Nuestra nación ha perdido la oportunidad del “brexit”, que hubiera facilitado la recuperación de la soberanía española sobre Gibraltar, ultima colonia en Europa. Pedro Sánchez ha lanzado las campanas al vuelo sobre el éxito de una negociación en la que no ha intervenido el Parlamento español. Con su singular verborrea, respaldado por el ministro de Exteriores, el presidente del Gobierno ha presentado como un éxito el nuevo acuerdo y la caída de la verja, cuando la realidad objetiva es que ha sido un fracaso que aleja indefinidamente la recuperación de la soberanía española sobre Gibraltar.
El exministro García Margallo, desde la moderación y el buen sentido, ha explicado muy bien la genuflexión de Pedro Sanches ante los intereses británicos. Tal vez la mejor prueba del error cometido es la satisfacción expresada por el ministro principal de la colonia, Fabián Picardo, y la estruendosa euforia de los gibraltareños.
Cuando el “brexit” les había conducido a una situación crítica, Pedro Sánchez, en busca de un puñado de votos en el campo de Gibraltar, lo ha echado todo a rodar. Eso si ha exigido a las televisiones afines y a los periodistas dóciles que celebrasen como éxito deslumbrante lo que ha sido un oscuro fracaso.
El objetivo de España en Gibraltar no puede ser otro que la recuperación de la soberanía. Pedro Sánchez la ha situado considerablemente más lejos, actuando de forma cínica e irresponsable.
Fue Julio Camba quien escribió que las tres cosas mejores que se podían lograr en el mundo eran: “ser Papa, ser Reina de Inglaterra, ser ciudadano de Gibraltar”. Pedro Sánchez ha confirmado con el mayor cinismo y el desmedido autoelogio, la maravilla de ser ciudadano de Gibraltar.