La comparecencia de Aznar en el Congreso ha servido para demostrar dos cosas: la inutilidad de las Comisiones de Investigación y la estrategia que debe aplicar el PP ante los continuos ataques de los ultracomunistas de Podemos y de los golpistas catalanes.
Las múltiples Comisiones de Investigación que se han celebrado solo han servido para que los políticos más radicales insulten hasta la calumnia a dirigentes del entorno del PP. Jamás se han dedicado a investigar caso alguno y se desconocen sus conclusiones. Eso sí, todos los diputados presentes cobran suculentas dietas. No es más que un escenario para que algunos políticos interpreten sus cansinas obras de teatro. Este lunes, se trataba de “investigar” la financiación del PP, pero las preguntas de Rufián e Iglesias trataron de la guerra de Irak, de la boda de la hija del expresidente y hasta de la guerra civil.
Por lo general, el compareciente aguanta como puede el chaparrón de insultos y se va por donde ha venido. No ha sido el caso de Aznar. El expresidente del Gobierno sabía lo que le esperaba y no defraudó. A cada ataque de Rufián o Iglesias respondió con un contraataque. Al diputado de ERC le llamó golpista e histriónico y al líder de Podemos le retrató como el gran peligro de la democracia y las libertades. De paso, para alterar más a sus oponentes, declaró sin pestañear que no existía una caja B en el PP.
Rufián e Iglesias se fueron con el rabo entre las piernas. La Comisión de Investigación, como suele, nada investigó. Pero los dirigtes del nuevo PP ya saben que para responder a los radicales que pueblan el Hemiciclo no valen paños calientes, ni citas de Quevedo como hacía Rajoy. Porque ni los totalitarios de Podemos ni los golpistas catalanes pueden dar lecciones de democracia.