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ORIENT EXPRESS

El voto taurino

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 09 de diciembre de 2018, 19:03h

Los resultados electorales de la semana pasada en Andalucía abren la puerta a muchas reflexiones. Una de ellas es la importancia del voto de los taurinos.

Azotados por la corrección política y el prohibicionismo, despreciados por el sentimentalismo llorón y olvidados por muchos políticos acomplejados, los taurinos andaluces han irrumpido en las elecciones para mostrar la importancia que el toro tiene en pueblos y comarcas de Andalucía.

A pesar de la propaganda antitaurina, los datos de la fiesta muestran que, año tras año, las plazas se llenan y se celebran festejos de éxito entre el público y la crítica. La plataforma La Economía del Toro da datos muy interesantes relativos a las Plazas de Primera y Segunda Categoría: “Este 2018, el circuito primero vendió 1,8 millones de entradas, de acuerdo con cifras facilitadas por las empresas gestoras a esta plataforma y con estimaciones de público realizadas en aquellos recintos para los que no se comunicaron datos de forma oficial. En el circuito segundo, el número de asistentes se situó en el entorno de 2,8 millones de espectadores. Hablamos, pues, de un mercado que suma 4,6 millones de asistentes”.

Por supuesto, son los aficionados y los profesionales quienes mantienen viva con mayor decisión la llama de la tauromaquia en España. Escasean los políticos -tal vez la excepción sea el nivel local- con los arrestos necesarios para defender la Fiesta Nacional -basta este nombre para asustar a algunos- y darle el valor cultural, social y económico que en justicia le corresponde.

La afición a la tauromaquia y la preocupación por el prohibicionismo son transversales. El propio mundo del toro, históricamente, ha acogido entre sus filas a las derechas y las izquierdas, a monárquicos y republicanos, a tirios y a troyanos. Como corresponde a un festejo de caballeros, las diferencias políticas ceden ante el arte, el coraje y la bravura de la fiesta. Quede, pues, claro, que la fiesta pertenece a todos.

Ahora bien, los ataques contra la tauromaquia, el odio contra los toreros, las ofensivas para impedir los festejos taurinos han venido desde sectores que se han envuelto en la bandera de un pretendido progresismo para no revelar su verdadero rostro: el fanatismo prohibicionista y el miedo a la libertad. El último episodio han sido las desafortunadas declaraciones de Teresa Ribera, ministra de Transición Ecológica: “Me gustan los animales vivos y no soy muy partidaria ni de los toros ni de la caza. […] Desde el punto de vista personal tengo clara cuál es mi opción, y mi opción es disfrutar de los animales vivos y siempre me ha resultado muy llamativo que haya gente que disfrute de ver morir o ver sufrir animales. La verdad es que no lo entiendo”. Estas palabras contrastan con las del ministro de Cultura, José Guirao, que dijo, pese a no ser taurino, «respetar las tradiciones arraigadas, y la tauromaquia lo es».

Durante mucho tiempo, los taurinos asistíamos silenciosos a los intentos de acabar con la fiesta y a declaraciones como las de la ministra. Ahora, ese tiempo de silencio ha terminado y la voz de los taurinos ha empezado a resonar en el voto.

Por supuesto, no sólo se trata de la afición, sino del modo de vida y las tradiciones que la tauromaquia representa. Como advirtió el ganadero Victorino Martín, presidente de la Fundación Toro de Lidia, en noviembre de este año con motivo del I Congreso Hispano-Luso de Ganadería Extensiva, «esta nueva forma de vida que nos quieren imponer desde el mundo anglosajón significa destruir lo que somos, nuestra esencia». Allá por el 2013 y desde las páginas de ABC, Carlos Núñez, presidente de la Unión de Criadores de Toros de Lidia, ya advertía que “el toro de lidia es el perfecto guardián de la dehesa ibérica, pues su crianza se extiende por más de 500.000 hectáreas entre España y Portugal, y contribuye de forma extraordinaria a su conservación”. En efecto, un ecosistema como la dehesa hubiese desaparecido hace mucho tiempo de no haber sido por la cría del toro bravo.

Apenas una semana después de las elecciones andaluzas, el Partido Popular ha anunciado la presentación de una proposición no de ley para «defender, preservar y reconocer» la tauromaquia y la plaza de toros de Marbella será reformada y reabrirá sus puertas gracias a un pacto de gobierno entre el PP y un partido local.

Al final, va a resultar que el voto taurino cuenta.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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