es una especie de ser iluminado pero con sillón curul, guardaespaldas y asesores. Un auténtico vividor. A diferencia de otros insectos que interactúan sabedores de que están concebidos para avizorar, aguijar al contrario y salir por alas, las muscidae cojonerus actúan como su propio nombre indica hasta que la hostia común rompe el tratado de Berlín sobre la no violencia entre moscas y humanos.

Entonces, ¿Qué está ocurriendo con la muscidae cojonerus frente a otras especies de insectos alados? Pues muy sencillo. Mientras que otros linajes se han ido reinventando para acomodarse a los tiempos modernos, la mosca de toda la vida sigue siendo igual de primitiva que siempre. Visto lo visto el líder moscón no ha tenido más remedio que pactar con otras formaciones para seguir aferrado al poder. Ha hecho concesiones, y fruto de esta alianza la muscidae cojonerus ha dejado de ser lo que era. Ahora la que manda en el país es la mosca negra.

El nuevo consorcio que en estos momentos coloniza España es muy agresivo, su mordisco es horrible. Los expertos creen que su dolorosa picadura será cada vez más habitual por todo el país. Nada que ver con la cansina muscidae cojonerus, que miren ustedes por donde una vez más tendremos que hacer valer aquello de: “Más vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer” Si hubiera que definir a la mosca negra ésta sería lo más parecido a la piraña voladora.

Como suele ser habitual entre algunos humanos con cierto poder de decisión a la cosa se le resta importancia, es más, el Ayuntamiento de Madrid ha estado negando la llegada de la mosca negra al estilo de Zapatero cuando hacía lo propio con lo de la famosa crisis. Lo cierto es que estos simúlidos han venido para quedarse y hacer de las suyas. Las picaduras son de un tamaño y dolor exagerados.

Fíjense ustedes que sin guardar una realidad paralela, esta invasión de parásitos se me antoja parecida a la trama de La araña negra, famosa obra de Blasco Ibañez. Pues eso, que aquí entre la nueva especie invasora se está tejiendo una breña que al final hasta los bichos acabarán con nosotros.

Lo peor de todo esto no es que una mosca nos vaya a estropear la estancia en un chiringuito playero, es que su caza en público está prohibida por la Asociación Internacional de Amigos de la Mosca (AIAM) Recuerdo como en un restaurante de Algarrobo Costa, famoso por sus espetos de sardinas y otras ambrosías de la bahía malagueña, uno de los comensales recriminó a una mosca su odiosa costumbre de inmiscuirse en tan placentera degustación. El insecto lejos de renunciar a su repugnante erre que erre, se posó en lomos de una plateada sardina. Aquello rompió el armisticio. El integrante de la mesa lanzó el puño con tanta mala leche que la mosca fue objeto de un severo masaje cardiaco. –Señor, lo que acabo de presenciar es denunciable –dijo un comensal póximo. –¿Lo dice usted por la sardina o tal vez por la mosca? –respondió el infrascrito de la acción.

(Dedicado a cierta clase política muscidae cojonerus y a ciertos animalistas coñazos).
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