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Grecia, Venezuela: la austeridad es la clave

Diego Medrano
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diegomedranotelefonicanet /12/12/23
jueves 23 de agosto de 2018, 19:57h
Grecia sale del taller de la Comisión Europea, Bruselas da por cerrada la crisis en la eurozona con el fin del rescate a Grecia, también tiene memoria y no se olvida de los rescates a Irlanda, Portugal, Chipre y la banca española. Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, escribía estos días un twitter significativo al respecto: “¡Lo conseguisteis! Felicidades a Grecia y a sus ciudadanos por finalizar el programa de asistencia financiera. Con grandes esfuerzos y solidaridad europea, habéis aprovechado la ocasión”. Muchos analistas niegan esta versión edulcorada y hablan de castigo. Paul De Grauwe, economista belga y profesor de la London School of Economics, crítico de la gestión europea contestó a Tusk sin reservas en la mentada red social: “Querido Donald: por favor, no uses la palabra solidaridad. No ha habido ninguna solidaridad europea; solo el deseo de castigar a los griegos por sus errores”. Grecia sale del hoyo pero Europa le pide austeridad.

En España parecemos no conocer esa palabra: todas las miras están puestas en casi su antónimo, el consabido techo de gasto. Atenas recupera las riendas de su política económica pero arrastra una deuda de casi el 180 % del PIB. La troika sigue vigilando, mira con lupa la situación fiscal holgada y las reformas que no se reviertan. Un tercio de la población tiene el nivel más alto de pobreza tras Rumania y Bulgaria, según Eurostat. Préstamos, morosidad, cuchillo y más cuchillo ha destrozado la paz de mil y un hogares sin posibilidades de recuperación. Ocho años de sacrificios y una losa imposible de levantar que pesa y pesará sobre los más jóvenes. Moscovici ha sido tajante: “No es la austeridad la que ha causado la crisis, es la crisis la que ha impuesto medidas rigurosas”. Oxford habla de que la única salida es una quita de la deuda: si surge una crisis todo puede explotar por los aires. Syriza se compromete a cumplir con un superávit primario (previo al pago de intereses) del 3,5 del PIB hasta 2022, y superior al 2% hasta el 2060.

Vemos la desgracia griega y pensamos que no va con nosotros. ¿Puede pasarnos lo mismo? Miremos para otro lado. Venezuela le quita cinco ceros a la moneda y dicen que tan contentos, que no pasa nada. Los cajeros empiezan a dispensar billetes de 2, 5 y 10, aunque el mayor de todos ellos no da para pagar un café. Los más atrevidos dicen que los precios son como si estuvieran en Europa, porque no podía ocurrir que un desayuno costase 3.800.000 bolívares. El cambio de la canasta monetaria, lo sabe todo el mundo, es un mero maquillaje, disfraz, es inútil eliminar ceros al valor nominal de la moneda sin más reformas o ajustes. La hiperinflación responde a decisiones fiscales y monetarias que no se han tomado en la magnitud debida. El anuncio del aumento salarial de Maduro acabará en un alza de los precios. No se pueden pagar servicios o productos porque la moneda que ahora tiene la menor denominación sobrepasa el coste de los billetes de transporte o gasolina. Grecia vive en una austeridad real, Venezuela agoniza con la soga al cuello de una austeridad imaginada.

¿Y nosotros? ¿Puede pasarnos lo mismo? La Unión Europea dice dos cositas muy guapas: una, que ya no crecemos al tres por ciento, y dos, que estamos empezando a gastar más de lo que debemos. Los catalanes, en intimidad, no aprueban el techo de gasto de Sánchez (PDeCAT, ERC) y solo los vascos (PNV) parece que están por seguir de cómplices. La intención es mantener el medio punto más de déficit pactado con Bruselas para el año próximo. Podemos, socio prioritario para alcanzar la mayoría en el Congreso, habla de abstención, habla de sintonizarse y habla de lo más gordo, dejar atrás la austeridad. A doble espacio y con buena letra han redactado 17 medidas para apoyar al PSOE, o no firman, o no votan, o rompen ya la baraja. Podemos pide modificar la Ley de Estabilidad Presupuestaria, renegociar con Bruselas en 1.8 % para el 2019 y subir los impuestos a grandes fortunas, banca y a todo aquel que gane más de 60.000 euros. Olé.

En mi modesta opinión, las medidas sociales son el auténtico aprovechamiento de votos por parte del Ejecutivo, pero dudo mucho que se tengan los fondos para llevar a término la mitad de las mismas. Pensiones, paro, renta básica universal, salario mínimo interprofesional, prestaciones por desempleo… el galimatías es tremendo. Medidas populares, sí, pero ni las carteras de Hacienda ni Trabajo saben de dónde puede salir el monto. Los grandes bancos, las grandes fortunas, los ricachones, sí, tienen ya el plan B en mente, que no es otro que el que todo el mundo sabe, irse. Sede social en Londres o París, como el Santander, y a correr. El votante de la izquierda quiere la mitad de lo que se le ha prometido, de lo contrario la fuga de votos será inminente, en la hoguera superlativa de las elecciones inaplazables, como mucho al final de la legislatura. ¿Estamos tan lejos de Venezuela y Grecia? Por afuera, sí, por dentro, y por más que me fijo, no veo austeridad en ninguna parte. Todo es altavoz, propaganda, flatus vocis cada vez más cercana a la fanfarronada. Tengo curiosidad por ver en qué acaba el milagro de los panes y los peces. El pueblo no se va a quedar callado.

Diego Medrano

Escritor

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