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TRIBUNA

Para que vuestros hijos sean mejores

viernes 19 de octubre de 2018, 20:29h

Schopenhauer afirmaba que los sucesos de nuestra vida, por aciagos que fueran, eran obra de nuestra voluntad. Tesis menos probada que discutida, aunque encierra su verdad, ya que todo hombre es, de alguna manera, artífice de su destino. Famosamente Oscar Wilde se vanagloriaba de sus provocadoras actitudes y llegó a decir que “su talento estaba en sus obras y su genio en su vida”. Lo cierto es que quizá su vida interesa más que sus obras, pues muy pocos han leído el poema la “Balada de la cárcel de Reading”, que abarca menos de cuatro páginas y es probable que muchos no hayan dejado de leer las revelaciones de Harris, su íntimo amigo, que se extienden a lo largo de más de cuatrocientas.

Definitivamente estudioso, con ideales humanistas y militante al servicio de sus principios, la vida de don Ramiro de Maetzu fue intensa y conmovedora; su final fue dramático. Nació en Vitoria, un pueblo del país vasco, el 4 de mayo de 1874 y fue fusilado en Aravaca, en plena Guerra Civil, el 29 de octubre de 1936. Borges y sus padres, que lo trataron asiduamente cuando fue Embajador de España en la Argentina. Han dejado testimonio de este escritor y patriota español, víctima de la violencia demencial que azotó a la península. Don Ramiro fue, además, una figura destacada de la generación del 98.

Si recorremos su pasado, nos encontramos que en 1905 fue enviado como corresponsal al Reino Unido, donde se codeó íntima e ideológicamente con la Sociedad Fabiana, encabezada por Bernard Shaw, el esteta William Morris, la anarquista Charlotte Wilson, la feminista Emmeline Pankhurst y el escritor H. G. Wells. De regreso a su patria, migró luego a posiciones conservadoras y estuvo destinado durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera a representar diplomáticamente a España en la Argentina. Así fue como pisó estas orillas del Río de la Plata.

Creo no exagerar si afirmo que Ramiro de Maetzu fue uno de los principales impulsores del concepto de “Hispanidad”, con el que coincidía y discrepaba Borges a un tiempo. Convencido de sus ideas, don Ramiro se destacó durante la Segunda República como la principal figura de la sociedad cultural en la revista Acción Española, de cuño monárquico, que llegó a dirigir. Como ensayista, sus libros más conocidos son Hacia otra España (1899), La crisis del humanismo (1920), Defensa de la Hispanidad (1934) y Defensa del Espíritu (póstumo). Era hermano de la educadora María de Maetzu, que vivió entre nosotros y murió en la ciudad balnearia de Mar del Plata.

Curiosamente Ramiro de Maetzu fue amigo de la familia Borges; digo curiosamente porque el doctor Jorge Guillermo Borges y su hijo Jorge Luis fueron primeros partidarios de la Revolución Bolchevique y luego confesos anarquistas spencerianos, que, sin duda, chocaba con el conservadurismo del español, definitivamente monárquico. “Mi padre lo conoció en Madrid y cuando Maetzu fue embajador en la Argentina nos invitó a cenar en la residencia -recordaba Borges-. Mi padre era anarquista, don Ramiro monárquico, pero coincidían en lo literario y evitaban hablar de temas políticos. Con mi madre conocimos después a través de Victoria Ocampo, a su hermana, la encantadora María, que fue una gran educadora y muy amiga de mi hermana Norah.”

Entre los ensayos de carácter literario, que Borges destacaba de Maetzu, cabe mencionar Don Quijote, don Juan y la Celestina (1926), una meditación acerca de Don Quijote como héroe de una España decadente, en tanto que Don Juan como vacío espiritual y la Celestina como degradación; También destacaba La brevedad de la vida en la poesía lírica española, pronunciado como discurso de ingreso en la Real Academia Española. Esos dos volúmenes eran conservados por Borges en su primera edición con una especial dedicatoria. Aunque Maeztu escribió aisladamente poesía, han sobrevivido sus emotivos versos, algunos cuentos, una novela (La guerra del Transvaal) y una obra de teatro inédita, titulada El sindicato de las esmeraldas; pero su tarea fue básicamente la de un periodista que pone su prosa al servicio de sus ideas políticas. También algunos de sus artículos fueron recogidos en libros, aunque no todos.

Formado inicialmente por el llamado Grupo de los Tres, que lo componían Baroja, Azorín y él mismo, Ramiro de Maeztu estuvo entre los integrantes más significativos a los que se incorporaron después Ángel Ganivet, Miguel de Unamuno, Enrique de Mesa, Antonio Machado, Ramón María del Valle-Inclán y el filólogo Ramón Menéndez Pidal. Como sus compañeros de ruta, toda la gente del 98 dejó escritas páginas inolvidables por su belleza, su profundidad e intensidad. Esos nombres citados iban a ejercer una gran influencia en nuestra cultura contemporánea. Sin embargo, uno los lee y no deja de advertir una laguna enorme, a veces contradictoria, de ese mundo confuso que fue el primer tercio del siglo XX, con revoluciones de ambición planetaria, cambios brutales en las formas de vida, guerras mundiales y genocidios en masa.

Se dice que los integrantes del 98 vivieron como de espaldas a todo eso, encerrados en una temática hispanica irremediablemente limitada. Sólo un autor de esa generación vislumbró con claridad lo que estaba pasando: el hundimiento de las formas políticas decimonónicas, la explosión de la técnica, la universalización del dinero, el surgimiento de la figura del trabajador. Ese visionario fue Ramiro de Maeztu. Sin duda, el más lúcido aunque no el menos protagonista.

Al producirse la caída de Primo de Rivera, nuestro escritor renunció a su cargo de Embajador en la Argentina y regresó a España. Se movió entonces en la órbita de la Unión Monárquica Nacional, construida sobre los restos de la Unión Patriótica.​ Por entonces conoció al joven integrista Eugenio Vegas Latapie; y ambos, con la participación del marqués de Quintanar, proyectaron la creación de una sociedad cultural y una revista de pensamiento que acabó llamándose Acción Española (aunque Maeztu propuso en principio denominarla Hispanidad). La sociedad se creó en octubre de 1931 -tras la proclamación de la Segunda República Española- y el primer número de la revista apareció en diciembre de 1931. En la nueva organización, Maeztu adquirió de inmediato “un claro perfil de líder espiritual”.​ En su artículo inaugural, imaginó a España como un árbol, que hunde sus raíces en la tierra (en la tradición), pero se encuentra sofocada por la hiedra; es decir, por las influyentes ideas progresistas, ajenas a la savia vivificadora de la historia, e incapaz, por consiguiente, de “regenerar la nación”.​ Ese artículo de presentación de la revista le valdría el Premio Luca de Tena otorgado por el diario ABC. Desde el número 28 de la revista Acción Española, Maeztu figuró formalmente como su director, y lo fue hasta el último número, el de junio de 1936.

En 1932 ingresó como miembro de número en la Academia de Ciencias Morales y Políticas con la lectura de su ensayo “El arte y la moral”.​ En esta última fase de su accionar, Maetzu intensifica la relación con el viejo tronco de pensamiento español (Donoso Cortés, Menéndez Pelayo, Enrique Gil Robles y Juan Vázquez de Mella, entre otros), para trazar un perfil esquemático del tradicionalismo político contemporáneo, al tiempo que mantiene afinidades con los teóricos del “integralismo lusitano”. Este ideario decididamente en pro de la civilización hispánica y católica, Maetzu lo desarrolla en sus artículos publicados en Acción Española (que luego serán incorporados a su libro Defensa de la Hispanidad, que se convirtió en su obra más influyente y en magistral exponente de su pensamiento. Su doctrina de la Hispanidad, un mundo espiritual que uniría a España y a sus antiguas colonias por medio del idioma español y la religión católica, constituyó luego una de las herramientas ideológicas de la derecha antirrepublicana y el franquismo.​

Don Ramiro terminó militando en Renovación Española, partido político significado por su oposición frontal al régimen de la República, en cuyas filas fue elegido diputado en las Cortes por Guipúzcoa en las elecciones de noviembre de 1933. Tras la huelga revolucionaria de octubre de 1934 exacerbó todavía más su posición política en contra de la República. Hacia mediados de 1935 leyó su discurso puramente literario de ingreso en la Academia Española, titulado La brevedad de la vida en nuestra poesía lírica.

Las noticias del estallido de la sublevación militar en Marruecos, que daría origen a la Guerra Civil, lo sorprendieron en la redacción de la revista Acción Española, junto a su joven discípulo José Luis Vázquez Dodero y al escritor Ernesto Giménez Caballero.​ Se refugió en la casa del primero, donde sería detenido por un grupo de milicianos republicanos el 31 de julio de 1936.​ Prisionero en la cárcel de Ventas, don Ramiro de Metzu fue fusilado, sin juicio previo. Sus últimas palabras, se ha dicho, fueron:

Vosotros no sabéis por qué me matáis, pero yo sí sé por lo que muero -y agregó con valentía y convicción-: ¡Para que vuestros hijos sean mejores que vosotros!

Sin duda, es justo culpar al fanatismo político por el asesinato de este gran literato y hombre de acción, que se despidió de este mundo con temple y osadía. Al releer sus lúcidos textos nadie puede dudar en considerarlo como un enorme escritor. Su violenta muerte corporal no fue su muerte; pues su presencia literaria (atormentada, discutida, locuaz, a veces intolerable), sigue ejemplificando un ideal y acaso siga vigente en nuestro tiempo, que poco ha conseguido resolver de la antigua disputa.

Roberto Alifano

Escritor y periodista

ROBERTO ALIFANO es escritor y periodista argentino, autor de algunos libros de poemas, de relatos y ensayos.

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