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TRIBUNA

Editorial visor: de cómo un señor totalitario hace de la poesía su propio servicio de espionaje

domingo 09 de septiembre de 2018, 19:59h
Actualizado el: 09/09/2018 20:14h

No soy el único que últimamente está lanzando una petición de desarme nuclear ante un hecho que durante excesivas décadas ha ocasionado y lo sigue haciendo todo un servicio de inteligencia al servicio del poder en relación con la proliferación de armamento nuclear como es el encargado de conducir con hocico de mal perro el organigrama de la poesía contemporánea de esta España tan dada a la compra y venta de todos los boletos de los hipódromos a caballo ganador. Me estoy refiriendo -y creo que ya es hora que vayamos poniendo nombre y apellidos a todos aquellos que durante tanto tiempo ya se han puesto al servicio del colaboracionismo de esta Vichí que es Madrid y por su extensión España- de esta suerte de invasión de un hitlerismo literario desde hace tiempo ha ido enviando a los gulags a todas aquellos disidentes o partisanos defensores de lo que debe representar la democracia entendida como acceso a la libertad y a la solidaridad entre las distintas topografías esparcidas a lo largo de este toronjil que es el mundo de la poesía como herramienta de diversificación y renovación de la poesía española. Chus Visor ha ido creando, con la mirada hacia otra parte de las instituciones políticas, una suerte de Wafen-SS vigilantes de la realimentación de las conciencias hacia la unidad de un objetivo totalitario.

Sí, escribo aquí el nombre y el apellido, Chus Visor, este Heinrich Himmler de la editorial más corrupta que existe en este nuevo nacional-socialismo que es la España construida en relación al clientelismo, el comercialismo, el negocio petrolífero y hasta un economicismo que tiene en la poesía la causa de este calentamiento global de la España de los yugos y las flechas tornasolado en torno al bajo palio de un nuevo Generalísimo.

No seré yo el que dé por noticia ajustada a derecho que este señorito hacedor de este nuevo club del hachís que ha sido e -insisto- sigue siendo el control de las distintas generaciones como ampulosas organizaciones que tienen más de mafias que de realidad aclimatada y ordenada en justicia y derecho. El control de poder que ha diseñado Chus Visor desde que, con aplausos de los primeros cócteles inaugurales, inició la confección de una editorial como Visor que en su primer contraataque fue lanzada por el servicio de propaganda como la hacedora de la nueva poesía española está llegando a su fin. Porque la nobleza acaba en villanía cuando los terratenientes conforman su feudo y aplican la donación de la limosna o el desarraigo de estos grandes labradores que, con paciencia, azadas y escarbando las metáforas de las patatas, han sido desalojados de esta quinta para sordos que siempre ha sido la editorial Visor.

No habló desde la ira ni mucho menos desde la crítica como forma de desprender la vinagrera con tal de agriar esta felicidad más propia de la noche de los cuchillos largos que de la vindicación de lo que yo mismo éticamente entiendo como vigor de justicia, de virtud, de honradez o de aquella gaya ciencia de la que nos habló Nietzsche. Chus Visor ha hecho de la poesía española su nueva unificación de los antiguos reinos de Castilla y Aragón, convirtiéndose de este modo en aquella ramera cristiana que fue Isabel la Católica, causante de la deportación del gran acerbo cultural de un tiempo en que se reinó desde la fe, la vagina hacedora de nuestra propia raza aria y la castración del verdadero Estado. Chus Visor ha impedido la integración de distintos estilos, renovadas casas encendidas, versos escritos desde el infierno o desde el semen de los querubines, un nuevo proceso cultural e histórica como forma de disidencia pacífica.

Chus Visor es un prolongador de aquella División Azul de Serrano Suñer que ha querido forjar durante estos últimos tiempos de la realidad poética española una suerte de pensamiento único semejante al de los economistas norteamericanos a los que les dan los premio Nobel y cuya lista es tan vergonzosa como aquel final de la historia del que nos habló Francis Fukuyama. Chus Visor es un nuevo Goebbels que, en su estatus de jefe de propaganda, ha ido consagrándose con el paso de los años en la gestación de sus gustos personales, de su propia organización de esta suerte de Gestapo literaria hasta crear este emporio tan abyecto y que a mí personalmente me causa indignación e impotencia al darme cuenta que también la poesía española ha tenido su propio campo de concentración y no exagero si me atrevo a decir que su disimulado holocausto contra la disidencia o las nuevas generaciones de poetas que quisieron penetrar en la editorial Visor y no se les permitió. Chus Visor sigue siendo este señorito del capital que viste como vagabundo organizador de las orgías nacionales extendidas por entre los mismos salones de opio de siempre y por este amiguismo de tolvanera que más parece a un club de jubilados que a la apertura de los nuevos estilos, la nueva juventud, otras cárceles de amor en relación con otra forma de entender la modernidad y la evolución de nuestra ultimísima poesía.

Chus Visor tiene algo de Sinatra o de Mao Zedong, esa mezcla cachonda y rozando el intelecto subnormal a la hora de realizar sus propios crímenes a partir de su megalomanía y de su enferma pasión neuronal a la hora de querer gestar su propio imperio. De todos es conocido que los premios de poesía que se esparcen -por cierto, desde la más volcánica hipocresía a la hora de registrar a los jurados- a nivel nacional con el sello de la editorial Visor son un casino en donde se siempre gana la banca. Los premios de la editorial Visor son la más clara muestra de cómo durante años se ha ido gaseando lentamente a los otros, a los que no entran en las vomitivas apetencias de estos inspectores de hacienda que son los que rodean, entre risas, cenas, maletines de dinero y otra formas de contrabando, los distintos jurados que en vez de ser imparciales y realizar el apropiado revisionismo se aferran a su totalitarismo y a la apropiación de por dónde deben ir las nacientes generaciones de la poesía patria. Los premios que controla la editorial Visor es un tardofranquismo que sigue robando, desde esta corrupción de la opulencia, las cuentas bancarias, y el lesbianismo de las monjas que en nombre de Dios -Chus Visor- se van chupando los clítoris, los bebés de las nuevas generaciones de unos poetas -sobre todo féminas- que quieren ser dueños y hacedores de su propia travesía por el cambio cultural y políticos de los Treinta Tiranos. Sócrates se quitó la vida al darse cuenta que su existencia no tenía sentido a la hora de enfrentarse a las leyes atenienses travestidas de oligarquía y ambición de poder. La ambición de poder de Chus Visor algunos creemos que debe ser conocida por todo el mundo literario, creativo y cultural de este país. Algunos estamos hartos de que este señorito de las juventudes hitlerianas siga realizando algunas declaraciones contra la mala calidad de la poesía trenzada con inmensa belleza y a la busca de esa búsqueda de escapar del gulag al que me estoy refiriendo de las mujeres de este país que escriben versos. Chus Visor no es que sea un antifeminista, sino que seguramente -por su nada agradable apariencia física, que siempre es castigo de Dios- no fornica lo que debería o no entiende el amor como un pronunciamiento pontificio entre la libertad sexual de lo femenino y el reencuentro con esta Beatrice que todos de alguna manera seguimos buscando en el Paraíso de Dante.

En este país, en estos momentos, son las mujeres las que están imponiendo la nueva Florencia necesaria para acabar con esta cueva de ladrones que son los poetas que giran en torno a la editorial Visor cuya caída y descolonización yo presiento ya muy cercana y necesaria. Todo imperio termina cuando a los viejos se les vienen encima los muros de la patria mía. Y es que a lo largo de la historia todo tipo de corrupción es denunciada por los que durante tiempo han estado calentándose los cojones con el fuego de las montañas esperando la caída de estas élites que como castas hindúes algunas pensaron incluso que eran intocables.

Es mejor que Chus Visor cierre el chiringuito y que se retire a su villa edificada durante su largo zarismo, porque aquí estamos ya unos cuantos que vamos a seguir denunciando este intento de controlar el marchamo de la actualísima poesía española con su servicio de espionaje ya tan chabacano y zorrón que sólo merece el desprecio de los que creemos que antes que una ideología está la dignidad con uno mismo, la libertad como venero de la vida o el perfume que distrae la verdadera noche oscura del alma.

Una editorial de poesía no debería ser la walkiria de la música wagneriana que sigue sonando en todos los consejos de administración de las multinacionales de la nueva economía. Se acabó el oro del Rhin. Es el momento de escribir todavía mejor los versos como sátira al ojo del culo de este nuevo exilio en la Torre de Pere Abad, donde Quevedo fue el que realizó el primer canal porno para la euforia de los nuevos públicos de España. Algunos ya hemos empezado a comprar vibradores con dibujitos de la Pantera Rosa. Ya nadie se cree el cuento de los tres cerditos.

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